Cualquiera que abra un Mac hoy en día espera fiabilidad. Los programas se inician, los archivos están en su sitio, los procesos son familiares. Muchos han creado una forma de trabajar durante años -algunos durante décadas- que funciona. Sabes dónde hacer clic. Conoces tus herramientas. Y ahí es precisamente donde reside la tranquilidad. Pero desde hace algún tiempo se ha producido un cambio de fondo que va más allá de nuevos colores, nuevos iconos o nuevas opciones de menú. Por primera vez, una forma de inteligencia artificial se está moviendo no sólo como una aplicación individual, sino más cerca del corazón del propio sistema operativo. Donde se crean las rutinas diarias.
Al principio suena abstracto. Quizá incluso un poco futurista. Pero en el fondo se trata de algo muy realista: el ordenador debe entender mejor lo que se quiere decir. No sólo lo que se pulsa. Hasta ahora, mucha gente ha experimentado la IA fuera de su trabajo real. En ventanas de chat, en páginas web, como un experimento o un truco. Pruebas algo, te quedas maravillado, cierras la ventana y vuelves a tu vida cotidiana.