Cualquiera que navegue actualmente por portales de noticias, redes sociales o plataformas empresariales tendrá rápidamente la impresión de que la inteligencia artificial está cambiando todo el mundo laboral prácticamente de la noche a la mañana. Casi a diario aparecen nuevas herramientas, nuevos modelos lingüísticos y nuevas promesas. Se escriben textos automáticamente, se generan imágenes, se crean vídeos y a veces se preparan programas informáticos mediante la introducción de voz.
Para muchas empresas, esto crea una extraña mezcla de curiosidad y presión. Al fin y al cabo, nadie quiere perder el tren. Al mismo tiempo, muchos empresarios, autónomos y desarrolladores aún no saben exactamente cuáles de estas tecnologías seguirán siendo realmente relevantes a largo plazo. Esta es probablemente la verdadera especialidad de la fase actual de la IA: casi todo el mundo percibe que algo está cambiando, pero casi nadie puede evaluar realmente con fiabilidad a qué velocidad y en qué dirección en este momento.