Hoy en día, cuando uno se mueve por el espacio digital, enseguida se lleva una impresión: si eres visible, tienes éxito. Si tienes alcance, tienes influencia. Y si produces muchos contenidos, automáticamente acumulas algo. Esta ecuación parece plausible a primera vista, pero es engañosa. Porque la visibilidad no es propiedad. El alcance no es la propiedad. Y el contenido no es en absoluto una base.
Un post puede leerse miles de veces y, sin embargo, desaparecer prácticamente al cabo de unos días. Un post en las redes sociales puede convertirse en viral y, al mismo tiempo, no tener ningún efecto duradero. Incluso los contenidos bien posicionados en los motores de búsqueda no son automáticamente estables. Dependen de algoritmos, reglas de la plataforma y desarrollos sobre los que no tienes control.