Desde que el ser humano existe, ha habido un deseo de prolongar la vida, o preferiblemente de alargarla indefinidamente. En el pasado, eran los mitos, las religiones, los alquimistas o los rituales misteriosos los que daban esperanza a la gente. Hoy ya no son magos sentados ante pergaminos antiguos, sino algunas de las personas más ricas del mundo sentadas ante la biología más avanzada y la tecnología de la inteligencia artificial. A primera vista, parece ciencia ficción: ¿es posible detener el envejecimiento? ¿Es posible „preservarse“ digitalmente? ¿Se pueden transferir los pensamientos a una máquina?
Pero el tema hace tiempo que abandonó la torre de marfil. Los grandes multimillonarios de la tecnología invierten ahora miles de millones en proyectos que investigan seriamente precisamente estas cuestiones. No porque quieran convertirse en dioses inmortales, sino porque pueden permitirse investigar los límites de lo posible. Este artículo explica de forma sencilla qué hay detrás de esta idea, qué desarrollos técnicos existen hoy en día, dónde están los límites y por qué este tema será cada vez más importante en los próximos 20 años.