Hubo tiempos en los que el dinero simplemente „estaba ahí“ en la vida cotidiana. Lo ganabas, lo retirabas, pagabas con él, transferías facturas... y listo. Y ésa era una de las cualidades silenciosas del antiguo sistema: era tan fiable que apenas se notaba.
Muchas cosas técnicas funcionan mejor cuando permanecen invisibles. El dinero en efectivo es un buen ejemplo de ello: es tangible, fácil de entender y permite un intercambio sin que haya un sistema funcionando inmediatamente en segundo plano que lo registre o analice todo. Esto fue normal durante décadas. No hacía falta ser un experto para participar en la vida empresarial. Eso cambiará en el futuro.