Taiwán lleva años apareciendo una y otra vez en los titulares: unas veces por las maniobras militares en el estrecho de Taiwán, otras por las tensiones diplomáticas, otras por la cuestión de hasta qué punto siguen siendo fiables las normas internacionales en caso de emergencia. En los últimos días, esta impresión se ha agudizado aún más para muchos observadores: la operación estadounidense en Venezuela, durante la cual fue detenido el presidente de ese país, Nicolás Maduro, es objeto de un controvertido debate internacional, no sólo político, sino también desde el punto de vista del Derecho internacional.
Por qué esto podría ser relevante para Taiwán es menos una cuestión de “¿Quién tiene razón?”, Cuando los principales actores interpretan las normas de forma selectiva o las aplican con dureza, las demás potencias se preguntan -con sobriedad y guiándose por sus propios intereses- dónde empieza y acaba su propio margen de maniobra. Y es precisamente en este punto donde Taiwán se convierte en algo más que una lejana cuestión insular.