Rusia, la OTAN y el miedo a la guerra: lo que se puede demostrar y lo que no

Este artículo no es el resultado de un impulso, una indignación o un partidismo actuales. Es más bien el resultado de un largo periodo de observación y de una creciente sensación de inquietud. No sólo me he interesado por Rusia desde la guerra de Ucrania. Mi interés se remonta más atrás. Ya había estudiado ruso como lengua extranjera en la escuela, y en aquella época me interesaba por la lengua, la historia y la mentalidad de una forma muy relajada. Este temprano interés me llevó a seguir los acontecimientos allí a lo largo de los años sin cambiar constantemente de perspectiva.

Precisamente por eso me escandaliza hoy lo burdas, simplistas y seguras de sí mismas que son muchas de las imágenes de Rusia y sus supuestos objetivos que se colocan en la esfera pública, a menudo sin fuentes, sin contexto, a veces incluso sin ninguna lógica interna. Resulta especialmente irritante cuando esas narrativas no sólo aparecen en tertulias o columnas de comentarios, sino que también son adoptadas casi sin reflexión por periodistas, políticos u otras voces oficiales. En algún momento, surge inevitablemente la pregunta:

¿Es eso cierto?


Cuestiones sociales de actualidad

La omnipresente narración del inminente atentado

Cualquiera que consuma las noticias hoy en día se topa una y otra vez con afirmaciones similares: Rusia quiere restaurar la Unión Soviética, el siguiente paso después de Ucrania serían los países bálticos, Polonia o incluso Alemania. La guerra, dicen, podría „venir a nosotros“. Deberíamos estar agradecidos de que otros la estén librando „por nosotros“.

Estas afirmaciones son ahora tan frecuentes que apenas se cuestionan. Parecen hechos comprobados, no teorías ni interpretaciones. Pero aquí empieza el problema: cuanto más se repite una afirmación, menos se examina si es fiable.

Este artículo pretende abordar precisamente este punto. No con contraeslóganes, sino con una pregunta sencilla, casi anticuada:

¿Qué se puede demostrar realmente y qué es sólo una afirmación?

Entre el miedo, la moral y el análisis

Es comprensible que la guerra en Ucrania provoque temores. La guerra en Europa no es una idea abstracta, sino una experiencia real de nuestra historia. Sin embargo, es tanto más importante distinguir claramente entre emoción y análisis, entre juicio moral y evaluación estratégica, especialmente en tiempos como estos.

En cambio, estos niveles suelen confundirse. Cualquiera que haga preguntas es visto rápidamente como ingenuo o sospechoso. Los que diferencian se ven presionados para justificarse. Sin embargo, la diferenciación no es un signo de indiferencia, sino de responsabilidad.

Este texto persigue, pues, un objetivo claro: no quiere ni glosar ni dramatizar. Quiere poner las cosas en su sitio. Este artículo no es una defensa de la política rusa. Tampoco es una relativización del sufrimiento o la violencia. Tampoco es un ataque a las personas que emiten juicios diferentes. Lo que pretende es otra cosa:

una sobria categorización de lo que se dice sobre los objetivos rusos, lo que se dijo en realidad, qué intereses son plausibles - y qué suposiciones tienen sorprendentemente poca sustancia si se examinan más de cerca.

Esto también implicará preguntas incómodas. Por ejemplo, qué beneficios reales obtendría Rusia de un ataque contra un país de la OTAN. O por qué ciertas narrativas son tan persistentes, a pesar de que apenas se sostienen lógicamente. Y también el papel que desempeñan la política occidental, la lógica de los medios de comunicación y las rutinas de la política de seguridad.

Una invitación a la reflexión

Este artículo no está dirigido a ningún campo político en particular. No presupone ningún conocimiento previo ni exige acuerdo alguno. Simplemente le invita a tomarse su tiempo: para el contexto, para las afirmaciones originales, para la reflexión sobria.

Quizá acabe viendo las cosas de forma diferente a como las veía antes. Tal vez también te mantengas firme en tu valoración. Ambas son legítimas. Lo único que importa es que sus juicios se basen en fundamentos sólidos. Porque una cosa es cierta:

En un momento en que el miedo se ha convertido en un factor político, una mente clara y tranquila no es un lujo, sino una necesidad.

Medios de comunicación y narrativas sobre Rusia y Putin

De dónde viene la narrativa: La Unión Soviética como imagen permanente del terror

Para entender por qué se habla tanto hoy de una supuesta restauración de la Unión Soviética, merece la pena echar la vista atrás. No para revivir viejos frentes, sino para comprender qué imágenes siguen operando hoy en la memoria colectiva, a menudo de forma inconsciente.

Para muchos occidentales, la Unión Soviética fue durante décadas algo más que un Estado. Era una superficie de proyección, un adversario, un símbolo de amenaza. La Guerra Fría no fue sólo un conflicto geopolítico, sino también psicológico. Se enfrentaban dos sistemas, ambos convencidos de su propia superioridad moral. Durante este tiempo, surgió una visión del mundo fuertemente polarizada:

  1. Libertad aquí, opresión allá;
  2. Prosperidad aquí, escasez allá;
  3. Democracia aquí, dictadura allá.

Estas simplificaciones eran políticamente funcionales, y aún hoy tienen repercusiones.

La decadencia como „victoria“ y sus sombras

Cuando la Unión Soviética se derrumbó a principios de la década de 1990, en Occidente se interpretó en gran medida como un triunfo histórico. El conflicto sistémico parecía resuelto, la historia -se creía- había encontrado su rumbo. Se utilizaron términos como „el fin de la historia“ y se tuvo la sensación de que comenzaba una fase de estabilidad duradera.

Lo que a menudo se ha pasado por alto: Para la propia Rusia, esta desintegración no sólo supuso una reorganización política, sino también una profunda ruptura económica, social y cultural. Industrias enteras se vinieron abajo, las estructuras estatales se derrumbaron y las vidas se devaluaron. De la noche a la mañana, millones de personas se encontraron en nuevos Estados sin haberse mudado. Esta experiencia sigue caracterizando la autoimagen rusa en la actualidad.

Pero mientras que en Occidente esta perspectiva apenas tuvo peso, allí se afianzó una interpretación diferente: el antiguo enemigo había sido derrotado y ahora había que controlarlo permanentemente para que no „volviera“.

De adversario histórico a símbolo de advertencia intemporal

Esta forma de pensar dio lugar a una narrativa que se mantiene asombrosamente estable hasta nuestros días: todo lo que Rusia hace políticamente se mide por reflejo con la Unión Soviética. Las críticas a las políticas occidentales se ven rápidamente como revanchismo, las preocupaciones de seguridad como ambición imperial, las referencias históricas como prueba de planes expansionistas.

A menudo se pasa por alto que Rusia -a pesar de sus rasgos autoritarios- ya no es un exportador de sistemas ideológicos. No existe ninguna misión global, ningún modelo social competidor que deba imponerse a otros países. Sin embargo, la vieja imagen del miedo sigue siendo eficaz porque resulta familiar. Ofrece explicaciones sencillas en un mundo complejo.

Esto convierte automáticamente cualquier tensión en una repetición de la Guerra Fría, aunque las condiciones marco sean fundamentalmente diferentes.

Lógica mediática y abreviaturas políticas

Las narrativas no surgen en el vacío. Se ven reforzadas por la lógica mediática, la comunicación política y la necesidad humana de orientación. Una imagen familiar de una amenaza es más fácil de transmitir que un análisis diferenciado.

En este sentido, la fórmula „Rusia quiere recuperar la Unión Soviética“ es un atajo comunicativo. Ahorra explicaciones, sustituye los intereses complicados por la certeza moral y crea una clara división de papeles. El bien y el mal se asignan rápidamente, las dudas parecen innecesarias o incluso peligrosas.

Resulta problemático cuando estos atajos se convierten en la base de decisiones reales, por ejemplo en materia de seguridad o política exterior. Porque convertir un horror histórico en una certeza actual estrecha la visión y reduce el margen de maniobra.

Entre el pasado y el presente

Es importante hacer aquí una clara distinción: sí, Rusia se refiere a menudo a la historia. Sí, la experiencia histórica desempeña un papel importante en la política rusa. Pero referencia histórica no es sinónimo de plan de restauración territorial de imperios pasados.

Muchos Estados -incluidos los occidentales- utilizan la historia para establecer su identidad, justificar intereses o generar legitimidad. La diferencia decisiva no radica en el recurso a la historia, sino en cómo se deriva de ella la política concreta.

Aquí es exactamente donde entra el siguiente nivel de análisis: ¿Qué se dijo realmente? ¿Qué objetivos pueden derivarse de ello y cuáles no?

La imagen del inminente restablecimiento de la Unión Soviética es, por tanto, menos el resultado de pruebas fiables que la expresión de una impronta histórica. Explica muchas cosas, sobre todo en Occidente. Explica los temores, los reflejos políticos, las exageraciones de los medios de comunicación. Pero explica sorprendentemente poco sobre los verdaderos intereses y márgenes de maniobra de Rusia en el siglo XXI.

El siguiente paso es distinguirlos: examinar declaraciones, discursos y textos concretos. No titulares, sino originales. De esto trata exactamente el capítulo siguiente.

Diplomacia entre escalada y responsabilidad

El acto del 22 de enero de 2026 en el Brauhaus am Dreieck de Düsseldorf está dedicado a una cuestión cada vez más importante en tiempos de crecientes tensiones internacionales: ¿Qué papel puede seguir desempeñando la diplomacia hoy en día? El ex general de brigada y asesor de política de seguridad del Canciller, Erich Vad, debatirá junto con el ex alcalde Thomas Geisel los riesgos de una escalada militar y las posibilidades de entendimiento político.


¿Por qué la verdadera política empieza por la diplomacia? - Erich Vad y Thomas Geisel | Editorial Westend

La atención se centra en la racionalidad estratégica, las consideraciones de realpolitik y la responsabilidad de los actores europeos. La discusión se basa en el libro de Vad „Guerra o paz“ y pretende ser una contribución a un debate abierto sobre política de seguridad.


Artículos de actualidad sobre Alemania

Lo que Vladimir Putin dijo en realidad

Casi ninguna otra figura política contemporánea es citada con tanta frecuencia -y, sin embargo, tan raramente leída en su contexto- como Vladimir Putin. Se extraen frases sueltas de discursos, se acortan, se agudizan y luego se declaran pruebas de suposiciones de gran alcance. Precisamente por eso merece la pena examinar más de cerca: no lo que se le atribuye, sino lo que realmente dijo, y en qué contexto.

Esto revela un patrón menos espectacular de lo que se suele afirmar, pero que por tanto requiere una explicación.

El discurso de 2005: pérdida, no reconquista

Un punto de partida frecuentemente citado es el discurso de Putin ante la Asamblea Federal en 2005, en el que describió el colapso de la Unión Soviética como la „mayor catástrofe geopolítica del siglo XX“. A día de hoy, esta frase es vista por muchos como una prueba de ambiciones revanchistas.

Sin embargo, si se lee el discurso en su contexto, queda claro que Putin no habla de reconquista territorial, sino de las consecuencias sociales y políticas del colapso. Se refiere a los millones de personas que de repente se encontraron viviendo fuera de Rusia, al colapso económico, a la debilidad institucional y a la pérdida de capacidad de actuación del Estado. La „catástrofe“ describe sobre todo una crisis interna, no un programa de política exterior.

Esa es una diferencia importante. Se puede criticar o rechazar esta perspectiva, pero no es lo mismo que anunciar un nuevo imperio.

La historia como marco de argumentación

Un segundo elemento recurrente en los discursos de Putin es la fuerte referencia a la historia. Esto es especialmente evidente en sus comentarios sobre Ucrania, por ejemplo en el discurso sobre Crimea de 2014 o en el detallado ensayo de 2021.

Putin argumenta aquí con continuidades históricas, interdependencias culturales y decisiones políticas de décadas pasadas. En estos textos, Ucrania aparece menos como un Estado nación claramente delimitado de diseño occidental y más como una zona históricamente evolucionada con estrechos vínculos con Rusia.

Este punto de vista es controvertido y contradice claramente la concepción actual del derecho internacional. Sin embargo, lo que se desprende de ella es crucial: Putin utiliza la historia principalmente para legitimar sus pretensiones de influencia, no para anunciar su expansión mundial. Su argumento es retrospectivo, no prospectivo. Explica por qué ciertas regiones se consideran especialmente sensibles desde la perspectiva rusa, pero no explica automáticamente la urgencia de expandirse más allá de esas zonas.

Seguridad, no dominación mundial

La cuestión de la amenaza y la seguridad es un tema central en casi todos los discursos de Putin sobre política de seguridad. Se refiere repetidamente a la expansión de la OTAN hacia el este, a las infraestructuras militares cercanas a la frontera rusa y a lo que considera una ruptura de la confianza tras el final de la Guerra Fría.

Independientemente de cómo se evalúe esta valoración, sigue una lógica defensiva. Putin describe regularmente a Rusia como un actor que reacciona, no que inicia. Sus discursos hablan de cerco, vulnerabilidad y desequilibrio estratégico, no de un deseo de conquista o de una misión ideológica.

Esto no significa que este punto de vista sea objetivamente correcto. Pero es coherente. Y es claramente diferente de la idea de un Estado que trabaja activamente para romper alianzas extranjeras o conquistar nuevas zonas de influencia.

Ucrania como caso especial

Ucrania desempeña un papel especial en el pensamiento de Putin. Esto no puede pasarse por alto. En varios discursos y textos, cuestiona históricamente la independencia del Estado ucraniano y critica su orientación política hacia Occidente. Este argumento culmina con el reconocimiento de las llamadas Repúblicas Populares en 2022 y, en última instancia, con la intervención militar.

Aquí es donde se pone de manifiesto el aspecto más problemático de su política: la historia se convierte en una justificación de la violencia actual. Sin embargo, también aquí es necesaria una diferenciación. Ucrania no es tratada por Putin como un „país vecino arbitrario“, sino como una excepción, como parte de su propia narrativa histórica. Esto es precisamente lo que distingue este conflicto de la frecuentemente reivindicada intención general de expandirse hacia Europa.

Quien deduzca automáticamente Lituania, Polonia o Alemania de Ucrania se está saltando un paso argumentativo decisivo.

Declaraciones de Putin

Las declaraciones públicas de Putin frente a las narrativas occidentales comunes

Tema Declaraciones documentadas de Putin Narrativa occidental frecuente
Unión Soviética La desintegración como catástrofe geopolítica por sus consecuencias sociales Rusia quiere restaurar territorialmente la Unión Soviética
Países de la OTAN No hay interés en atacar a los miembros de la OTAN Rusia planea atacar los países bálticos o Polonia
Ucrania Papel histórico especial, argumentos de seguridad e influencia Ucrania sólo es el primer paso de una expansión mayor
Europa en su conjunto Cooperación posible en principio, interés en relaciones estables Europa, próximo objetivo militar de Rusia

Declaraciones sobre los países de la OTAN: Sorprendentemente claras

Llama la atención la claridad con la que Putin se expresa respecto a los países de la OTAN. En varias entrevistas y discursos -especialmente desde 2022- ha subrayado que Rusia no tiene ningún interés en atacar países como Polonia, los Estados bálticos u otros miembros de la OTAN. Subraya la desproporcionalidad de tal paso y las consecuencias globales que se derivarían.

En Occidente se suelen tachar estas declaraciones de pura táctica o propaganda. Pero aunque se desconfíe de ellas, queda por decir: No hay ningún discurso documentado en el que Putin anuncie explícitamente o siquiera sostenga la perspectiva de que Rusia se expanda a los territorios de la OTAN.

En vista de la intensa observación de la política rusa por parte de los medios de comunicación, este espacio en blanco es notable.

Entre ideología y pragmatismo

La retórica de Putin es una mezcla de elementos ideológicos y sobrio pensamiento de poder. Habla de historia, identidad y soberanía, pero también de costes, riesgos y relaciones de poder globales. Esta segunda parte, en particular, suele subestimarse en la percepción pública.

En cuestiones económicas, por ejemplo, Putin insiste regularmente en la necesidad de estabilidad, comercio y relaciones internacionales. En estos pasajes, Rusia no se presenta como un bloque aislado, sino como parte de un mundo interconectado, con intereses claros, pero sin pretensiones misioneras.

Una vez más, no se trata de un juicio moral, sino de una descripción de la propia imagen de uno mismo.

Lo que faltaba: El gran anuncio

Si se toman en conjunto todos estos discursos, textos y entrevistas, hay algo que llama especialmente la atención: la falta de una visión clara y ofensiva. No hay ningún discurso, ningún documento estratégico, ninguna declaración programática en la que Putin formule un objetivo que se acerque siquiera a la restauración de la Unión Soviética.

En su lugar, dominan términos como seguridad, estabilidad, influencia, respeto y equilibrio. Son categorías clásicas del pensamiento geopolítico, no el lenguaje de una concepción expansionista del mundo.

Esto no significa que la política rusa sea inofensiva o no entrañe riesgos. Pero sí significa que muchas de las atribuciones comunes se basan menos en lo que se dice que en lo que se teme.

Existe una brecha entre estos dos niveles, y es precisamente esta brecha la que caracteriza gran parte del debate actual. Para llevar a cabo este debate con objetividad, no basta con recopilar citas. También debemos preguntarnos qué intereses se esconden detrás de estas declaraciones - y qué límites racionales se les ponen. De esto trata exactamente el próximo capítulo.

Rusia, espacio y recursos: ¿necesita expandirse?

Cuando se habla del imperialismo ruso, es fácil pensar que la expansión es una compulsión interna, casi una regularidad histórica. Pero antes de hacer tales suposiciones, merece la pena echar un vistazo sobrio a los fundamentos materiales del propio país.

Al fin y al cabo, la política del poder no sólo se basa en ideologías, sino muy a menudo en factores muy simples: espacio, población, recursos.

Y aquí Rusia ocupa una posición especial.

¿Un país como Rusia necesita más tierras?

Un país de tamaño inusual

Rusia es el país más extenso del mundo. Su territorio se extiende por once husos horarios, desde Europa Central hasta el Pacífico. Esta realidad geográfica plantea por sí sola una pregunta fundamental: ¿Por qué un país de este tamaño necesita más territorio?

Las guerras de conquista históricas solían tener motivos muy concretos: falta de tierras, cuellos de botella estratégicos, acceso a recursos o rutas marítimas. Estos factores sólo se aplican a Rusia de forma limitada. El país cuenta con enormes reservas de tierra, muchas de las cuales están escasamente pobladas o apenas desarrolladas. La expansión no resolvería estos retos estructurales, sino que los agravaría.

Recursos abundantes: lo contrario de la lógica de expansión clásica

Rusia también se diferencia significativamente de las potencias expansionistas tradicionales en lo que respecta a las materias primas. Gas natural, petróleo crudo, carbón, metales, tierras raras, madera, agua dulce... casi ningún otro país dispone de recursos comparables.

Históricamente, el déficit de recursos ha sido uno de los principales motores de las políticas de conquista. Sin embargo, Rusia no sufre de falta de recursos, sino de la tarea de desarrollar, transportar y utilizar los recursos existentes de una manera económicamente sensata. Se trata de un problema estructural, no territorial.

Un ataque contra Estados extranjeros no cambiaría esta situación. Al contrario: restringiría aún más el acceso a los mercados, la tecnología y las inversiones, precisamente los factores cruciales para la utilización de estos recursos.

La demografía como factor limitante

Un aspecto que a menudo se subestima es la evolución de la población. Rusia no es un país joven y de crecimiento dinámico. La población está estancada o disminuye en algunas zonas, y regiones enteras están infrapobladas. Incluso hoy en día, es un reto mantener las infraestructuras, la administración y la economía del país.

La expansión territorial no significa sólo ganar terreno, sino un compromiso a largo plazo: administración, seguridad, abastecimiento, integración. Todo ello requiere personas, permanentemente. No es un escenario atractivo para un país con tensiones demográficas.

Esto revela una contradicción fundamental en la narrativa común: un Estado que lucha por desarrollar su territorio existente de forma estable gana poco con zonas adicionales con población extranjera y elevados costes políticos.

La diferencia entre influencia y propiedad

Un paso analítico importante es distinguir entre expansión territorial e influencia política. Los Estados pueden intentar ejercer influencia sin mover las fronteras, ya sea económica, diplomática, cultural o en términos de política de seguridad.

Muchas de las declaraciones de Putin tratan precisamente de esto: influencia, zonas de seguridad, alineamiento político con los países vecinos. No se trata de una preocupación carente de problemas morales, pero es diferente de la clásica política de conquista. La influencia es reversible, la posesión no. La influencia puede negociarse, el territorio casi nunca.

Precisamente por eso es analíticamente inexacto interpretar automáticamente toda influencia como precursora de la expansión.

La expansión como trampa de costes

Desde un punto de vista puramente racional, la expansión territorial sería sobre todo una cosa para Rusia: una trampa de costes. Militar, económica y políticamente. Cada kilómetro cuadrado adicional aumenta los costes de seguridad, cada nueva frontera crea nuevas líneas de conflicto.

Para un país que ya se enfrenta a sanciones, dependencias tecnológicas y una necesidad de reforma estructural, una estrategia así sería difícil de explicar. Inmovilizaría recursos sin crear ningún valor añadido reconocible.

Esto plantea una pregunta sencilla pero central: ¿qué problema concreto podría resolver Rusia mediante la expansión? Esta pregunta suele quedar sin respuesta en el debate público.

Las analogías históricas como trampa mental

El recurso a los imperios históricos -el zarismo, la Unión Soviética- parece a menudo convincente, pero no reconoce el cambio de las condiciones marco. El mundo del siglo XXI está económicamente entrelazado, es tecnológicamente dependiente y políticamente sensible. El territorio por sí solo ya no es garantía de poder.

Cualquiera que mida la política actual según los criterios de siglos pasados corre el riesgo de interpretarla erróneamente. La historia explica formas de pensar, pero no sustituye al análisis de los intereses actuales.

La suposición de que Rusia se esfuerza inevitablemente por expandirse dice a menudo más de las expectativas occidentales que de la realidad rusa. Enlaza con imágenes familiares, pero ignora en gran medida factores materiales, demográficos y económicos.

Esto no significa que la política rusa sea inofensiva o puramente defensiva. Sin embargo, sí significa que la expansión no es muy plausible como objetivo racional, al menos si se contempla desde una perspectiva estructural y no ideológica.

Por eso el próximo capítulo aborda un punto en el que esta visión estructural resulta especialmente clara: ¿Qué desencadenaría realmente un ataque contra un país de la OTAN, y por qué se considera altamente improbable, incluso desde un punto de vista estratégico?

Comparación de las principales cifras de la UE y Rusia

Cifra clave UE (27) Rusia Estado / Fuente
Superficie (km²) 4.101.431 17.098.246 UE: Eurostat Databrowser (EU27_2020); RU: Zona del país (reconocida internacionalmente)
Población 449,2 millones de euros. 143,5 millones de euros. UE: Eurostat (01.01.2024); RU: Banco Mundial (2024)
Densidad de población (habitantes/km²) ≈ 109,5 ≈ 8,4 Calculado a partir de la superficie y la población (arriba)
Superficie per cápita (m² por persona) ≈ 9.100 ≈ 119.000 Calculado (superficie/población)
Reservas de gas natural (comprobado) ≈ 0,4 billones de m³ ≈ 37,4 billones de m³ UE: Global Energy Monitor (finales de 2020); RU: datos del Instituto de la Energía (vía Visual Capitalist, 2024)
Reservas de petróleo (comprobado) muy bajos (los mayores valores de la UE se sitúan globalmente en un solo dígito) 58.000 millones de barriles UE: datos por países de la EIA (agregados sólo débilmente); RU: informe de análisis por países de la EIA de EE.UU. (a 01.01.2024)
Producción de carbón 45 millones de toneladas (hulla, 2024) (alto, varios 100 millones de toneladas/año) UE: Eurostat (producción de hulla en 2024); RU: perfil de país de la EIA (producción de carbón, 2023/2024)

Espera y escalada de la OTAN: qué ocurriría en la realidad

Casi ningún otro término se utiliza con tanta frecuencia en el debate actual -y tan pocas veces se plantea en términos concretos- como el de enfrentamiento en la OTAN. La mera mención de un posible ataque ruso a un país de la OTAN suele bastar para crear la idea de una guerra inminente en toda Europa. Pero es precisamente aquí donde merece la pena examinar más de cerca los procesos, los intereses y la lógica de la escalada militar.

Porque un ataque a un miembro de la OTAN no sería un hecho aislado. Sería una violación del sistema.

Asistencia y debates de la OTAN

Artículo 5: No hay automatismo, pero sí un umbral claro

El núcleo de la alianza de la OTAN es el Artículo 5: el principio de defensa colectiva. Un ataque contra un Estado miembro se considera un ataque contra todos. Este mecanismo suele entenderse como una especie de reflejo militar: ataque igual a contraataque.

No es tan sencillo. El artículo 5 no obliga a los Estados miembros a emprender acciones militares concretas, sino a prestar apoyo „con los medios que consideren necesarios“. Esto deja un margen de maniobra político. Pero este margen de maniobra termina en un umbral claro: un ataque deliberado contra un país de la OTAN desencadenaría inevitablemente una respuesta masiva.

No porque todos los implicados quieran la guerra, sino porque de lo contrario la alianza perdería su base de existencia.

Cadenas de escalada en lugar de conflictos regionales

Un enfrentamiento de la OTAN no sería un conflicto limitado regionalmente como muchas guerras de las últimas décadas. Activaría inmediatamente varios niveles de escalada:

  • militarMovilización, despliegue de tropas, seguridad del espacio aéreo
  • políticaCumbres de crisis, ultimátums, formación de bloques diplomáticos
  • estratégicoSeñales de disuasión, incluida la dimensión nuclear

Esta cadena por sí sola deja claro por qué un paso así sería casi imposible de calcular para Rusia. La escalada no puede controlarse con precisión. Crea dinámicas que escapan al control de los actores individuales.

Son precisamente los Estados que piensan estratégicamente los que evitan esas situaciones, no por razones morales, sino por interés propio.

El papel de EE.UU.: garante incierto, pero aún central

Un argumento común en estos momentos es que Estados Unidos se está retirando cada vez más de Europa, está cansado de la guerra, está bloqueado internamente o se centra estratégicamente en el Indo-Pacífico. Nada de esto es del todo falso. Washington está discutiendo abiertamente el reparto de cargas, la propiedad europea y las prioridades.

Pero concluir de ello que EE.UU. ignoraría un ataque contra un país de la OTAN no es suficiente. Un ataque así dañaría masivamente la credibilidad de EEUU como líder global. No sólo en Europa, sino en todo el mundo. Las alianzas sólo funcionan si hay garantías. Por esta misma razón, sería estratégicamente inconcebible que Washington permaneciera inactivo en caso de enfrentamiento, incluso si el objetivo a largo plazo es lograr una mayor independencia europea.

La retirada de la OTAN es un debate político. Romper una promesa de asistencia mutua sería un punto de inflexión geopolítico.

Los debates europeos como expresión de incertidumbre, no de debilidad

Los actuales debates en Europa sobre su propio paraguas nuclear, autonomía estratégica o uniones de defensa se interpretan a menudo como una prueba del desmoronamiento de la OTAN. En realidad, reflejan otra cosa: incertidumbre sobre las dependencias a largo plazo.

Europa está intentando crear opciones, no porque se considere que el apoyo de la OTAN carezca de valor, sino porque el panorama político está cambiando. Estos debates son una expresión de precaución, no de desintegración.

Para Rusia, esto significa que aunque la arquitectura de seguridad europea está cambiando, no es en absoluto incapaz de actuar. Un ataque no se encontraría con una Europa descoordinada y vacilante, sino con un sistema de alianzas más propenso a cerrar filas bajo presión que a desmoronarse.

Realidad militar en lugar de fantasía política

A menudo se sugiere que Rusia puede „probar“ hasta dónde puede llegar, por ejemplo lanzando un ataque limitado contra un pequeño país de la OTAN. Esta idea subestima la realidad militar. Cada paso militar es visible, evaluable y tiene una carga política. No existe ningún globo de ensayo sin riesgos.

Incluso un ataque limitado desencadenaría un despliegue masivo de tropas, incluidas unidades estadounidenses. Se superaría el umbral de escalada, sin garantía de que se pudiera recuperar el conflicto.

Desde el punto de vista militar, no se trata de un juego, sino de un escenario de alto riesgo.

Disuasión nuclear: la base tácita

Por desagradable que sea el tema, forma parte de la realidad: la OTAN es una alianza con seguridad nuclear. También lo es Rusia. Es precisamente esta disuasión mutua la que ha evitado en el pasado que los conflictos entre grandes potencias escalaran directamente.

Un conflicto militar directo entre Rusia y la OTAN tocaría inevitablemente la dimensión nuclear, no necesariamente en el sentido de un despliegue, sino como trasfondo estratégico. Este hecho por sí solo tiene un efecto estabilizador, no de escalada.

Ningún jugador racional puede correr ese riesgo a la ligera.

Por qué el ataque de la OTAN es un escenario tan inverosímil

Si se juntan todos estos factores, se obtiene una imagen clara:

  • Un ataque de la OTAN sería extremadamente costoso desde el punto de vista político, militar y económico.
  • No ofrecería ningún beneficio estratégico claro
  • desencadenaría cadenas de escalada casi imposibles de controlar
  • Provocaría una reacción masiva incluso si el papel de EE.UU. flaqueara

Esto no hace que la hipótesis sea imposible, pero sí muy ilógica. Precisamente por eso es problemático cuando se presenta como casi evidente en el debate público. Quienes defienden constantemente el peor de los escenarios reducen la visión y dificultan una política sobria.

El miedo no sustituye al análisis

La idea de que Rusia está a punto de atacar a los países de la OTAN se alimenta menos de señales concretas que de la incertidumbre, los reflejos históricos y la retórica política. Funciona porque es emocionalmente atractiva, no porque sea estratégicamente convincente.

Por eso es tan importante distinguir entre los riesgos reales y la dramatización política. Por ello, el próximo capítulo aborda la cuestión que siempre ha quedado sin respuesta:

¿Qué ventajas obtendría Rusia de esa medida y por qué los costes son tan elevados?


Encuesta actual sobre la confianza en la política

¿Qué grado de confianza le inspiran la política y los medios de comunicación en Alemania?

Costes en lugar de eslóganes: Lo que Rusia perdería en el proceso

En los debates políticos se habla a menudo de intenciones, menos de consecuencias. Especialmente cuando se trata de escenarios bélicos, dominan las palabras de moda y las certezas morales. Sin embargo, los Estados no actúan según eslóganes -al menos a largo plazo- sino según consideraciones de coste-beneficio. Por eso merece la pena plantearse una pregunta sobria en este punto: ¿qué tendría que perder Rusia, desde un punto de vista realista, si tomara el camino de una nueva escalada que incluyera un ataque contra los Estados de la OTAN?

La respuesta es clara y explica gran parte de lo que a menudo se ignora en el debate público.

Aislamiento económico: el nivel actual sería inofensivo en comparación

Rusia ya se enfrenta a sanciones de gran alcance. Sin embargo, sigue teniendo capacidad de actuación económica, sobre todo gracias a sus exportaciones de materias primas, mercados de venta alternativos y sus propias capacidades industriales. Precisamente este margen de maniobra restante desaparecería casi por completo en caso de una confrontación directa con la OTAN.

Un ataque a un país de la OTAN no supondría una escalada gradual, sino un salto cualitativo: aislamiento económico completo, sanciones secundarias masivas, ruptura de casi todas las relaciones comerciales restantes con Occidente... y una presión considerable sobre los países que hasta ahora han adoptado una postura más neutral.

Para un país rico en materias primas pero tecnológicamente dependiente de la cooperación, esto supondría un duro golpe. La industria moderna, las infraestructuras energéticas, el transporte, las comunicaciones... todo ello depende de las redes internacionales. La guerra no reforzaría estas redes, sino que las destruiría.

Sobredimensionamiento militar en lugar de fortaleza estratégica

Desde el punto de vista militar, esta medida plantearía a Rusia enormes desafíos. La guerra en Ucrania ya está consumiendo considerables recursos humanos, materiales y logísticos. Un conflicto adicional con una alianza altamente armada multiplicaría esta carga.

No se trata sólo de armas y tropas, sino de capacidad a largo plazo. El poder militar no se desarrolla en ataques individuales, sino a lo largo del tiempo. El suministro, el mantenimiento, la formación, el reemplazo... todo esto cuesta dinero, personas y estabilidad política.

Un conflicto a gran escala con la OTAN obligaría a Rusia a mantener su presencia militar en numerosos frentes simultáneamente. No se trata de una demostración de poder, sino del clásico riesgo de sobreextensión.

La estabilidad política interna, un factor subestimado

Las guerras no sólo se deciden en el frente, sino también dentro de un país. Las cargas económicas, las pérdidas, la inseguridad, todo ello repercute en las sociedades. Rusia no es una unidad cohesionada sin tensiones internas. Las regiones, las élites y los intereses económicos difieren enormemente.

Una escalada bélica exacerbaría estas tensiones. Desviaría recursos del desarrollo político interno, intensificaría los conflictos sociales y ejercería presión sobre la legitimidad de la acción estatal. Los sistemas autoritarios, en particular, dependen de la estabilidad, no de situaciones excepcionales permanentes.

Desde esta perspectiva, la moderación no es una debilidad, sino una forma de autopreservación.

Posición internacional: de actor a caso problemático

Rusia se ve a sí misma como una potencia global, como un actor independiente entre Oriente y Occidente, como una voz en un mundo multipolar. Sin embargo, este papel requiere capacidad de acción: diplomática, económica y política.

Un conflicto directo con la OTAN haría que Rusia pasara a una categoría diferente: de actor conformador a foco permanente de problemas. Muchos países que actualmente mantienen cierta distancia respecto a la política de sanciones occidental tendrían que reposicionarse. La neutralidad se hace más difícil cuando los frentes están claramente trazados.

Para los países que dependen de la estabilidad del sistema internacional, la escalada permanente no es un estatus de socio atractivo.

La pérdida de margen de maniobra en las negociaciones

Un aspecto que a menudo se pasa por alto es la pérdida de flexibilidad política. Mientras los conflictos sigan siendo limitados, hay espacio para la negociación, aunque sea pequeño. Con cada etapa de escalada, estos espacios se reducen.

Un ataque a un país de la OTAN no sólo arrinconaría a Rusia militarmente, sino también diplomáticamente. Las retiradas se harían más difíciles, la pérdida de prestigio más probable y los compromisos políticamente más arriesgados. Precisamente por eso los actores con mentalidad estratégica evitan dar pasos de los que no haya un retorno ordenado.

Sin beneficios reconocibles

Si se comparan todas estas pérdidas con las posibles ganancias, el balance queda asombrosamente vacío. ¿Ganancias territoriales? Difícilmente defendibles políticamente. ¿Ventajas económicas? Irreconocibles. ¿Seguridad estratégica? Más bien lo contrario.

Lo que queda es una hipotética demostración de poder, pero un poder que no puede traducirse en estabilidad es a corto plazo y caro. Los Estados que piensan a largo plazo evitan este tipo de estrategias.

Racionalidad en lugar de demonización

Nada de esto significa que la política rusa esté exenta de errores, riesgos o decisiones problemáticas. Pero sí significa que sus acciones no pueden explicarse de forma significativa si se ignora por completo la racionalidad.

Pensar en Rusia únicamente como un agresor irracional explica los temores, pero no las políticas. Los que tienen en cuenta los costes, los intereses y las fronteras, en cambio, llegan a una imagen más diferenciada.

Y es precisamente esta imagen la que resulta necesaria para plantear la siguiente pregunta de forma significativa: Si la escalada es tan cara, ¿por qué se habla tanto de ofertas de conversaciones, negociaciones e incluso cooperación económica? Este es el tema del próximo capítulo.

Ofertas de negociación, conversaciones y gas: el nivel que a menudo se pasa por alto

En la percepción pública, la guerra en Ucrania aparece a menudo como una serie de escaladas militares, interrumpidas por breves fases de calma retórica. Lo que fácilmente se pasa por alto es un segundo nivel que ha existido en paralelo y sigue existiendo hoy: el nivel de las ofertas de diálogo, los formatos de negociación y las señales económicas. No encaja perfectamente en esquemas claros de amigo-enemigo, y precisamente por eso a menudo sólo se menciona de pasada.

Una mirada sobria a este nivel es importante, no para relativizar nada, sino para tener una visión más completa.

Oferta para reanudar el suministro de gas

En el Foro Internacional de Debate Valdai celebrado en Sochi, el Presidente ruso Vladimir Putin renovó su oferta de suministrar gas natural a Alemania a través del tramo intacto del gasoducto Nord Stream 2. Rusia está dispuesta a transportar hasta 27.000 millones de metros cúbicos al año, dijo, pero la decisión corresponde al Gobierno alemán.


NORDSTREAM 2: Vladimir Putin ofrece a Alemania un nuevo suministro de gas MUNDO

Al mismo tiempo, Putin volvió a hablar de „acto de terrorismo internacional“ en relación con la destrucción de los gasoductos restantes y se refirió a los diferentes resultados, a veces contradictorios, de las investigaciones. También señaló que el gas sigue fluyendo a través de Ucrania hacia Europa y que ambas partes se benefician económicamente del tránsito.

Antecedentes y preguntas abiertas sobre Nord Stream

Voladuras del Nord StreamEl debate sobre Nord Stream va mucho más allá de la política energética. En mi detallada Artículo de fondo sobre el gasoducto Se analizan en detalle los orígenes, la importancia económica, los intereses geopolíticos y las consecuencias del derribo. La atención se centra en la seguridad del suministro, las dependencias, las decisiones políticas en Berlín y Bruselas y la cuestión de qué escenarios parecen realistas para el mercado energético europeo. El artículo recopila los hechos disponibles, presenta diferentes perspectivas y ayuda a clasificar mejor las declaraciones actuales en el contexto más amplio de los últimos años.

Primeras conversaciones: algo más que contactos simbólicos

Poco después del inicio de las hostilidades entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022, se celebraron conversaciones directas entre las delegaciones rusa y ucraniana. Inicialmente tuvieron lugar en Bielorrusia y posteriormente en diversos formatos, incluido Estambul. No se trataba de meros contactos de cortesía, sino de negociaciones estructuradas con borradores de textos concretos.

Se debatieron cuestiones como la neutralidad, las garantías de seguridad, el estatus territorial y la integración internacional. Es indiscutible que estas conversaciones acabaron fracasando. Sin embargo, es igualmente indiscutible que existieron y que en ocasiones se consideraron una opción seria.

Es importante diferenciar aquí: la voluntad de hablar no significa la voluntad de llegar a un acuerdo. Ambas partes entraron en estas rondas con demandas básicas claras, a veces irreconciliables. El proceso militar, la dinámica política y los factores de influencia internacional contribuyeron a estrechar rápidamente el margen de negociación.

Por qué las negociaciones no significan automáticamente la paz

En muchos debates, se asume implícitamente que quienes ofrecen conversaciones quieren la paz y quienes las rechazan quieren una escalada. Esta ecuación es demasiado simple. Las negociaciones son un instrumento, no un objetivo. Pueden servir para ganar tiempo, tantear posiciones o enviar señales internacionales.

Rusia ha declarado en repetidas ocasiones que está dispuesta a negociar, pero siempre bajo condiciones que, desde la perspectiva rusa, deben reflejar los intereses de seguridad o las realidades territoriales. Ucrania, por su parte, ha dejado claro que no puede aceptar ningún acuerdo que ponga permanentemente en peligro su soberanía o integridad territorial.

Ambas posturas son comprensibles en sí mismas y, por tanto, difíciles de conciliar. Quien ignora esta complejidad reduce el conflicto a eslóganes morales y no reconoce los bloqueos estructurales.

Conversaciones después de 2022: ¿retórica o una opción real?

Incluso después de que se interrumpieran las primeras rondas de negociaciones, los dirigentes rusos declararon públicamente en repetidas ocasiones que estaban dispuestos a entablar conversaciones, en algunos casos explícitamente con actores europeos o con Estados Unidos. Estas declaraciones fueron a menudo tachadas en Occidente de pura retórica, un intento de crear división o de desviar la responsabilidad.

Pero aunque se comparta este escepticismo, queda todo por decir: La oferta de conversaciones forma parte de la estrategia de comunicación de Rusia. No sólo se dirige a Ucrania, sino también a los observadores internacionales, a los Estados neutrales y a la opinión pública europea.

Esto por sí solo no lo hace creíble, pero sí relevante para un análisis que tenga en cuenta no sólo los movimientos militares, sino también las señales diplomáticas.

La energía como señal política

Este doble nivel quedó especialmente patente en el ámbito de la política energética. A pesar de las enormes tensiones políticas y las sanciones, Rusia subrayó en repetidas ocasiones su voluntad fundamental de suministrar gas natural a Europa, incluso después de los actos de sabotaje en los gasoductos Nord Stream.

Desde la perspectiva rusa, se trataba de algo más que una oferta económica. La energía se consideró durante mucho tiempo un elemento de conexión entre Rusia y Europa, un símbolo de dependencia mutua y estabilidad. Por tanto, la adhesión a las opciones de suministro -aunque fuera de forma muy limitada- era también una señal política: la cooperación sería técnicamente posible si existía voluntad política.

Sin embargo, esta señal no fue recogida deliberadamente por la parte europea. Hubo muchas razones para ello: decisiones políticas fundamentales, cuestiones jurídicas, reevaluaciones de la política de seguridad y el empeño en reducir permanentemente las dependencias. Este rechazo fue tan real como la propia oferta.

El factor decisivo aquí no es quién tenía „razón“, sino que ambos niveles existían en paralelo: la oferta y la decisión consciente de no aceptarla.

Por qué a menudo se ignora este nivel

Las razones por las que las señales de negociación y cooperación suelen estar infrarrepresentadas en el debate público son obvias. Interrumpen las narrativas claras. Hacen que los conflictos sean más complicados, menos inequívocos desde el punto de vista moral y más difíciles de comunicar.

Una guerra es más fácil de explicar si aparece como una agresión imparable. Las ofertas de diálogo encajan mal en esta imagen, sobre todo si no conducen a resultados. Parecen ruido en una narración que hace hincapié en la determinación y la perseverancia.

Pero precisamente aquí radica un problema analítico: quienes sólo se fijan en la escalada militar pasan por alto los movimientos políticos.

Ofertas de negociación y formatos de diálogo desde 2022

Periodo Oferta / Formato Posición rusa Resultado / Reacción
Febrero-marzo de 2022 Conversaciones directas (Belarús) Voluntad de negociar la neutralidad y las garantías de seguridad Conversaciones sin conclusión, la situación militar cambió de dinámica
Marzo-abril de 2022 Negociaciones en Estambul Estatuto neutral de Ucrania, garantías de seguridad, cuestiones territoriales abiertas Sin acuerdo, negociaciones canceladas posteriormente
2023-2024 El diálogo público ofrece Disposición a hablar „sobre la base de circunstancias reales“ Ucrania y Occidente lo consideran inaceptable
2024-2025 Señales en dirección a Europa / EE.UU. También se subraya la disposición al diálogo con los actores occidentales No hay nuevos formatos formales de negociación

Ofertas de energía y gas frente a decisiones políticas

Periodo Señal rusa Reacción europea
Otoño de 2022 Referencia al gasoducto utilizable Nord Stream 2 Rechazo político, certificación suspendida
2023 Nueva declaración sobre la capacidad de entrega a través de la línea restante No utilización, centrarse en la diversificación
2024-2025 Se hace hincapié en la disposición fundamental para cumplir Confirmada la salida estratégica del gas ruso

Las ofertas no prueban el deseo de paz

Al mismo tiempo, sería igualmente miope deducir automáticamente un deseo de paz de las ofertas de diálogo o energía. Las ofertas pueden tener motivaciones tácticas, destinadas a ganar tiempo o a influir en la percepción internacional. Pueden tener una intención seria o instrumental. Un análisis serio puede resistir esta ambivalencia. Identifica las ofertas sin idealizarlas. Describe los rechazos sin moralizarlos.

La existencia de estas señales de negociación y cooperación demuestra ante todo una cosa: el conflicto no es unidimensional. No es sólo un enfrentamiento militar, sino un complejo entramado de intereses de seguridad, comunicación política, dependencias económicas e interpretaciones históricas.

Cualquiera que quiera entender por qué ciertas narrativas se afianzan -y por qué otras son ignoradas- no puede evitar este nivel. Explica por qué el conflicto no encaja simplemente en las categorías de „inevitable“ o „sin alternativa“.

Y prepara el terreno para la siguiente pregunta: ¿por qué persisten tan tenazmente ciertas narrativas a pesar de ello, y a quién benefician políticamente? Este es el tema del siguiente capítulo.


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Por qué son tan eficaces y a quién benefician

Ahora que se han considerado las declaraciones, los intereses, los costes y las alternativas, queda una pregunta que es crucial para la comprensión global: ¿por qué persisten tan tenazmente ciertas narrativas, a pesar de que sólo tienen un apoyo limitado cuando se examinan de cerca?

La respuesta no está tanto en los hechos individuales como en la función de las propias narraciones. Estructuran la realidad, simplifican la complejidad y proporcionan orientación, especialmente en tiempos de incertidumbre.

El miedo como amplificador político

Las narrativas que trabajan con amenazas existenciales tienen un efecto especial. Generan atención, concentran las emociones y acortan los procesos de toma de decisiones. El miedo no es una casualidad, sino un factor político eficaz.

La idea de un inminente ataque ruso a Europa enlaza con recuerdos históricos profundamente arraigados. Activa reflejos colectivos de protección y certezas morales. En un clima así, la contradicción se entiende rápidamente como banalización, la diferenciación como riesgo.

Esto puede ser útil para los actores políticos. Las decisiones complejas en materia de política de seguridad son más fáciles de comunicar si parecen no tener alternativa. Mantener constantemente presente el peor escenario posible reduce la demanda de matices.

Lógica mediática: simplificación en lugar de categorización

Los medios de comunicación también contribuyen a la estabilidad de estas narrativas, no necesariamente con mala intención, sino por razones estructurales. La complejidad es difícil de comunicar, sobre todo cuando hay premura de tiempo. Los contrastes claros, las amenazas personalizadas y las pautas reconocibles son más fáciles de comunicar.

La narrativa de la „Rusia imperial“ ofrece exactamente eso: un marco familiar, unos papeles claros y una dramaturgia intuitiva. Permite reunir diferentes acontecimientos -desde movimientos de tropas hasta declaraciones diplomáticas- bajo un paraguas común de interpretación.

Lo que se pierde en el proceso son las contradicciones internas de la realidad política. Pero estas contradicciones son más difíciles de narrar que una imagen de amenaza coherente.

Política de seguridad y legitimación

Las narrativas también cumplen una función legitimadora. El armamento, las decisiones presupuestarias, las reorientaciones estratégicas... todo ello requiere la aceptación de la opinión pública. Cuanto mayor es la amenaza percibida, menor es la necesidad de explicaciones.

Esto no significa que las medidas de política de seguridad sean fundamentalmente erróneas o innecesarias. Sin embargo, sí significa que su justificación suele ser menos diferenciada de lo que permitiría la situación real.

Una narrativa de amenaza permanente crea margen de maniobra, y al mismo tiempo excluye a los demás.

La claridad moral como sustituto del análisis

Otro aspecto es de carácter moral. Las narraciones no sólo proporcionan orientación, sino también seguridad en uno mismo. Quienes creen estar en el „bando correcto“ necesitan hacerse menos preguntas, sopesar menos las cosas y dudar menos.

Esta claridad moral resulta especialmente atractiva en tiempos de conflicto. Elimina la presión. Sustituye el análisis por la actitud. Pero ahí radica precisamente el peligro: la certeza moral puede llevar a ignorar hechos incómodos o a desestimarlos por irrelevantes.

El conflicto ya no se entiende, sino que se evalúa. Esto puede ser emocionalmente satisfactorio, pero ayuda poco a resolver problemas complejos.

La función de la repetición

¿Qué es la propaganda?Las narraciones se consolidan mediante la repetición. Cuanto más a menudo aparecen ciertas afirmaciones en una forma ligeramente variada, más naturales parecen. Llega un momento en que ya no se cuestionan, sino que se dan por sentadas.

Esto crea un marco interpretativo en el que hay que explicar las valoraciones divergentes, no la propia narrativa. Cualquiera que pregunte por qué Rusia debería atacar a un país de la OTAN se ve presionado para justificarse. Los que no formulan la pregunta son considerados realistas.

Esta inversión de la carga de la prueba es una característica típica de las narrativas estables. Si desea saber más sobre la repetición y la propaganda, puede encontrar información más detallada en el artículo „Propaganda: historia, métodos, formas modernas y cómo reconocerlas“.

La simplificación como riesgo

El problema de estas historias no es que se las inventen de la nada. El problema es que quieren explicar demasiado y, al hacerlo, ignoran lo esencial. Reducen los actores a papeles, los motivos a palabras de moda, el futuro a escenarios.

En política de seguridad, esto puede ser arriesgado. Las percepciones erróneas, los malentendidos y las reacciones exageradas suelen surgir cuando se subestima la complejidad.

Por tanto, una visión sobria de las narrativas no es un fin en sí mismo, sino una contribución a la estabilidad.

Entre vigilancia y proyección

La vigilancia de los Estados autoritarios está justificada. Las proyecciones no lo están. La diferencia radica en la voluntad de analizar los supuestos, aunque parezcan familiares.

Las narrativas no son erróneas per se. Pero son herramientas. Y las herramientas deben utilizarse conscientemente, no como un sustituto inadvertido del análisis.

Por qué es necesaria esta categorización

Este capítulo no pretende imputar ningún motivo ni deslegitimar a ningún actor. Sólo pretende demostrar que la realidad política no sólo se compone de hechos, sino también de historias sobre los hechos.

Quienes reconocen estas narrativas ganan distancia. Y esta distancia es un requisito previo para poder emitir juicios.

El siguiente capítulo trata, por tanto, de reunir las observaciones realizadas hasta ahora, no para crear una nueva narrativa, sino para crear un equilibrio provisional viable entre el escepticismo y la ingenuidad.


Encuesta actual sobre un posible caso de tensión en Alemania

¿En qué medida se siente personalmente preparado para un posible caso de tensión (por ejemplo, crisis o guerra)?

Entre el escepticismo y la ingenuidad: qué podemos concluir de todo esto

Tras analizar las declaraciones, los intereses, los costes, las lógicas de escalada y las narrativas políticas, surge inevitablemente la pregunta de qué se desprende de todo ello. No en el sentido de una respuesta sencilla, sino en el de una actitud resistente. Al fin y al cabo, en los conflictos complejos resulta especialmente tentador conformarse con la certeza moral o con la cínica indiferencia.

Ambos se quedan cortos.

Una conclusión seria se mueve entre estos polos: entre el escepticismo y la ingenuidad.

El escepticismo no es desconfiar de todo

El escepticismo no significa cuestionarlo todo o considerar que todas las afirmaciones son propaganda. Significa escrutar las afirmaciones, considerar los contextos y soportar las contradicciones. El escepticismo no sólo se dirige hacia fuera, sino también hacia dentro: hacia los propios supuestos, presunciones y hábitos de pensamiento.

En relación con Rusia, esto significa que no hay que dar por ciertas todas las afirmaciones rusas ni por evidentes todas las interpretaciones occidentales. Podemos reconocer que la política rusa está impulsada por intereses y, al mismo tiempo, observar que muchas de las atribuciones comunes sobre sus objetivos son analíticamente débiles.

El escepticismo protege contra la exageración, no contra la responsabilidad.

La ingenuidad se manifiesta menos en la credulidad que en la simplificación. Quien crea que la política internacional sigue líneas morales claras está subestimando la realidad. Los Estados no actúan como personas, no reaccionan de forma lineal y rara vez persiguen un único objetivo.

No es ingenuo creer en las negociaciones. Es ingenuo verlas como una solución sencilla. Es igualmente ingenuo interpretar cada medida de seguridad como una provocación o cada escalada como inevitable.

Precisamente por eso es importante no irse al extremo opuesto: La crítica de las narrativas alarmistas no debe conducir a la banalización de los conflictos reales.

De qué no se debe acusar a Rusia

De los capítulos anteriores puede extraerse una línea clara. No existen pruebas fiables de que Rusia esté llevando a cabo un plan de expansión militar a gran escala hacia los territorios de la OTAN o de que quiera restaurar la Unión Soviética en un sentido territorial. Esta suposición se repite a menudo, pero rara vez se corrobora.

Ni de los discursos de Putin ni de la situación rusa de costes y beneficios puede deducirse un interés racional en dar ese paso. Los riesgos superan con creces las posibles ganancias.

Esta afirmación no es una exoneración de la política rusa, sino una categorización analítica.

No obstante, hay que confiar en Rusia

Al mismo tiempo, sería deshonesto deducir de esta categorización una falta general de peligro. Rusia persigue intereses claramente definidos, especialmente en su vecindad inmediata. Está dispuesta a hacer valer estos intereses por la fuerza si los considera existenciales.

Esto se aplica sobre todo a las cuestiones de las zonas de influencia, la arquitectura de seguridad y la orientación política de los Estados vecinos. Esta actitud es problemática, propensa al conflicto y muy arriesgada para los países afectados.

El escepticismo también significa no ignorar este lado.

Un punto analítico central de este artículo es la distinción entre influencia y expansión. La influencia puede ejercerse política, económica o militarmente sin mover las fronteras. La expansión, en cambio, implica un cambio territorial permanente con todas las obligaciones que de ello se derivan.

Muchos malentendidos surgen porque se confunden estos niveles. Quienes interpretan automáticamente cualquier ejercicio de influencia como precursor de la expansión llegan inevitablemente a conclusiones alarmistas. A la inversa, quienes ignoran las pretensiones de influencia no reconocen las verdaderas causas de los conflictos.

Los análisis serios respetan sistemáticamente esta distinción.

Por qué la diferenciación no es un lujo

En los debates acalorados, la diferenciación suele considerarse una debilidad. Sin embargo, en política exterior y de seguridad, es un requisito previo para la capacidad de actuar. Las percepciones erróneas son peligrosas, no sólo porque favorecen las decisiones equivocadas, sino también porque pueden reforzar las dinámicas de escalada.

Un adversario percibido exclusivamente como un agresor irracional deja poco margen para la desescalada. Al mismo tiempo, la racionalidad no debe confundirse con la inocuidad.

Este equilibrio es incómodo, pero necesario.

Lo que sigue - muy práctico

Una conclusión seria de los capítulos anteriores es, por tanto:

  • La vigilancia tiene sentido, el alarmismo no.
  • La disuasión puede estabilizar, la dramatización no.
  • Las negociaciones no son un signo de debilidad, pero tampoco son garantía de paz.
  • Las narraciones pueden orientar, pero no deben sustituir al análisis.

Esta actitud es menos espectacular que las consignas claras. Es más difícil de tuitear, de corear y de moralizar. Pero es más sostenible.

Un alegato a favor de la disciplina mental

Entre el escepticismo y la ingenuidad se encuentra algo que se ha vuelto raro en los debates políticos: la disciplina intelectual. La voluntad de no dejarse llevar por el miedo. La capacidad de ver varios niveles al mismo tiempo. Y la valentía de cuestionar las narrativas simples sin comprometerse con una contranarrativa.

Con esta actitud se puede comprender mejor no sólo este conflicto, sino la realidad política en su conjunto. El capítulo final no es, por tanto, una conclusión en el sentido tradicional, sino más bien un resumen sosegado de las ideas centrales: por qué es necesario pensar más y dar menos titulares en este momento.

Disciplina mental y diplomacia

Más reflexión, menos titulares: Una perspectiva prudente

No hay un juicio final al término de este artículo. El mundo es demasiado complejo, la política demasiado compleja y el comportamiento humano demasiado contradictorio. Lo que queda es más bien una actitud, o quizá mejor: una esperanza.

La esperanza de que los debates políticos vuelvan a basarse más en hechos que en narraciones. Que las afirmaciones no se crean porque se repitan a menudo, sino porque son verificables. Y que el escepticismo no se vea como una amenaza, sino como un componente necesario del pensamiento responsable.

Las narrativas son convenientes, la realidad es agotadora

Las narrativas tienen una ventaja: son sencillas. Organizan el mundo en categorías claras, asignan culpabilidades y transmiten una sensación de orientación. Son especialmente seductoras en tiempos de incertidumbre. Reducen la complejidad y proporcionan alivio emocional.

Pero es precisamente ahí donde reside el peligro. Quienes confían demasiado en los relatos olvidan cómo hacer preguntas. Los que confunden los titulares con la realidad pierden de vista el panorama general. Y quienes basan las decisiones políticas únicamente en el miedo no aumentan la seguridad, sino la inseguridad.

Un mundo seguro no se crea con una vigilancia permanente, sino con una sobria evaluación de los riesgos y de los límites.

Los hechos no crean certidumbre, sino estabilidad

Los hechos suelen ser incómodos. Rara vez proporcionan héroes y villanos claros, rara vez soluciones sencillas. Nos obligan a soportar contradicciones y a aceptar la ambivalencia. Pero tienen una ventaja decisiva: limitan las interpretaciones erróneas.

Esta limitación es crucial en política internacional. Los malentendidos, los juicios erróneos y las proyecciones son algunas de las causas más comunes de escalada. Cuanto más claramente se evalúen mutuamente los actores, menor será la probabilidad de que se produzcan conflictos involuntarios.
Los hechos no crean armonía. Pero sí crean previsibilidad.

La seguridad empieza por pensar

La política de seguridad suele entenderse como una cuestión militar o técnica. Pero empieza mucho antes: en la forma en que pensamos. En la forma de describir las amenazas, de interpretar los intereses y de utilizar el lenguaje.

Si se maximiza inmediatamente cada escenario, no hay lugar para los matices. Si cualquier diferenciación se considera una debilidad, la calidad de las decisiones disminuye. Y cuando las narrativas sustituyen a los análisis, la política pierde su capacidad de dirección.

Un mundo seguro requiere, por tanto, no sólo defensa, sino también disciplina mental.

El papel del público

El público también tiene responsabilidad, no en el sentido de culpa, sino en el de impacto. El consumo de los medios de comunicación, los debates políticos y las redes sociales refuerzan ciertas interpretaciones y suprimen otras. Cuanto más ruidosa es una narrativa, más difícil es percibir argumentos más silenciosos.

Pero la esfera pública no es un espacio estático. Cambia con las preguntas que se hacen, y con las que no deben hacerse. Quienes están dispuestos a cuestionar las narrativas sin adoptar reflexivamente contranarrativas contribuyen a una cultura del debate más estable.

No se trata de una retirada de una postura política. Es su requisito previo.

Un modesto deseo

Quizás sea ingenuo esperar que los hechos prevalezcan sobre las narrativas a largo plazo. Es probable que las narrativas sigan formando parte de los debates políticos. Pero no es ingenuo desear que no sean ellas las que determinen cómo vemos el mundo.

Si este artículo contribuye un poco a aclarar términos, confundir hábitos de pensamiento y animar a la gente a mirar más de cerca, entonces habrá cumplido su propósito.
No porque ofrezca respuestas, sino porque mantiene abiertas las preguntas.

Un mundo seguro no se crea esperando constantemente lo peor. Se crea tomándose en serio la realidad, en toda su complejidad. Menos titulares, más reflexión. Menos certeza, más escrutinio.

Quizá no sea una afirmación espectacular. Pero es viable.

Y a veces eso es exactamente suficiente.


Fuentes y antecedentes del tema

  1. Kremlin.ru - Discurso anual ante la Asamblea Federal (25/04/2005): Offizielles Transkript der Rede, in der Putin den Zerfall der Sowjetunion als „(one of) the greatest geopolitical catastrophes“ des 20. Jahrhunderts bezeichnet und dabei vor allem soziale, demografische und staatliche Folgen für Russland und Russen außerhalb der Russischen Föderation anspricht.
  2. FAS / IRP - Traducción al inglés del discurso sobre el estado de la nación de Putin en 2005: Sekundärquelle, die eine englische Übersetzung/Übernahme der Rede von 2005 dokumentiert und die berühmte „geopolitical catastrophe“-Passage gut auffindbar macht.
  3. Kremlin.ru - Discurso del presidente de la Federación Rusa (18/03/2014, „Discurso sobre Crimea“): Offizielles Transkript der Rede zur Aufnahme der Krim.
  4. Kremlin.ru - Reunión en apoyo de la adhesión de Crimea (18.03.2014): Ergänzende Primärquelle vom selben Tag (öffentliche Ansprache/Veranstaltung).
  5. Kremlin.ru - Artículo de Vladímir Putin „Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos“ (12.07.2021)Fuente primaria de la línea de interpretación histórica de Putin sobre Rusia/Ucrania. Relevancia: Muchas interpretaciones occidentales de las imágenes objetivo rusas hacen referencia a esta estructura de argumentación; aquí está plenamente documentada en el contexto original.
  6. OSW (Centro de Estudios Orientales) - Análisis del ensayo de Putin (13.07.2021): Fachliche Einordnung des 2021er Essays durch ein etabliertes Osteuropa-Thinktank.
  7. Kremlin.ru - Discurso del Presidente de la Federación Rusa (21.02.2022)Fuente primaria inmediatamente anterior al reconocimiento de las „Repúblicas Populares“ de Donetsk/Luhansk. Importante porque muchas justificaciones del debate (OTAN, arquitectura de seguridad, historia) se basan en este discurso.
  8. Kremlin.ru - Discurso del Presidente de la Federación Rusa (24.02.2022)Fuente primaria para la justificación del ataque del 24/02/2022. Relevancia: Aquí puede leerse íntegramente lo que se reivindicó como objetivos y cómo los dirigentes justificaron la operación.
  9. Naciones Unidas - Documento S/2022/154 (24/02/2022): UN-Dokumentation, die Putins Rede vom 24.02.2022 als Anlage/Referenz führt.
  10. OTAN - El Tratado del Atlántico Norte (Texto oficial)Texto oficial del tratado, base de los artículos 5/6 y categorización jurídica de lo que significa un „ataque armado“ y qué obligación se deriva de él (incluida la expresión „las medidas que considere necesarias“).
  11. OTAN - Defensa colectiva y artículo 5 (Declaración, actualizada)Página de referencia de la OTAN que resume el Artículo 5 de forma comprensible, aporta contexto y explica la lógica funcional (asistencia sí, pero tipo/alcance a determinar políticamente). Muy adecuada para los lectores que no quieran leer el tratado en alemán o inglés.
  12. Parlamento Europeo (EPRS) - Sesión informativa sobre el art. 5 de la OTAN y el art. 42(7) de la UEComparación compacta de las cláusulas de defensa colectiva de la OTAN y la UE. Útil para una explicación jurídica/conceptual clara de las diferencias entre la asistencia de la OTAN y la de la UE.
  13. Reuters - Putin: „ningún interés“ en invadir Polonia/Letonia (08.02.2024): Nachrichtenbericht mit zentraler, häufig zitierter Aussage aus dem Carlson-Interview, in der Putin einen Angriff auf NATO-Staaten verneint.
  14. Reuters - Putin: Rusia no atacará a la OTAN; contexto F-16 (27.03.2024)Informe sobre las declaraciones de Putin a los pilotos de las fuerzas aéreas, incluida la lógica de la escalada (F-16, posible definición de objetivos para despegues desde terceros países). Relevancia: muestra simultáneamente el apaciguamiento („no atacar a la OTAN“) y la retórica amenazante/disuasoria en el contexto de Ucrania.
  15. Reuters - Panorama general: ¿Qué ocurrió en las últimas conversaciones directas de paz de 2022? (12.05.2025): Strukturierte Zusammenfassung der Belarus-/Istanbul-Gespräche 2022, inklusive Kernpunkte der Entwürfe und Streitfragen (Neutralität, Garantien, Truppenstärke, Krim-Frage).
  16. Reuters - Informe sobre las últimas rondas de conversaciones/posiciones (03/06/2025): Reuters-Bericht über erneute direkte Kontakte und große Distanz der Positionen, einschließlich Darstellung russischer Forderungen und der politischen Spannungen um Verhandlungsformate.
  17. Reuters - Putin: Ofrecer gas a través del gasoducto intacto Nord Stream 2; Alemania lo rechaza (14.10.2022): Konkreter, datierter Reuters-Beleg für die Debatte um die verbliebene intakte NS2-Röhre und die politische Nichtannahme.
  18. Reuters - Putin: Rusia puede seguir suministrando gas a través del NS2 (05.10.2023): Reuters-Meldung, die das wiederholte Signal („bereit zu liefern“, eine Leitung intakt) dokumentiert.
  19. Reuters - Explicación: Nord Stream, daños, obstáculos, contexto político (07.03.2025): Hintergrundstück über den Zustand der Pipelines und politische/technische Hürden einer Rückkehr.
  20. Reuters - Kremlin: el tramo intacto del Nord Stream podría activarse rápidamente (26/09/2025): Prueba posterior de Reuters de que la parte rusa sigue insistiendo públicamente en la „reactivabilidad“. Relevancia: muestra la continuidad de la señalización a lo largo de los años.
  21. Bruegel - Análisis sobre el gas/tránsito ruso y las opciones de la UE (17/10/2024)Documento de un think tank europeo sobre la situación del gas, el tránsito por Ucrania y las opciones estratégicas. Útil para entender por qué Europa se centra estructuralmente en la diversificación, independientemente de las declaraciones políticas individuales.
  22. Reuters - Trump: EEUU no defenderá a los que no paguen (07.03.2025)Reuters como prueba del „factor de incertidumbre estadounidense“ que ha intensificado los debates en Europa sobre la independencia y la defensa nuclear.
  23. Reuters - Reacciones a las declaraciones de Trump sobre la OTAN (12.02.2024): Pruebas contextuales de que el debate sobre la fiabilidad de los EE.UU. no es sólo una interpretación europea, sino que fue controvertido en los propios EE.UU.
  24. U.S. Congress (CRS) - Tratado del Atlántico Norte: Obligaciones legales y autoridad del Congreso (Legal Sidebar): Juristische Einordnung aus US-Kongressperspektive, inklusive Diskussion der gesetzlichen Hürden gegen einen einseitigen NATO-Austritt (Stichwort: Section 1250A).
  25. Reuters - Merz: conversaciones sobre un paraguas nuclear europeo (29.01.2026): Reuters evidencia el actual debate europeo sobre la disuasión nuclear/escudo protector como reacción a la inseguridad transatlántica.
  26. Reuters - Macron abre el debate sobre la ampliación del escudo nuclear francés (05/03/2025): Reuters-Quelle, die die französische Position (Gesprächsbereitschaft, aber nationale Kontrolle) dokumentiert
  27. Tagesspiegel - Entrevista con Joschka Fischer sobre la nueva situación mundial (29.01.2026): Primäre Medienquelle für Fischers Aussage, Europa müsse über nukleare Abschreckung/„europäische Atombombe“ nachdenken, begründet mit Unsicherheit der US-Schutzgarantie.
  28. Stern - Resumen/noticias sobre la iniciativa Fischer (29/01/2026)Informe secundario que resume brevemente la posición de Fischer y puede servir de referencia adicional junto a la entrevista original.
  29. Reuters - Merz: la UE está dispuesta a dialogar en principio, pero sin „canales paralelos“ (06/02/2026): Aktueller Reuters-Beleg dafür, dass „Dialog“ öffentlich als Option genannt wird, gleichzeitig aber politisch kontrolliert und koordiniert bleiben soll.

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Preguntas más frecuentes

  1. ¿Pretende este artículo justificar o defender la política rusa?
    No. El artículo no pretende explícitamente defender o justificar la política rusa. Más bien intenta separar afirmaciones, narraciones y atribuciones de declaraciones verificables e intereses comprensibles. Criticar las acciones rusas sigue siendo posible y necesario, pero aquí se hace sobre una base analítica y no sobre supuestos morales.
  2. ¿Por qué se hace tanto hincapié en lo que Putin dijo realmente?
    Porque las valoraciones políticas sólo son viables si se basan en declaraciones verificables. En el debate público, los objetivos de Putin son a menudo interpretados, exagerados o derivados de citas individuales. Este artículo pretende demostrar que a menudo existe una gran distancia entre la interpretación y las declaraciones verificables, y que esta distancia es relevante para las decisiones políticas.
  3. ¿Significa eso que debemos creer sin más las declaraciones rusas?
    No. Las declaraciones de los dirigentes estatales siempre están guiadas por intereses. El artículo no aboga por la buena fe, sino por la categorización. Entre la confianza ciega y el rechazo generalizado hay un espacio en el que las declaraciones pueden examinarse, contextualizarse y compararse con los hechos.
  4. ¿Por qué la Unión Soviética sigue desempeñando un papel tan importante en el debate actual?
    Porque durante décadas estuvo anclado en Occidente como una amenaza central. Esta imagen histórica del terror sigue teniendo efecto hoy en día y caracteriza, a menudo inconscientemente, la percepción de Rusia. El artículo muestra que esta impronta dice más de los hábitos de pensamiento occidentales que de los planes concretos de Rusia en el siglo XXI.
  5. ¿De verdad que las acciones de Rusia en Ucrania no pueden trasladarse a Europa?
    El artículo argumenta que una transferencia automática no es analíticamente sólida. Ucrania tiene un papel especial en la política rusa, que está justificado histórica, cultural y estratégicamente - independientemente de cómo se evalúe esta justificación. Si de ahí se deriva directamente un plan de ataque contra los países de la OTAN se omiten varios pasos intermedios necesarios.
  6. ¿Por qué un ataque a un país de la OTAN sería tan ilógico para Rusia?
    Porque un ataque de este tipo causaría enormes costes militares, económicos y políticos sin aportar ninguna ganancia estratégica reconocible. Desencadenaría cadenas de escalada casi imposibles de controlar y limitaría drásticamente el margen de maniobra internacional de Rusia.
  7. Pero, ¿no sigue siendo necesaria la disuasión?
    Sí, el artículo no cuestiona la disuasión. Sin embargo, distingue entre disuasión y alarmismo. La disuasión se basa en la claridad y la previsibilidad. El alarmismo, en cambio, puede reforzar las percepciones erróneas y distorsionar las reacciones políticas.
  8. ¿Por qué el artículo hace tanto hincapié en los costes y las pérdidas?
    Porque los actores racionales -especialmente los Estados- no actúan en contra de sus propios intereses estructurales a largo plazo. Si se quiere entender lo que es probable, hay que preguntarse qué ganaría o perdería un actor. Las categorías morales no explican por sí solas las decisiones geopolíticas.
  9. ¿Las ofertas de negociación de Rusia son serias o sólo tácticas?
    Ambas cosas son posibles. El artículo deja claro que las ofertas de diálogo ni prueban automáticamente un deseo de paz ni carecen de sentido. Forman parte de la comunicación política y deben clasificarse como tales, sin idealizarlas ni devaluarlas en general.
  10. ¿Por qué se trata con tanto detalle la cuestión energética?
    Porque la energía fue durante años un vínculo central entre Rusia y Europa. El hecho de que se discutiera sobre el suministro de gas incluso después del comienzo de la guerra demuestra que los niveles económico y político no estaban completamente desacoplados. Este hecho encaja mal en las simples narrativas bélicas, pero es analíticamente relevante.
  11. ¿Por qué se presentan las narrativas como tan problemáticas?
    Las narrativas no son erróneas per se, pero simplifican la realidad. Se vuelven problemáticas cuando sustituyen al análisis. En política de seguridad, esto puede ser peligroso porque favorece las percepciones erróneas y las reacciones exageradas.
  12. ¿No es peligroso cuestionar las narrativas mientras se desarrolla una guerra?
    Lo peligroso no es el cuestionamiento, sino la aceptación acrítica. La disciplina mental es especialmente importante en tiempos de crisis. Diferenciarse no significa trivializar los conflictos, sino comprenderlos mejor.
  13. ¿Qué significa concretamente „entre el escepticismo y la ingenuidad“?
    No significa ni creerlo todo ni rechazarlo todo. El escepticismo pone a prueba, la ingenuidad simplifica. Una actitud seria tolera las contradicciones, acepta la incertidumbre y evita sacar conclusiones precipitadas.
  14. ¿Qué papel desempeña el debate europeo sobre su propio escudo de defensa nuclear?
    Muestra incertidumbre sobre las dependencias a largo plazo, no necesariamente la desintegración de la OTAN. El artículo califica este debate de medida de precaución, no de prueba de una amenaza o debilidad inmediata.
  15. ¿Pueden derivarse de este artículo recomendaciones políticas concretas?
    Este artículo no pretende ser un programa político. Pretende ofrecer una base para la reflexión, no instrucciones para la acción. Su recomendación es más metódica: mirar más de cerca, hacer una distinción clara, reaccionar menos emocionalmente.
  16. ¿Por qué se hace tanto hincapié en el sonido y el lenguaje?
    Porque el lenguaje moldea la realidad. Términos como „inevitable“, „sin alternativa“ o „ataque inminente“ influyen en la percepción y las decisiones. El artículo intenta utilizar un lenguaje que explique en lugar de escalar.
  17. ¿No es este enfoque demasiado sobrio para un momento tan emotivo?
    Tal vez. Pero precisamente por eso es necesario. Las emociones son comprensibles, pero no sustituyen al análisis. La sobriedad no es una falta de compasión, sino un requisito previo para una política responsable.
  18. Como lector, ¿qué debería sacar en conclusión de este artículo?
    No una nueva certeza, sino más criterio. La capacidad de reconocer narraciones, clasificar hechos y distinguir entre la preocupación justificada y el miedo exagerado. Si esto se consigue, el artículo habrá logrado su objetivo.

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