Hay personas cuyo pensamiento te gusta seguir no porque estés de acuerdo con ellas en todo, sino porque se esfuerzan por penetrar en las cosas. Para mí, Ulrike Guérot es una de esas voces. Llevo unos años viendo sus conferencias, no con regularidad, no como un ritual, sino cuando me encuentro con un tema que me parece digno de atención. Lo que me llama la atención es que sus argumentos son serenos, estructurados y en gran medida no ideológicos.
Esto no hace que sus conferencias sean espectaculares en el sentido mediático, pero son sostenibles. Se la puede escuchar durante mucho tiempo sin tener la sensación de que intenta vender una visión del mundo ya hecha. Especialmente en una época en que los debates políticos suelen estar cargados de moral o truncados emocionalmente, esta forma de hablar parece casi anticuada. En el mejor sentido de la palabra.