Vivimos tiempos revueltos. La guerra, el terror, la violencia... todo ello vuelve a estar muy presente. En las noticias, en los debates políticos, en las conversaciones al margen. Se toman decisiones sobre la guerra y la paz, a menudo con rapidez, a menudo con gran determinación. Se esgrimen argumentos, se sopesan, se justifican. Y, sin embargo, me queda una sensación de inquietud.
No porque crea que todo es fácil o porque sueñe con un mundo sin conflictos. Sino porque me doy cuenta de las pocas veces que se plantea una pregunta muy concreta. Una pregunta que no es ni jurídica ni militar. Una pregunta que no se refiere a la culpabilidad ni a la justicia, sino a algo más fundamental. Esta pregunta es: ¿Qué le pasa a una persona cuando mata a otra?
Este artículo es un intento de plantear esta cuestión con calma y sobriedad, sin acusaciones, sin patetismo moral y sin instrumentalizar la actualidad.