Hay artistas que plasman su opinión sobre el papel como un sello: visible, inconfundible, a veces incluso un poco barato. Y luego está Vicco von Bülow -Loriot-, que personifica todo lo contrario: Desparpajo sin fanfarronería. Podía ser muy claro cuando quería. Pero no lo hacía señalando con el dedo, sino con una precisión que primero lleva a la risa y luego -casi imperceptiblemente- entrega la seriedad. Esto es especialmente evidente en entrevistas posteriores: no habla con eslóganes, sino con matices. A menudo hay más lenguaje llano entre líneas que el que puede encontrarse en muchos discursos en voz alta.
Y quizá sea aquí donde comienza el verdadero retrato: no con los famosos esbozos, no con las citas que todo el mundo conoce, sino con la cuestión de cómo se convierte una persona para poder mirar el mundo con tanta bondad como implacable precisión.