A primera vista, la inteligencia artificial parece casi ingrávida. Escribes una pregunta y la respuesta aparece segundos después. No hay ruido, ni humo, ni movimiento visible. Todo parece ocurrir „en la nube“. Este es precisamente el error de pensamiento. La IA no es magia abstracta, sino el resultado de procesos físicos muy concretos. Detrás de cada respuesta hay centros de datos, líneas eléctricas, sistemas de refrigeración, chips e infraestructuras enteras. Cuanto más se introduce la IA en nuestra vida cotidiana, más visible se hace esta realidad. Y aquí es donde empieza la cuestión de la sostenibilidad.
Cualquiera que hable de IA sin hablar de energía, recursos e infraestructuras sólo está describiendo la superficie. Este artículo va más allá. No con alarmismo, sino con una mirada sobria a lo que la IA necesita realmente para funcionar, hoy y en el futuro.