Si echamos un vistazo sobrio a las cifras, nos frotaremos los ojos: los actuales países BRICS representan casi la mitad de la población mundial. Miles de millones de personas viven en estos países, trabajan en ellos, producen, consumen, construyen infraestructuras y forjan su futuro. En términos de población, producción económica (especialmente en términos de poder adquisitivo) y materias primas, no son en absoluto un fenómeno marginal en la política mundial. Y, sin embargo, los países BRICS no suelen desempeñar más que un papel secundario en la información diaria de los medios de comunicación occidentales, a menudo reducida a acontecimientos puntuales, conflictos o palabras de moda.
Aquí es precisamente donde entra este artículo. No para celebrar o defender a los BRICS, sino para entender qué hay detrás de este acrónimo, cómo surgió y por qué desempeña hoy un papel que no puede simplemente ignorarse.