Si echamos un vistazo sobrio a las cifras, nos frotaremos los ojos: los actuales países BRICS representan casi la mitad de la población mundial. Miles de millones de personas viven en estos países, trabajan en ellos, producen, consumen, construyen infraestructuras y forjan su futuro. En términos de población, producción económica (especialmente en términos de poder adquisitivo) y materias primas, no son en absoluto un fenómeno marginal en la política mundial. Y, sin embargo, los países BRICS no suelen desempeñar más que un papel secundario en la información diaria de los medios de comunicación occidentales, a menudo reducida a acontecimientos puntuales, conflictos o palabras de moda.
Aquí es precisamente donde entra este artículo. No para celebrar o defender a los BRICS, sino para entender qué hay detrás de este acrónimo, cómo surgió y por qué desempeña hoy un papel que no puede simplemente ignorarse.
Por qué el BRICS apenas se celebra en este país
En Europa -y especialmente en Alemania- la visión del mundo ha sido fuertemente transatlántica durante décadas. Los centros de gravedad políticos, económicos y culturales están principalmente en Estados Unidos y en la UE. Esto es históricamente comprensible y ha tenido éxito durante mucho tiempo. Al mismo tiempo, sin embargo, esta perspectiva significa que los acontecimientos fuera de este marco se perciben a menudo como secundarios.
El BRICS encaja mal en este orden familiar. Esta asociación de Estados no es ni un aliado clásico ni un claro oponente, ni una alianza militar ni una unión económica al estilo europeo. Es incoherente, contradictoria y difícil de clasificar. Esto es precisamente lo que la hace incómoda para muchos equipos editoriales, y explica por qué a menudo sólo aparece cuando resulta adecuada como contrapunto a „Occidente“.
La abreviatura que es más que una palabra política de moda
El término „BRIC“ no procede originalmente de la política, sino del mundo de las finanzas. A principios de la década de 2000, un economista occidental lo utilizó para describir las economías emergentes que se esperaba que crecieran con fuerza a largo plazo: Brasil, Rusia, India y China. Se trataba de inversión, no de política mundial.
Sólo más tarde se añadió Sudáfrica, y „BRIC“ se convirtió en „BRICS“.
Este origen es importante porque demuestra: El BRICS no fue un invento antioccidental, ni un contraproyecto a la OTAN o la UE. Comenzó con una sobria observación de la evolución económica, formulada desde una perspectiva occidental.
Del concepto de análisis a la realidad política
Con el paso de los años, el término se convirtió en un formato político. Los países participantes empezaron a reunirse periódicamente, a coordinar posturas y a publicar declaraciones conjuntas. Una etiqueta se convirtió en un grupo de diálogo, y el grupo de diálogo en una asociación informal de Estados. Al principio, la atención se centraba en cuestiones muy concretas:
- ¿Cómo responder a las crisis financieras mundiales?
- ¿Cómo garantizar que nuestros intereses se tienen debidamente en cuenta en instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial?
- ¿Por qué contribuimos cada vez más a la economía mundial, pero tenemos comparativamente poca influencia en sus reglas?
Estas cuestiones no eran -y son- ideológicas, sino sistémicas. Se refieren a la distribución del poder, la representación y la estabilidad.
Los BRICS como expresión de un cambio
El hecho de que los BRICS atraigan tanta atención hoy en día se debe menos a intenciones agresivas que a un cambio fundamental en el orden mundial. La fase en la que el poder económico y político se concentraba casi exclusivamente en Occidente está llegando visiblemente a su fin. Están surgiendo nuevos centros y las viejas certezas están perdiendo su validez.
El BRICS es un síntoma de esta evolución. Esta asociación de Estados reúne a países calificados desde hace tiempo de „emergentes“ y que hoy son pilares de la economía mundial en muchos ámbitos. Sus intereses no siempre coinciden, sus sistemas políticos son muy diferentes, al igual que sus experiencias históricas. Lo que les une no es tanto una ideología compartida como la experiencia de que las estructuras existentes no reflejan adecuadamente su realidad.
No un frente unido, sino una comunidad de propósitos
Un error común en el debate público es considerar a los BRICS como un bloque cerrado. No es así. En ocasiones existen tensiones considerables, intereses contrapuestos y objetivos estratégicos diferentes entre los Estados miembros. India y China, por ejemplo, están estrechamente entrelazados económicamente, pero son rivales geopolíticos. Brasil tiene prioridades distintas a las de Rusia, Sudáfrica tiene prioridades distintas a las de los países del Golfo.
Es precisamente esta falta de uniformidad la que pone de manifiesto que el BRICS no funciona como un instrumento clásico de poder. Las decisiones se toman por consenso y los compromisos suelen ser deliberadamente vagos. Esto puede parecer ineficaz desde una perspectiva occidental, pero protege a la organización de las desavenencias internas.
Por qué es necesario este artículo
En el debate público, a menudo se sobrevalora o se descarta al BRICS. Algunos lo ven como el comienzo de un nuevo orden mundial, otros como una ronda de conversaciones sin importancia real. Ambas visiones se quedan cortas.
Para poder clasificar a los BRICS se necesita distancia, contexto y profundidad histórica. Hay que entender de dónde viene este formato, qué problemas quiere abordar y qué expectativas son realistas y cuáles no. Este artículo pretende hacer precisamente eso.
Su objetivo no es advertir ni tranquilizar, sino explicar. Porque si se quiere entender la evolución mundial, no hay forma de eludir a los BRICS, independientemente de las opiniones políticas que se tengan sobre cada uno de los Estados miembros.
Así pues, los capítulos siguientes continúan paso a paso: desde los orígenes históricos, pasando por la estructura institucional y la realidad económica, hasta la cuestión de cómo podrían Europa y Alemania afrontar esta evolución. No en el sentido de un "o lo uno o lo otro", sino en el de una evaluación abierta y sobria de la situación actual.
El BRICS no es un tema marginal. Y precisamente por eso merece algo más que titulares: una mirada serena y explicativa.
La crisis financiera de 2008 como catalizador
La crisis financiera mundial de 2008 y 2009 fue mucho más que un bache económico temporal. Puso en tela de juicio supuestos fundamentales en los que se había basado el orden económico internacional durante décadas. Los bancos empezaron a tambalearse, los Estados tuvieron que rescatar enormes sumas de dinero y de repente quedó claro lo frágil que podía ser un sistema que hasta entonces se había considerado en gran medida estable.
Esta crisis fue una llamada de atención para muchos países, incluidos los que más tarde se unieron bajo el acrónimo BRICS.

Quién pagó la factura y quién dictó las normas
Llama la atención que, aunque la crisis se originó en los mercados financieros de los países industrializados occidentales, sus consecuencias se dejaron sentir en todo el mundo. Incluso países que habían tenido poca influencia en la aparición de los problemas se enfrentaron a caídas del comercio, salidas de capital e incertidumbre económica. Al mismo tiempo, se puso de manifiesto que las estructuras centrales de toma de decisiones seguían estando fuertemente dominadas por los países occidentales, por ejemplo en el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.
Esto creó una sensación de tensión para las economías emergentes: contribuían cada vez más al crecimiento mundial, pero tenían comparativamente poca influencia en cómo se gestionaban las crisis y qué reformas se adoptaban.
El sentimiento de infrarrepresentación estructural
Países como China, India y Brasil, en particular, tenían un dinamismo económico considerable incluso antes de la crisis. Sin embargo, esta realidad no se reflejaba suficientemente en los derechos de voto, las cuotas o las posiciones de liderazgo en las instituciones internacionales. Aunque se anunciaron reformas, los avances fueron lentos y a menudo no estuvieron a la altura de las expectativas.
La crisis financiera exacerbó este desequilibrio. Mientras los países occidentales elaboraban amplios paquetes de rescate y estabilizaban sus sistemas financieros, a muchos otros países les tocó el papel de espectadores, con todas las consecuencias para sus propias economías. La cuestión de si el sistema existente seguía siendo adecuado para su propósito se hizo inevitable.
De los intereses individuales a una perspectiva compartida
En esta situación se inició un replanteamiento. Los últimos países BRICS se dieron cuenta de que tenían experiencias similares y se planteaban preguntas parecidas. No en el sentido de un proyecto ideológico común, sino por necesidad práctica. ¿Cómo garantizar la estabilidad económica si los mecanismos centrales de control están fuera de su propia esfera de influencia? ¿Cómo protegerse mejor contra los choques externos?
Al principio, la respuesta fue prudente y pragmática: intercambio, coordinación, acuerdo. Nada de grandes programas ni de reivindicaciones revolucionarias, sino la simple necesidad de dejar de depender exclusivamente de las decisiones de los demás.
El papel del G20 y sus límites
El G20 cobró importancia en la fase inmediata a la crisis. Pretendía ofrecer un foro más amplio que la ronda tradicional del G7 e incluir también a las principales economías emergentes. Para muchos de los implicados, se trataba de un paso en la dirección correcta. Sin embargo, al mismo tiempo quedó claro que, incluso en este marco ampliado, seguían prevaleciendo las viejas relaciones de poder.
El G20 siguió siendo un importante foro de debate, pero fue incapaz de resolver la cuestión fundamental de la representación duradera. Para los últimos Estados BRICS, quedó claro que la integración selectiva no bastaba para corregir los desequilibrios estructurales.
Un efecto a menudo subestimado de la crisis financiera fue la pérdida de confianza. No sólo hacia los bancos o los productos financieros, sino también hacia la capacidad de las instituciones existentes para reconocer las crisis en una fase temprana y limitarlas eficazmente. Para los países situados fuera del núcleo occidental, se planteó cada vez más la cuestión de si querían atar completamente su futuro económico a un sistema en cuyos mecanismos de control apenas podían influir.
Esta desconfianza no se expresó en un rechazo abierto, sino en el deseo de mecanismos de seguridad adicionales. La gente no quería irse, pero quería alternativas.
Del análisis a la acción
En este contexto, el término „BRIC“, originalmente puramente analítico, adquirió un nuevo significado. Los países implicados empezaron a verse no sólo como casos similares en un estudio, sino como actores con intereses comunes. Las reuniones a nivel ministerial, y más tarde a nivel de Jefes de Estado y de Gobierno, fueron la consecuencia lógica.
El tono siguió siendo objetivo. No se trataba de confrontación, sino de complementariedad. La crisis financiera ha demostrado que la estabilidad mundial no puede ser garantizada por unos pocos actores. Muchos países comparten esta constatación, aunque saquen conclusiones diferentes.
Por qué se reunieron estos países
El hecho de que Brasil, Rusia, India y China -a los que más tarde se unió Sudáfrica- eligieran este camino tuvo menos que ver con la proximidad ideológica que con su posición en el sistema mundial. Eran lo bastante grandes como para tener peso, pero no lo bastante poderosos como para establecer las reglas por sí solos. Al mismo tiempo, tenían suficiente sustancia económica para apoyar sus propias iniciativas a largo plazo.
La crisis financiera actuó aquí como una lupa. Hizo visible lo que hasta entonces había permanecido más bien abstracto: la discrepancia entre la realidad económica y el poder político.
Echando la vista atrás, puede decirse que la crisis financiera no fue la causa, sino el acelerador decisivo para el surgimiento de los BRICS. Unió desarrollos ya existentes, consolidó intereses y creó el espacio para nuevas formas de cooperación. Sin la crisis, el BRICS podría haber seguido siendo una nota marginal en la historia económica. Con ella, se convirtió en un formato políticamente relevante.
El siguiente capítulo examina cómo surgieron estructuras concretas de esta coordinación inicialmente laxa, y por qué los BRICS eligieron deliberadamente un camino distinto al de las organizaciones occidentales tradicionales.
Cumbre de los BRICS en Johannesburgo: ¿cambio de poder o proyección?
El programa de la ZDFheute sitúa la cumbre de los BRICS en Johannesburgo en un contexto geopolítico más amplio. La cuestión central es si está surgiendo un nuevo orden mundial y qué papel desempeñan en él los países BRICS. La guerra de Ucrania constituye un importante telón de fondo, pero no es el único tema de la reunión.
El Brics en lugar del G7: cómo una potencia mundial se amolda a Occidente | El G7 en lugar del Brics ZDFhoy en directo
Los observadores consideran que Rusia y China, en particular, intentan capitalizar el descontento con el orden internacional percibido como dominado por Occidente y utilizarlo para ampliar la alianza. El vídeo también arroja luz sobre la creciente importancia económica y demográfica de los Estados BRICS, el interés de otros muchos países por adherirse y las posibles consecuencias para Europa, Occidente y los conflictos internacionales actuales.
Cómo el BRICS ha llegado a ser capaz de actuar sin estrechar sus miras
Tras las primeras cumbres y declaraciones conjuntas, el BRICS se enfrentó a una bifurcación clásica: o seguía siendo un foro de diálogo con un efecto simbólico, o creaba estructuras que también pudieran tener un efecto práctico en caso de emergencia. La decisión se tomó deliberadamente a favor de una vía intermedia. El BRICS quería ser más capaz de actuar sin forzarse a un conjunto rígido de normas ni copiar una organización supranacional basada en el modelo occidental.
Este enfoque sigue caracterizando a la asociación de Estados en la actualidad. Explica por qué el BRICS cuenta con unos pocos instrumentos, pero cuidadosamente seleccionados, y por qué muchas cosas se dejaron deliberadamente abiertas.
Consenso en lugar de gobernar a través de
Una característica central de los BRICS es el principio del consenso. Las decisiones no se imponen por mayoría, sino que sólo se toman si todos los participantes están de acuerdo. A primera vista, esto parece lento y engorroso. En realidad, es consecuencia de la heterogeneidad de los Estados miembros: diferentes sistemas políticos, modelos económicos, intereses regionales y experiencias históricas.
La ventaja de este enfoque reside en su estabilidad. Lo que se decide tiene un alto nivel de aceptación. La desventaja es obvia: los proyectos ambiciosos sólo pueden llevarse a cabo paso a paso. El BRICS acepta conscientemente esta limitación, como precio de la cohesión.
La delimitación deliberada de la UE y la OTAN
El BRICS no está concebido ni como unión económica ni como alianza militar. No existe una administración general, una legislación estandarizada ni mecanismos de sanción vinculantes. Esto hace que la alianza sea fundamentalmente diferente de la Unión Europea o la OTAN.
Esta delimitación no es casual. Muchos países BRICS han aprendido históricamente que unos lazos institucionales demasiado fuertes restringen el margen de acción política. En consecuencia, son reacios a establecer estructuras conjuntas. Cooperación sí - transferencia de soberanía no.
El Nuevo Banco de Desarrollo como herramienta central
El paso institucional más importante fue la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD). Marca la transición de la mera coordinación a la aplicación concreta. El objetivo del banco es financiar proyectos de infraestructura y desarrollo en los Estados miembros y en determinados países socios, como complemento de las instituciones existentes, no para sustituirlas.
El NDB sigue deliberadamente principios diferentes a los de los bancos de desarrollo tradicionales. Los proyectos deben aprobarse más rápidamente, tener más en cuenta las necesidades regionales y contener menos condiciones políticas. Al mismo tiempo, su organización sigue siendo relativamente sencilla. No es un instrumento financiero global, sino una herramienta específica.
No es casualidad que los BRICS hayan establecido estructuras en el sector financiero de todos los ámbitos. La experiencia de la crisis financiera ha demostrado hasta qué punto la estabilidad económica depende de la financiación externa, las cuestiones monetarias y los flujos de capital. Quienes carecen de apalancamiento propio son especialmente vulnerables en tiempos de crisis.
Por ello, además del NDB, se creó un mecanismo conjunto de reservas para proporcionar liquidez en caso de emergencia. No se pretende que sea una alternativa de pleno derecho a los paquetes de rescate internacionales, sino una salvaguardia adicional. Una vez más, el patrón básico es evidente: no sustituir, sino complementar.
Menos visible, pero políticamente significativo
Muchas de estas estructuras parecen poco espectaculares desde fuera. No hay grandes edificios centrales, ni portavoces presentes a diario, ni normas y reglamentos detallados. Esta es precisamente la razón por la que a menudo se subestiman en Occidente. Sin embargo, su importancia política reside menos en su tamaño que en la señal que envían: los países BRICS ya no quieren depender exclusivamente de las instituciones existentes.
Esta señal no sólo se dirige hacia el exterior, sino también hacia el interior. Refuerza la autoimagen de los países implicados como actores que dan forma al sistema, y no como meros participantes en un sistema determinado por otros.
Formatos flexibles en lugar de dispositivos fijos
Además de los instrumentos financieros, el BRICS se ha apoyado en un gran número de grupos de trabajo temáticos, reuniones ministeriales y formatos de diálogo. Estos abarcan desde los negocios y las finanzas hasta la salud, la educación, la ciencia y las cuestiones de seguridad. Se caracterizan por su flexibilidad: no todos los temas tienen que ser tratados con la misma intensidad por todos los Estados miembros.
Este principio de „geometría variable“ permite avanzar allí donde los intereses coinciden sin bloquear toda la organización. Al mismo tiempo, evita que el BRICS se pierda o se sobrecargue en cuestiones de detalle.
Por qué el BRICS sigue deliberadamente „incompleto“
Desde una perspectiva occidental, los BRICS parecen a menudo inacabados. Faltan responsabilidades claras, normas vinculantes e instituciones aplicables. Sin embargo, es precisamente este carácter incompleto lo que forma parte del concepto. El BRICS se ve a sí mismo menos como un orden acabado y más como un proceso.
Este proceso permite la personalización. Se pueden incluir nuevos temas, cambiar formatos y modificar prioridades sin necesidad de largas modificaciones contractuales. En un mundo cada vez más dinámico e imprevisible, esto es una ventaja para muchos de los implicados.
La estructura elegida también hizo posible que el BRICS creciera más adelante. Podrían integrarse nuevos miembros y socios sin tener que reorganizar fundamentalmente las instituciones existentes. La baja densidad institucional actúa como amortiguador contra la sobrecarga.
De este modo, el BRICS sentó pronto las bases para su posterior expansión, no a través de normas de adhesión detalladas, sino mediante la apertura y la adaptabilidad.
Entre la aspiración y la realidad
Por supuesto, quedan preguntas sin respuesta. ¿Hasta qué punto son resistentes las estructuras creadas en caso de emergencia? ¿Bastan la cooperación voluntaria y el consenso para actuar con eficacia en las crisis mundiales? Estas dudas están justificadas y han acompañado al BRICS desde el principio.
Al mismo tiempo, los progresos realizados hasta la fecha demuestran que la asociación de Estados ha encontrado su propio camino: cauteloso, pragmático y deliberadamente diferente de los modelos occidentales. El próximo capítulo mostrará cómo afronta esta estructura el creciente número de miembros y las crecientes expectativas, y qué tensiones se derivan de ello.
Crecimiento y expansión: por qué los BRICS se han hecho más grandes y complejos al mismo tiempo
Con una visibilidad cada vez mayor y un peso económico creciente, los BRICS se situaron inevitablemente en el punto de mira de otros países. Países de Asia, Oriente Medio, África y América Latina observaron atentamente el desarrollo de la alianza y se plantearon una sencilla pregunta:
¿Podría este formato ser también relevante para nosotros?
El BRICS se enfrentaba así a un reto que muchas organizaciones internacionales conocen bien: ¿Cómo seguir siendo capaces de actuar cuando crece el interés? ¿Y cómo evitar que la expansión lleve a la dilución?

La expansión no como una casualidad, sino como una estrategia
La creación del BRICS no fue un acto espontáneo, sino el resultado de largos debates. Desde el principio quedó claro que, aunque el grupo original de cinco miembros era simbólicamente fuerte, no representaba toda la amplitud del llamado „Sur Global“. Si el BRICS quería ser algo más que un club exclusivo, tenía que encontrar la manera de incluir a otros.
No se trataba de la masa por la masa, sino de la complementariedad estratégica. Los nuevos miembros debían aportar alcance regional, recursos económicos o importancia geopolítica, sin destruir el frágil equilibrio de la alianza.
El gran paso a partir de 2023
Este enfoque se aplicó visiblemente por primera vez con las decisiones de ampliación a partir de 2023. Varios países fueron invitados a unirse al BRICS, mientras que a otros se les otorgó un nuevo estatus como los denominados países asociados. De este modo, la asociación abandonó por fin la fase de círculo cerrado y se abrió al exterior.
Este paso marcó un punto de inflexión. Los BRICS no sólo crecieron, sino que también se diversificaron cultural, económica y políticamente. Al mismo tiempo, la complejidad de la coordinación aumentó considerablemente.
Afiliación plena y asociación: dos niveles de afiliación
Para gestionar esta complejidad, el BRICS optó por un modelo escalonado. Además de los miembros de pleno derecho, ahora hay Estados asociados que pueden participar en determinados formatos sin tener que cumplir todas las obligaciones de la adhesión.
Esta diferenciación es más que un detalle técnico. Permite a los países acercarse al BRICS sin implicarse de inmediato en los procesos internos. Crea flexibilidad para la propia asociación: la cooperación puede profundizarse sin sobrecargar los mecanismos de toma de decisiones.
Atractivo a pesar de las contradicciones internas
Es notable que el interés por los BRICS esté creciendo precisamente a pesar de -o quizá debido a- su falta de unidad. Los Estados miembros no están unidos por una ideología común, un sistema político o una visión coherente del mundo. Esto es precisamente lo que resulta atractivo para muchos candidatos a la adhesión.
El BRICS no promete un marco normativo, sino un margen de maniobra. No exige armonización política ni la adopción de valores o modelos institucionales específicos. La cooperación se basa en cuestiones concretas y es voluntaria. En un mundo en el que muchos Estados hacen hincapié en su soberanía, este es un argumento de peso.
Casos especiales y cuestiones pendientes
Sin embargo, la ampliación también trajo consigo incertidumbres. No todos los Estados invitados completaron la adhesión sin problemas ni ambigüedades. Algunos mantuvieron deliberadamente abiertas sus opciones, otros dudaron por razones de política interior o exterior.
Esta ambigüedad demuestra que el BRICS no es un proyecto cerrado, sino un proceso de negociación. La adhesión no es automática, sino el resultado de consideraciones políticas, tanto por parte de la asociación como de los candidatos.
Más peso, pero menos visión de conjunto
El peso demográfico, económico y geopolítico de los BRICS aumenta con cada nuevo miembro. Al mismo tiempo, resulta cada vez más difícil formular posiciones comunes. Los intereses divergen, las prioridades cambian y los conflictos regionales repercuten en la alianza.
El principio de consenso, que ha dado estabilidad a los BRICS hasta la fecha, se ve así más cuestionado. Las decisiones tardan más, las formulaciones se vuelven más prudentes, los proyectos más fragmentados. Lo que desde fuera parece vacilación es a menudo expresión de un intento de evitar rupturas.
La expansión de los BRICS es menos una expresión de sus propias ambiciones de poder que un reflejo de los cambios mundiales. Muchos países buscan formatos que les permitan más autonomía sin forzarlos a alianzas rígidas. Los BRICS ofrecen una plataforma para ello, no perfecta, pero abierta.
En este sentido, el crecimiento no es un fin en sí mismo, sino una reacción a un mundo en el que los centros de poder tradicionales pierden importancia relativa y surgen nuevas redes.
Equilibrio entre apertura y capacidad de actuación
Por tanto, la cuestión clave para los BRICS no es si deben seguir creciendo, sino cómo. Una expansión demasiado rápida o descontrolada podría sobrecargar la ya frágil coordinación. Demasiada moderación, a su vez, podría enfriar el interés de los socios potenciales.
Hasta ahora, el BRICS ha intentado resolver este equilibrio de forma pragmática: mediante una afiliación gradual, formatos flexibles y compromisos deliberadamente vagos. Queda por ver si este enfoque será sostenible a largo plazo, pero está en consonancia con la lógica básica de la organización.
Con la expansión, el carácter de los BRICS también está cambiando. Un grupo manejable de economías emergentes se está convirtiendo en una amplia red de cooperación que conecta diferentes regiones y etapas de desarrollo. Esto aumenta la importancia política, pero también las expectativas del exterior.
El próximo capítulo mostrará cómo puede clasificarse económicamente esta estructura evolucionada: ¿Qué poder real trae consigo la ampliación? ¿Y dónde están los límites si se analizan con sobriedad las cifras, el comercio y los recursos?
Población, PIB y exportaciones de bienes en comparación
| Cifra clave (año) | BRICS (10) | UE (27) | EE.UU. |
|---|---|---|---|
| Población (cuota mundial) | 48,5% (2024) | ≈450 millones (01/2025) | 341,8 millones de euros (07/2025) |
| PIB nominal (actual US$) | - (muy heterogéneo; véase PPP) | 19,5 billones $ (2024) | 28,8 billones $ (2024) |
| PIB (PPA), cuota mundial | 40% (2024) | 14,23% (2024) | 14,8% (2024) |
| Exportaciones de bienes, cuota mundial | 24,6% (2024) | 27,9% (2024) | ≈8.3% (2024) |
Peso de los BRICS en las materias primas mundiales
| Peso de los BRICS en materias primas (2024) | Compartir | Fuente | Sugerencia |
|---|---|---|---|
| Tierras raras (reservas) | 72% | Datos BRICS | indicadas como „reservas |
| Producción mundial de petróleo | 43,6% | Datos BRICS (AIE) | Reparto de la producción |
| Producción mundial de gas | 36% | Datos BRICS (AIE) | Reparto de la producción |
| Superficie (mundial) | 36% | Datos BRICS | Cobertura territorial |
Realidad económica en lugar de titulares: qué significa realmente BRICS en términos económicos
Casi ningún otro tema relacionado con los BRICS se trata de forma tan contradictoria como su importancia económica. En algunos relatos, la asociación de Estados aparece ya como la nueva potencia mundial dominante que ha superado económicamente a Occidente. Otras voces, sin embargo, descartan al BRICS como un grupo laxo de países heterogéneos cuya cooperación económica apenas tiene efectos mensurables. Ambas opiniones se quedan cortas.
La única manera de clasificar de forma realista a los BRICS es analizar con sobriedad las cifras, las estructuras y los puntos de referencia, sin titulares y sin carga política.
Uno de los principales motivos de malentendidos reside en la elección de las cifras clave. Dependiendo de si se considera el producto interior bruto, el poder adquisitivo, el comercio o los mercados financieros, se obtiene una imagen muy diferente.
Con especial frecuencia se hace referencia al producto interior bruto según la paridad del poder adquisitivo (PPA). Esta cifra tiene en cuenta lo que la gente puede comprar realmente con sus ingresos en su propio país. Medidos de este modo, los países BRICS representan hoy una parte muy importante de la producción económica mundial, mayor que la de los países tradicionales del G7. Este dato es correcto y demuestra la enorme „masa“ económica de este grupo de Estados.

Masa no equivale a poder de mercado
Al mismo tiempo, el poder adquisitivo no es lo mismo que el poder del mercado internacional. El PIB nominal, es decir, la producción económica a tipos de cambio corrientes, desempeña un papel decisivo en el comercio mundial, los mercados de capitales, las importaciones de tecnología y las sanciones. Desde esta perspectiva, los países BRICS siguen estando por detrás de los países industrializados occidentales - especialmente por detrás de la combinación de EE.UU. y la Unión Europea.
Esta diferencia es importante. Explica por qué los BRICS están menos presentes en la vida cotidiana de muchas empresas, inversores y consumidores occidentales de lo que sugieren sus cifras de población o PPA.
La población como factor estructural
Sin embargo, el factor demográfico es indiscutible. Los países BRICS representan una proporción significativa de la población mundial. Esto no significa automáticamente prosperidad, pero sí potencial a largo plazo: mano de obra, mercados internos, demanda, urbanización.
Desde una perspectiva económica, se trata de una palanca lenta pero sostenible. Aquí el crecimiento se genera menos por estímulos financieros a corto plazo y más por la industrialización gradual, el desarrollo de infraestructuras y el aumento del consumo. Estos procesos son desiguales y difíciles de controlar, pero caracterizan el desarrollo económico mundial durante décadas.
Comercio minorista: fuerte, pero con una estructura diferente
Existen más diferencias en el comercio internacional. Los países BRICS son grandes exportadores, sobre todo de materias primas, productos intermedios y, cada vez más, también de bienes industriales. No obstante, su participación en el comercio mundial es notablemente inferior a la de las naciones industrializadas tradicionales, especialmente si se consideran los servicios y los bienes industriales de alta calidad.
Occidente -especialmente Europa y Estados Unidos- sigue dominando muchas cadenas de valor con márgenes elevados: ingeniería mecánica, productos químicos, tecnología médica, software, servicios financieros. El BRICS está representado en diversos grados en estas áreas, pero no es en absoluto el líder unificado.
Energía y materias primas: mucha sustancia, poca unidad
A menudo se asocia a los BRICS con la abundancia de energía y materias primas. De hecho, varios Estados miembros poseen importantes yacimientos de petróleo, gas, metales y materias primas estratégicas. Esto confiere a la alianza un peso potencial, pero no automático.
Las materias primas por sí solas no crean dominio económico. Los factores decisivos son la transformación, la tecnología, la logística y los mercados de venta. Además, los países BRICS compiten a menudo entre sí como proveedores. Por tanto, una política común de materias primas es mucho más difícil de lo que sugieren las simples cifras porcentuales.
Diferentes etapas de desarrollo
Otro aspecto que suele faltar en las descripciones simplificadas es la enorme dispersión interna. Dentro de los BRICS hay regiones muy industrializadas, economías emergentes dinámicas y países con considerables problemas estructurales. La productividad, los niveles educativos, las infraestructuras y la estabilidad institucional difieren drásticamente en algunos casos.
Esta heterogeneidad limita la integración económica a corto plazo. También es una de las razones por las que los BRICS se centran más en la coordinación que en la estandarización. En estas condiciones, unas reglas económicas estandarizadas o unos mercados comunes difícilmente serían viables.
Mercados financieros y capitales
En los mercados financieros también se observa un panorama claro: los principales centros financieros occidentales -Nueva York, Londres, Fráncfort- siguen dominando los flujos de capital, las valoraciones y las decisiones de inversión. Los países BRICS han establecido sus propios centros financieros, pero su alcance internacional es limitado.
Esto explica por qué muchas iniciativas de los BRICS en el sector financiero se formulan cuidadosamente. No se trata tanto de sustituir las estructuras existentes como de crear opciones adicionales, por ejemplo en la financiación del desarrollo o los préstamos regionales.
La importancia económica como proceso a largo plazo
En resumen: en términos económicos, el BRICS no es ni una ilusión ni un bloque todopoderoso. Su fuerza reside en el cambio a largo plazo de las ponderaciones económicas, no en el dominio a corto plazo. Quien sólo se fije en las cuotas de mercado actuales está subestimando la tendencia. Quien deduzca un nuevo orden mundial a partir de cifras clave individuales lo está sobrevalorando.
Esta ambivalencia no es un signo de debilidad, sino la expresión de una fase de transición. La importancia económica de los BRICS está creciendo, de forma lenta, desigual y a menudo más discreta de lo que sugieren los titulares.
El siguiente capítulo aborda un aspecto especialmente delicado de esta evolución: las monedas, los sistemas de pago y la cuestión de por qué se habla a menudo de revolución en este ámbito, aunque en realidad lo que prima son los pasos evolutivos.
Divisas, pagos y la gran trampa del malentendido
Cuando se habla de los BRICS, surge casi inevitablemente un término que despierta emociones de inmediato: la desdolarización. La gente se apresura a hablar de una supuesta moneda mundial de los BRICS, del fin del dólar estadounidense o de un inminente punto de inflexión financiero. Estos titulares son pegadizos, pero tienen poco que ver con la realidad.
Una mirada especialmente sobria merece el ámbito de las divisas y los sistemas de pago. Al fin y al cabo, se trata de un buen ejemplo de la facilidad con que pueden malinterpretarse o simplificarse deliberadamente procesos complejos.

El dólar como realidad, no como ideología
El dólar estadounidense sigue siendo hoy la moneda de reserva dominante en el mundo. Desempeña un papel central en el comercio internacional, en los mercados financieros, en las materias primas y como moneda de reserva de los bancos centrales. Esta posición ha crecido históricamente y se basa no sólo en la influencia política, sino también en la profundidad, liquidez y confianza en los mercados subyacentes.
Los países BRICS también operan en esta realidad. Comercian en dólares, tienen reservas en dólares y dependen de estructuras financieras basadas en el dólar en muchos ámbitos. Quien concluya de ello que el BRICS quiere sustituir al dólar a corto plazo está juzgando mal tanto las dependencias como los intereses de los países implicados.
La crítica real de los países BRICS no se dirige contra el dólar en sí, sino contra la unilateralidad de la dependencia. Cualquiera que maneje gran parte de su comercio exterior, su financiación o sus reservas a través de una moneda única se hace vulnerable, por ejemplo, a la política de tipos de interés, la volatilidad de los mercados financieros o las tensiones geopolíticas.
Desde esta perspectiva, el debate sobre las divisas no es ideológico, sino de política de riesgos. Se trata de diversificación, no de confrontación.
Monedas locales en lugar de fantasías globales
En este contexto, las iniciativas de los BRICS se centran principalmente en ampliar el comercio en monedas locales. Esto significa que las relaciones comerciales bilaterales o regionales se llevan a cabo cada vez más sin desviarse a través del dólar, por ejemplo entre China y Brasil, India y Rusia u otros socios.
No se trata de un paso revolucionario, sino de un ajuste técnico y organizativo. Este tipo de acuerdos también existen fuera de los BRICS y se practican desde hace décadas. Lo nuevo es la creciente coordinación sistemática dentro de un grupo más amplio de Estados.
Sistemas de pago: Infraestructura en lugar de simbolismo
Otro foco de atención son los sistemas de pago. En la actualidad, los pagos internacionales dependen en gran medida de unas pocas infraestructuras situadas en los países occidentales. Para muchos países, se plantea la cuestión de si tiene sentido desarrollar canales de pago adicionales, no como sustitución, sino como complemento.
Esto implica cuestiones técnicas: compensación, liquidación, interoperabilidad entre bancos, seguridad de las transacciones. Estas cuestiones son complejas, poco espectaculares y poco aptas para titulares. Precisamente por eso a menudo se ignoran, aunque sean cruciales a largo plazo.
Por qué no es realista una moneda mundial de los BRICS
La idea de una moneda común de los BRICS, que se baraja una y otra vez, no resiste un examen más detenido. Faltan los prerrequisitos económicos para ello: las tasas de inflación, las políticas monetarias, los controles de capital y la profundidad de los mercados financieros son demasiado diferentes. Incluso en áreas económicas mucho más homogéneas, una moneda común es un proyecto extremadamente difícil.
Esto también se reconoce abiertamente en el seno de los BRICS. Las consideraciones correspondientes siguen siendo teóricas o se relativizan rápidamente. En la práctica, la atención se centra en soluciones funcionales más que en proyectos simbólicos a gran escala.
Lo que en realidad puede observarse en el ámbito de la moneda y los pagos es una evolución gradual. Nuevos acuerdos, ajustes técnicos, procesos de aprendizaje institucional. Cada paso individual es pequeño, a menudo apenas perceptible. En conjunto, sin embargo, pueden contribuir a reducir las dependencias y aumentar el margen de maniobra.
Este enfoque evolutivo encaja con el carácter general de los BRICS. En lugar de atacar frontalmente las estructuras existentes, se están desarrollando opciones paralelas. Esto es menos espectacular, pero mucho más realista.
Por qué Occidente se equivoca a menudo
Una de las razones de los malentendidos radica en las percepciones occidentales. Muchos debates son fuertemente binarios: a favor o en contra del dólar, a favor o en contra del sistema existente. El BRICS, sin embargo, opera en una zona gris. Acepta la realidad del sistema, pero intenta afianzarse mejor dentro de él.
Esta diferenciación suele perderse en el debate público. En su lugar, cada paso técnico se interpreta como una declaración política de guerra. Esto no sólo conduce a interpretaciones erróneas, sino que también dificulta un debate objetivo.
En definitiva, puede decirse que Las iniciativas de los BRICS en materia de divisas y pagos son la expresión de un enfoque pragmático de los riesgos mundiales. No pretenden dominar, sino resistir. No pretenden sustituir, sino complementar. Si quiere entender el BRICS, aquí es exactamente donde debe empezar. No por los anuncios espectaculares, sino por los cambios silenciosos y técnicos. Dicen más sobre las intenciones reales que cualquier titular.
El siguiente capítulo mira hacia el exterior: ¿Cómo reaccionan los Estados y las instituciones occidentales ante estos acontecimientos? ¿Y por qué a Occidente a menudo le resulta difícil distinguir entre crítica justificada y proyección?
Cómo ve Occidente a los BRICS: entre la ignorancia, la defensa y el error de apreciación
Durante muchos años, los BRICS apenas desempeñaron un papel en el discurso occidental. La asociación de Estados se percibía como una ronda suelta de conversaciones, una etiqueta analítica sin peso político. En redacciones, ministerios y think tanks, el BRICS se consideraba interesante pero no decisivo. Reconocían que los países que estaban creciendo se reunían allí, pero no veían razón alguna para cuestionar fundamentalmente su propio orden.
Esta fase de ignorancia era cómoda. Permitía conservar las categorías familiares de poder e influencia e interpretar los acontecimientos mundiales como una continuación de lo familiar.

De pasar por alto a alertar
Con el tiempo, el tono cambió. A más tardar con la visible expansión del BRICS, con nuevos miembros y una creciente atención internacional, comenzó una fase de sobreinterpretación. En algunos comentarios, un formato anteriormente infravalorado se convirtió de repente en un bloque antioccidental, una amenaza sistémica o incluso un adversario de Occidente.
Este cambio dice menos de los BRICS que de las percepciones occidentales. Refleja la dificultad de aceptar un mundo en el que el poder ya no está claramente localizado.
La proyección de las propias experiencias
Una razón fundamental de estos juicios erróneos reside en la proyección de nuestras propias experiencias institucionales. Occidente se caracteriza por alianzas claramente estructuradas: el G7, la Unión Europea y la OTAN. Estos formatos se basan en normas vinculantes, instituciones fijas y un fundamento normativo común.
El BRICS funciona de forma diferente. Prescinde deliberadamente de estrechos lazos institucionales, de mecanismos de sanción vinculantes y de una interpretación estandarizada de los valores. Cualquiera que mida a los BRICS con criterios occidentales llegará inevitablemente a conclusiones erróneas: de debilidad o de agresión encubierta.
Puntos de crítica - justificados y abreviados al mismo tiempo
Las críticas occidentales al BRICS no son infundadas. Entre los puntos que se mencionan con frecuencia figuran la falta de transparencia, la falta de claridad en los procesos de toma de decisiones, las contradicciones internas y las tensiones políticas entre los Estados miembros. También se critica la coexistencia de sistemas autoritarios y democráticos.
Todos estos puntos son reales. Resulta problemático cuando se condensan en juicios generales. La diversidad interna de los BRICS no se considera entonces una característica estructural, sino la prueba de una supuesta incompetencia. Esto pasa por alto el hecho de que es precisamente esta diversidad un requisito previo para la existencia de la organización.
Entre la moral y la ceguera estratégica
Otro aspecto es la reivindicación normativa de Occidente. A Europa en particular -y a la Unión Europea en particular- le gusta verse a sí misma como una comunidad de valores. Esta reivindicación ha crecido históricamente y tiene muchos aspectos positivos. Sin embargo, puede conducir a una ceguera estratégica si oscurece la visión de los intereses, los cambios de poder y las formas alternativas de cooperación.
El BRICS no cuestiona abiertamente esta afirmación, sino que la ignora en gran medida. La cooperación no se basa en valores compartidos, sino en intereses compartidos. Para muchos observadores occidentales, esto es difícil de categorizar, por lo que a menudo se interpreta como un déficit.
Existe una fuerte tendencia a la simplificación en el debate público. Se presenta a los BRICS como un bloque monolítico o como una construcción ineficaz sin futuro. Ambas cosas dificultan un análisis más profundo. Rara vez se escuchan análisis diferenciados que tengan en cuenta la dinámica interna, los objetivos contrapuestos y los procesos de aprendizaje.
Esta simplificación es comprensible, pero peligrosa. Conduce a que las decisiones políticas y económicas se basen en supuestos que sólo se corresponden parcialmente con la realidad.
Seguridad occidental en lugar de análisis
No es infrecuente que la visión de los BRICS sirva también para tranquilizar a Occidente. Al describir la alianza como atrasada, contradictoria o ineficaz, se confirma implícitamente el propio orden como superior y sin alternativa. Esto puede tener un efecto tranquilizador a corto plazo, pero impide la adaptación a largo plazo.
La historia demuestra que los cambios de poder rara vez son lineales. A menudo se anuncian en voz baja, se ignoran durante mucho tiempo y de repente se perciben como una crisis. El BRICS no es una revolución, pero indica que las coordenadas mundiales están cambiando.
El nivel de diálogo perdido
Otro punto ciego es la falta de diálogo real. Occidente habla a menudo de los BRICS, pero rara vez con ellos. Los foros conjuntos se utilizan para marcar posiciones, más que para intercambiar perspectivas. Esto perpetúa los malentendidos por ambas partes.
Habría numerosos puntos de contacto: Comercio, clima, infraestructuras, salud, tecnología. Muchas de estas cuestiones se están negociando a escala mundial, a menudo en paralelo, pero no juntas.
La visión occidental de los BRICS vacila actualmente entre la defensa y la adaptación. Por un lado, existe el impulso de defender las estructuras existentes y restar importancia a los nuevos formatos. Por otro, existe una conciencia cada vez mayor de que los retos mundiales no pueden resolverse sin la participación de nuevos actores. Esta tensión aún no se ha resuelto. Caracteriza el debate actual y será cada vez más importante en los próximos años.
En el capítulo siguiente, la atención se centra en Europa y Alemania. La cuestión es especialmente aguda allí: ¿Cómo posicionarse en un mundo que ya no está claramente dividido en campos occidentales y no occidentales? ¿Qué postura es sostenible a largo plazo desde el punto de vista político, económico y estratégico?
China y los BRICS: equilibrio de poder en lugar de pensamiento de bloque
En este episodio del podcast se pone de manifiesto que el papel de China dentro de los Estados BRICS no es unidimensional ni está exento de conflictos. Aunque China es el actor económico dominante, forma parte de una alianza que se centra conscientemente en la igualación y el equilibrio de intereses. La sinóloga Susanne Weigelin-Schwiedrzik analiza cómo las acciones estratégicas de China influyen en la estructura de poder mundial, menos como una confrontación abierta que como un cambio de posición a largo plazo. Al mismo tiempo, destaca las tensiones internas dentro de los BRICS, por ejemplo entre China, Rusia e India, y hace referencia a los antecedentes históricos.
De China a Rusia: ¿cuán poderosos son los BRICS? | LOOKAUT
Europa también entra en el punto de mira: Se analizan los estrechos lazos transatlánticos, así como el posible papel de Europa como actor mediador en un mundo cada vez más multipolar.
Europa y Alemania: un lugar incómodo en un mundo multipolar
Para Europa -y especialmente para Alemania- el BRICS no es un debate geopolítico abstracto, sino una cuestión muy concreta sobre su propia posición. Durante décadas, la orientación de la política exterior y económica fue clara: inserción transatlántica, coordinación europea, organización basada en reglas. Este modelo ha permitido estabilidad, prosperidad e influencia política. Sin embargo, presupone que el mundo sigue organizado en bloques manejables.
Esta premisa empieza a tambalearse. El BRICS es emblemático de un mundo en el que el poder ya no está claramente distribuido y en el que la cooperación se organiza cada vez más como una red en lugar de como un bloque.
Europa, legisladora con cada vez menos influencia
Tradicionalmente, la Unión Europea se ve a sí misma como una entidad que establece reglas: estándares, normas, procedimientos. Esta imagen de sí misma es comprensible y le ha valido el reconocimiento internacional. Al mismo tiempo, cada vez es más evidente que la elaboración de normas pierde su impacto sin la suficiente influencia económica y política.
En un mundo en el que cada vez más países siguen su propio camino y utilizan foros alternativos, el modelo europeo está llegando a sus límites. El BRICS no sigue la lógica institucional de la UE ni tiene interés en hacerlo. Esto enfrenta a Europa a la cuestión de cómo lidiar con actores que deliberadamente operan fuera de su propio marco regulador.
Alemania entre la moral y el interés
Esta cuestión es especialmente delicada para Alemania. El país está muy orientado a la exportación, es pobre en materias primas y depende en gran medida de unas relaciones internacionales estables. Al mismo tiempo, en los últimos años Alemania se ha centrado más en el posicionamiento normativo en su política exterior.
Este enfoque no es erróneo per se. Se vuelve problemático cuando las actitudes morales y la realidad económica se distancian permanentemente. El BRICS hace visible esta tensión porque muchos de sus Estados miembros son económicamente relevantes para las empresas alemanas, independientemente de las diferencias políticas.
En el debate alemán se plantea cada vez más la cuestión de si sigue siendo suficiente una orientación consecuentemente transatlántica. O si no tendría más sentido actuar abiertamente en varios frentes, sin renunciar a lealtades, pero también sin limitarse.
El BRICS no nos obliga a decidir entre „Occidente“ y „no Occidente“. Más bien plantea la cuestión de si estas categorías siguen siendo apropiadas. Para un país como Alemania, que históricamente se ha beneficiado del comercio, la igualación y la creación de redes, no se trata de una consideración trivial.
Europa como espectadora o cocreadora
Un riesgo clave para Europa reside en limitarse a comentar los acontecimientos en lugar de darles forma activamente. Quienes evalúan a los BRICS exclusivamente desde la distancia -ya sea de forma crítica o defensiva- están renunciando a oportunidades de ejercer influencia. Sin embargo, muchas cuestiones sólo pueden avanzar juntas: Política climática, infraestructuras, sanidad, cadenas de suministro globales.
Esto no significa buscar acríticamente cualquier forma de cooperación. Pero sí significa mantener abiertos los canales de diálogo y exponer claramente los intereses, sin sobrecargarlos de moralina.
El peligro de la unilateralidad estratégica
Una de las lecciones aprendidas en los últimos años es que la unilateralidad estratégica nos hace vulnerables. Las dependencias -ya sea en energía, materias primas o mercados- sólo se vuelven problemáticas cuando no hay alternativas. El BRICS es percibido como atractivo por muchos países precisamente porque abre opciones adicionales. La pregunta crucial para Europa podría ser:
- ¿Cómo crear sus propias opciones sin aislarse?
- ¿Cómo seguir siendo capaz de actuar en un mundo que ya no funciona según un único modelo de referencia?
Entre la adaptación y la autoafirmación
Europa no se enfrenta a la disyuntiva de „volverse hacia“ los BRICS o alejarse de ellos. El verdadero reto consiste en redefinir su propio papel. Esto requiere adaptabilidad, pero también autoafirmación. No todos los nuevos formatos tienen automáticamente sentido, no todas las cooperaciones son absolutamente necesarias.
Al mismo tiempo, debemos reconocer que el equilibrio mundial está cambiando, independientemente de cómo lo valoremos. Ignorar esta realidad significa perder margen de maniobra.
El debate alemán se pone al día
En Alemania, este debate no ha hecho más que empezar. Durante mucho tiempo se asumió que la creación de redes económicas y la proximidad política podían mantenerse congruentes a largo plazo. Los BRICS demuestran que este supuesto no siempre se cumple. Las relaciones económicas se desarrollan cada vez más incluso allí donde el acuerdo político es limitado.
Esto exige una sobria reevaluación de las estrategias de comercio exterior, más allá de las palabras de moda y los reflejos.
No hay instrucciones claras al final de este capítulo. Esto no es un defecto, sino intencionado. El BRICS no obliga a Europa y Alemania a tomar decisiones rápidas, pero sí a emprender una honesta autorreflexión. ¿Qué papel queremos desempeñar? ¿Qué intereses son fundamentales? ¿Y dónde estamos dispuestos a transigir?
Estas preguntas no pueden responderse en un solo artículo. Sin embargo, constituyen el telón de fondo de la última mirada al futuro: al BRICS como expresión de un mundo multipolar, y a las oportunidades y limitaciones que encierra para todos los implicados.
Encuesta actual sobre la confianza en la política y los medios de comunicación
Perspectivas - Los BRICS, síntoma de un mundo en transición
Al final de este artículo no hay deliberadamente ninguna conclusión en el sentido tradicional. El desarrollo de los BRICS es demasiado abierto, demasiado dinámico y demasiado parte de un proceso en curso para ello. Cualquiera que intente hacer juicios concluyentes hoy corre el riesgo de revelar más sobre sus propias expectativas que sobre la realidad. El BRICS no es un modelo acabado - y obviamente no quiere serlo.
Ahí radica precisamente su importancia. La asociación de Estados es menos una respuesta que un indicio: de un mundo que se reorganiza sin haber encontrado ya un nuevo orden fijo.
Los BRICS como espejo de los cambios mundiales
El BRICS no explica el mundo, sino que lo refleja. Diferentes niveles de desarrollo, sistemas políticos, intereses y conflictos coexisten y buscan formas de coexistencia. El hecho de que esto no se traduzca en un programa cohesionado no es señal de fracaso, sino expresión de la diversidad a la que tiene que hacer frente hoy la política mundial.
En este sentido, el BRICS es menos un instrumento de poder que un intento de coordinación. Sigue siendo fragmentario, a veces contradictorio, a menudo cauteloso. Sin embargo, son precisamente estas características las que lo hacen adecuado para los países que ni quieren adscribirse claramente a un bloque ni pueden actuar completamente solos.
Los límites del formato
Al mismo tiempo, no deben pasarse por alto los límites. En un futuro previsible, los BRICS no formularán una política exterior unificada, no aplicarán una política económica común ni seguirán una línea estratégica unificada. Los intereses son demasiado diferentes, las tensiones internas demasiado grandes y la decisión en contra de instituciones fijas demasiado consciente.
Quienes esperen que el BRICS sea una nueva superpotencia se sentirán decepcionados. Sin embargo, quienes lo reconozcan como un marco flexible que permite la cooperación sin forzarla serán más realistas.
Uno de los principales malentendidos es esperar que los cambios globales sean repentinos. Sin embargo, la historia suele ser gradual. El poder no cambia de la noche a la mañana, sino a lo largo de años y décadas, a través de la demografía, la economía, la tecnología y los procesos de aprendizaje político.
El BRICS encaja en este patrón. No cambia la estructura internacional de forma abrupta, sino gradual. Muchos efectos permanecen invisibles durante mucho tiempo, otros se sobreestiman. A menudo, sólo en retrospectiva se reconoce qué acontecimientos fueron realmente formativos.
Occidente como parte de la historia, no su antítesis
Una reflexión importante para concluir: El BRICS no existe contra Occidente, sino junto a él. Ambos forman parte de la misma historia global. La suposición de que inevitablemente debe haber un ganador y un perdedor se deriva de pensar en términos de frentes claros, lo que solo hace justicia limitada al mundo actual.
Para los países occidentales, y para Europa en particular, el reto no radica tanto en defenderse de los BRICS como en su propia capacidad de adaptación. Los que permanezcan abiertos a nuevos formatos sin renunciar a sus propios principios conservarán margen de maniobra. En cambio, los que se limiten a mantener las distancias corren el riesgo de perder importancia.
La apertura como recurso estratégico
Tal vez sea ésta la lección más importante que cabe extraer de los acontecimientos hasta la fecha: la apertura no es una debilidad, sino un recurso estratégico. No significa arbitrariedad, sino la capacidad de tolerar y procesar productivamente intereses diferentes.
El BRICS ofrece un campo experimental para ello, imperfecto, pero real. Demuestra que la cooperación es posible incluso sin un acuerdo total. Que el pragmatismo a veces va más allá que la ideología. Y que hoy en día el poder procede menos del dominio que de la creación de redes.
La historia sigue avanzando
La evolución de los BRICS dependerá de muchos factores: reformas internas, crisis mundiales, cambios tecnológicos y, por último, pero no por ello menos importante, el comportamiento de otros actores. Sólo una cosa es segura: la historia no ha terminado. Seguirá escribiéndose, en silencio, contradictoriamente y a menudo más allá de los grandes titulares.
Por tanto, este artículo sólo puede ser una instantánea. Intenta poner orden en un tema complejo sin pretender ser la verdad última. Quien quiera entender los BRICS debe estar preparado para soportar la incertidumbre y aceptar la ambivalencia.
Al final, no hay instrucciones claras para la acción, ni un juicio inequívoco, ni una narración final. Esto no es un defecto, sino el estado apropiado de las cosas en un mundo en transición. El BRICS forma parte de esta fase de transición, ni más ni menos.
Quizá la asociación de Estados haya adoptado una forma diferente dentro de diez o veinte años. Quizá pierda importancia o se transforme en otras estructuras. Tal vez se establezca como un elemento permanente. Todo eso está abierto.
Sin embargo, hoy ya se puede decir una cosa: El BRICS nos obliga a revisar modelos de pensamiento conocidos. Y solo por eso ya es relevante, independientemente de cómo continúe la historia.
Fuentes y otros contenidos sobre los BRICS
- Datos BRICS - Cifras clave oficialesLa página oficial de datos de los países BRICS ofrece cifras actuales sobre población, producción económica, comercio, energía y materias primas. Resulta especialmente adecuada para categorizar órdenes de magnitud y realizar comparaciones basadas en hechos con los bloques económicos occidentales.
- Destatis - Los países BRICS en cifrasLa Oficina Federal de Estadística ofrece amplios datos sobre los países BRICS, como la economía, la energía, el medio ambiente y la población. El sitio es especialmente útil para los lectores que buscan una perspectiva sobria de los datos alemanes.
- Nuevo Banco de Desarrollo (NDB)El sitio web del Banco de Desarrollo de los BRICS ofrece información sobre sus objetivos, estructura y proyectos específicos. Muestra cómo los BRICS intentan crear sus propios instrumentos financieros sin sustituir por completo a las instituciones internacionales existentes.
- Consejo de Relaciones Exteriores - ¿Qué es el BRICS?Un análisis en inglés de fácil comprensión sobre el surgimiento, la expansión y la importancia geopolítica de los BRICS. El artículo clasifica la asociación de Estados desde una perspectiva occidental sin centrarse únicamente en los titulares.
- UNCTAD - Informe sobre la inversión en los BRICSEl informe de las Naciones Unidas analiza los flujos de inversión, las estrategias económicas y los retos estructurales de los países BRICS. De especial interés para los lectores interesados en las tendencias económicas a largo plazo y los modelos de desarrollo.
- UNCTAD - BRICS, clima y comercioEste estudio arroja luz sobre el papel de los países BRICS en el ámbito del conflicto entre política climática, comercio y desarrollo económico. Muestra dónde están los intereses comunes y dónde los conflictos de intereses.
- Agencia Federal de Educación Cívica - BRICSUna visión general compacta y fácil de entender del origen, la composición y la importancia de los países BRICS. Especialmente indicado para lectores que buscan una primera introducción o un resumen factual en alemán.
- Wikipedia - Nuevo Banco de Desarrollo (NDB)El artículo ofrece una descripción detallada de la fundación, estructura y métodos de trabajo del Banco de Desarrollo de los BRICS. Un buen complemento a las fuentes oficiales para buscar rápidamente conexiones.
- Wikipedia - Cumbre BRICS 2023 (Johannesburgo)Visión general de un punto de inflexión clave en el desarrollo de los BRICS, incluidas las decisiones de ampliación y los objetivos políticos. El artículo ayuda a categorizar los debates actuales en términos de tiempo y contenido.
- Reuters - Los BRICS y las propuestas de reforma del FMIÚltimas noticias sobre la posición conjunta de los países BRICS ante las instituciones financieras internacionales. Reuters ofrece una visión objetiva de las iniciativas políticas reales más allá de la especulación.
Preguntas más frecuentes
- ¿Qué son exactamente los países BRICS y por qué de repente oímos hablar tanto de ellos?
Los países BRICS son una asociación de varios grandes países emergentes y en desarrollo, que juntos representan una proporción significativa de la población mundial y una parte creciente de la producción económica mundial. Durante mucho tiempo se consideraron más bien un círculo de diálogo informal. Sin embargo, con la expansión de la asociación, nuevos miembros y proyectos de cooperación más concretos, los BRICS se han hecho más visibles. Al mismo tiempo, la distribución mundial del poder está cambiando, lo que automáticamente atrae más atención hacia estos formatos. - ¿Son los Estados BRICS una alianza contra Occidente?
No. El BRICS no se creó como una alianza antioccidental ni como antítesis ideológica de la UE o Estados Unidos. La alianza surgió del deseo de una mejor representación y una mayor influencia en las estructuras mundiales existentes. El hecho de que el BRICS se perciba hoy a veces como un contraproyecto se debe más a las tensiones geopolíticas y a las exageraciones de los medios de comunicación que al objetivo original. - ¿Por qué se fundó el BRICS?
Los orígenes de los BRICS se remontan a la crisis financiera y económica de 2008, cuando quedó claro que los países con una importancia económica creciente sólo tenían una influencia limitada en los procesos internacionales de toma de decisiones. Los BRICS surgieron como un intento de coordinar intereses y ganar conjuntamente más peso en la arquitectura económica y financiera mundial. - ¿Hasta qué punto está unificado el BRICS?
El BRICS es cualquier cosa menos un bloque homogéneo. Los Estados miembros difieren enormemente en cuanto a sus sistemas políticos, estructuras económicas, intereses regionales y objetivos estratégicos. Esta es precisamente la razón por la que el BRICS favorece el consenso y la cooperación flexible en lugar de directrices vinculantes. El objetivo no es la uniformidad, sino la coexistencia a pesar de las diferencias. - ¿Por qué se dice a menudo que los BRICS han superado económicamente al G7?
Esta afirmación suele referirse al producto interior bruto según la paridad del poder adquisitivo. Esta cifra mide lo que los habitantes del país respectivo pueden comprar en términos reales, y aquí los BRICS están realmente por delante del G7. Sin embargo, en lo que respecta al poder del mercado internacional, los mercados financieros y la tecnología, el PIB nominal desempeña un papel más importante, y es aquí donde Occidente sigue estando por delante. - ¿Qué papel desempeña la población en la evaluación de los BRICS?
La población es un factor económico a largo plazo. Una población numerosa significa mercados de trabajo potencialmente grandes, aumento del consumo y crecimiento a largo plazo. Al mismo tiempo, el tamaño de la población por sí solo dice poco sobre la productividad o la prosperidad. Es más un factor estratégico de fondo que un indicador de poder a corto plazo. - ¿Es el BRICS más fuerte económicamente que la UE o EE.UU.?
Depende de la escala. En conjunto, el BRICS es muy grande, pero su distribución económica es muy desigual. La UE y EE.UU. siguen teniendo una productividad significativamente mayor, mercados financieros más fuertes y posiciones de liderazgo tecnológico. El BRICS es económicamente relevante, pero no un gigante económico cohesionado. - ¿Por qué se habla tanto de una supuesta moneda mundial de los BRICS?
Porque el tema genera atención. De hecho, no hay planes realistas para una moneda común de los BRICS. Las diferencias económicas entre los países son demasiado grandes para ello. En su lugar, la atención se centra en el comercio en monedas locales y métodos de pago alternativos; en otras palabras, diversificación de riesgos, no un derrocamiento del sistema. - ¿Qué significa realmente „desdolarización“ en el contexto de los BRICS?
La desdolarización no significa la abolición del dólar estadounidense, sino una reducción de la dependencia unilateral. Los países BRICS quieren poder realizar determinadas transacciones comerciales y financieras sin el dólar para ser menos susceptibles a los choques externos o a las tensiones políticas. - ¿Por qué suele reaccionar Occidente con tanto nerviosismo ante los BRICS?
Porque el BRICS cuestiona los modelos existentes. Occidente está acostumbrado a alianzas claramente estructuradas. El BRICS funciona de otra manera: de forma laxa, flexible, sin instituciones fijas. Esta forma es difícil de categorizar y, por tanto, se subestima o se sobreinterpreta. - ¿Están justificadas las críticas occidentales a los BRICS?
En parte sí. El BRICS sufre tensiones internas, falta de transparencia y una asertividad limitada. Resulta problemático cuando estas debilidades se generalizan y se utilizan como prueba de irrelevancia o amenaza. Es necesaria una visión diferenciada. - ¿Qué papel desempeña Europa en esta nueva situación mundial?
Europa se encuentra en una posición difícil. Se ve a sí misma como un ente normativo, pero está perdiendo peso económico relativo. Los BRICS están obligando a Europa a redefinir su papel: menos normativo, más estratégico y más abierto a nuevos formatos de cooperación, sin renunciar a sus propios principios. - ¿Se ve Alemania especialmente afectada por el desarrollo de los BRICS?
Sí, porque Alemania está muy orientada a la exportación y es pobre en materias primas. Muchos países BRICS son importantes mercados de venta o proveedores. Al mismo tiempo, la política exterior alemana está fuertemente basada en valores. Esta tensión entre intereses económicos y postura política se está haciendo más visible a través de los BRICS. - ¿Tiene Europa que elegir entre EE.UU. y los BRICS?
No. El verdadero reto no es una decisión sobre lo uno o lo otro, sino mantener varias relaciones al mismo tiempo. Una política de comercio exterior abierta y multidimensional tiene más sentido para Europa a largo plazo que la unilateralidad estratégica. - ¿Pueden los BRICS mantenerse estables a largo plazo?
Esto es abierto. El BRICS está deliberadamente diseñado para ser flexible, lo que puede fomentar la estabilidad, pero también ralentiza los procesos de toma de decisiones. Que este enfoque sea sostenible a largo plazo depende de si es posible mantener la capacidad de actuación a pesar del creciente número de miembros. - ¿Qué temas podrían caracterizar más a los BRICS en el futuro?
Además de la economía y las finanzas, es probable que temas como la energía, las materias primas, las infraestructuras, la digitalización, la salud y la política climática adquieran cada vez más importancia. Existen retos globales en estos ámbitos en particular que difícilmente podrán resolverse sin una amplia cooperación internacional. - ¿Es el BRICS más una oportunidad o un riesgo para Occidente?
Ambas cosas, dependiendo de cómo se aborden. Quienes ignoran o demonizan al BRICS pierden influencia. Quienes lo idealizan acríticamente hacen lo propio. Como socio de diálogo y formato de cooperación, el BRICS puede ofrecer oportunidades para abordar los problemas globales de forma más pragmática. - ¿Cuál es el logro más importante del desarrollo de los BRICS hasta la fecha?
Que el mundo ya no puede dividirse claramente en bloques fijos. El BRICS representa una fase de transición en la que surgen nuevas formas de cooperación sin que las antiguas desaparezcan de inmediato. Quienes aceptan esta ambivalencia comprenden mejor el presente y están mejor preparados para el futuro.













