42 años de programas electorales: cómo han cambiado los partidos políticos alemanes

Los términos políticos tienen una vigencia sorprendentemente larga. Llevamos décadas hablando de izquierda y derecha, de conservador y progresista, de liberal, social o ecológico. Las palabras se han mantenido prácticamente iguales. Pero, ¿ocurre lo mismo con las posiciones políticas que se esconden detrás de ellas?

Precisamente esta pregunta fue el punto de partida de esta comparación. Lo que me interesa no es tanto cómo describen los partidos su propia historia hoy en día o cómo se interpretan los acontecimientos políticos en retrospectiva. Me parece mucho más interesante un método más sencillo: se toman los programas electorales de diferentes décadas y se comparan entre sí.

¿Qué exigía realmente la CDU/CSU en 1983? ¿Qué escribía el SPD por aquel entonces sobre economía, familia, defensa o asilo? ¿Qué ideas tenían los Verdes en su primera campaña electoral para el Bundestag sobre la OTAN, la Bundeswehr y el suministro energético? ¿Qué defendía el FDP? ¿Y qué parte de ello se refleja todavía en los programas de 1990 y, finalmente, de 2025? Al analizarlo, pueden ponerse de manifiesto cambios interesantes. Pero cuáles son exactamente, no debe quedar claro desde el principio de este artículo.


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Lo que importa no es el recuerdo, sino el programa

A menudo se habla del pasado desde el presente. Es comprensible, pero plantea un problema. Nuestro recuerdo de las posturas políticas anteriores se ve inevitablemente influido por lo que ocurrió después.

Un partido que hoy percibimos como conservador, socialdemócrata, verde o liberal no tenía por qué entender lo mismo por esos mismos términos hace 40 años. A la inversa, las reivindicaciones políticas que hoy se atribuyen a un partido concreto pueden haber ocupado anteriormente un lugar totalmente diferente en el espectro político.

Por eso, esta comparación debe basarse lo menos posible en recuerdos políticos. Lo decisivo no es lo que, en nuestra opinión, un partido debería haber defendido en 1983, sino lo que realmente incluyó en su programa de cara a las elecciones al Bundestag de 1983.

Lo mismo ocurre con 1990 y 2025.

Por ello, siempre que sea posible, se utilizarán como fuente primaria los programas electorales completos de la época. Las afirmaciones se resumen, se complementan con breves citas originales y se indican las referencias correspondientes. Las fuentes secundarias servirán principalmente para explicar particularidades históricas o contextualizar documentos.

Esto también significa que, si no se encuentran pruebas suficientes para respaldar una determinada postura en el programa electoral, esa laguna no se llenará con suposiciones.

¿Por qué precisamente 1983, 1990, 2009 y 2025?

Las cuatro elecciones al Bundestag seleccionadas reflejan situaciones políticas muy diferentes. En 1983, la República Federal se encontraba en plena Guerra Fría. El debate sobre la «doble decisión» de la OTAN y el despliegue de misiles estadounidenses de medio alcance marcó el panorama político. Los Verdes se presentaron con éxito por primera vez a unas elecciones al Bundestag. La República Federal estaba formada por Alemania Occidental y Berlín Occidental, la Unión Europea aún no existía y muchas cuestiones políticas que hoy nos parecen obvias se debatían en un contexto totalmente diferente o apenas tenían relevancia.

En 1990, la situación había cambiado radicalmente. El Muro de Berlín había caído, la reunificación alemana ocupaba el centro de la atención y el orden de la Guerra Fría, que durante décadas había parecido inamovible, se desmoronaba. Por eso, este año resulta especialmente interesante para una comparación histórica, aunque al mismo tiempo también es especialmente complicado.

Esto se aplica sobre todo a los Verdes. El actual partido Alianza 90/Los Verdes aún no existía en 1990 en su forma posterior. En Alemania Oriental y Occidental existían diferentes organizaciones políticas y coaliciones electorales. Esta particularidad debe tenerse en cuenta a la hora de realizar las comparaciones pertinentes, en lugar de aplicar retroactivamente la estructura actual de los partidos al año 1990.

El año 2025 constituye, en definitiva, el punto de referencia actual. Entre 1983 y 2025 transcurren 42 años, más de una generación política. Alemania se ha reunificado, la Comunidad Europea se ha convertido en la Unión Europea, la Unión Soviética ya no existe, las Fuerzas Armadas alemanas operan en un contexto político totalmente diferente, y temas como la política climática, la migración o la integración europea tienen una importancia que solo se puede comparar de forma limitada con la situación política de 1983. Precisamente por eso resulta interesante la comparación.

Cinco partidos, pero no siempre cinco series temporales

Se analizan la CDU/CSU, el SPD, los Verdes y el FDP, cada uno de ellos en relación con las elecciones al Bundestag de 1983, 1990 y 2025. A ello se suma, para 2025, la AfD. En el caso de la AfD, como es lógico, no puede haber una serie histórica que se remonte a 1983 o 1990, ya que el partido no se fundó hasta décadas más tarde. Por ello, se incluye exclusivamente como punto de referencia adicional actual.

Esto resulta muy útil para comparar posiciones políticas. Y es que una de las cuestiones que plantea este artículo no es solo cómo han cambiado los distintos partidos. Es igualmente interesante saber si las posiciones que un partido defendía anteriormente y que hoy ya no defiende pueden aparecer en otro punto del espectro político actual.

Sin embargo, sería un error metodológico deducir equivalencias generales a partir de coincidencias aisladas. Si, por ejemplo, una postura de política económica de la CDU de 1983 se asemeja en 2025 a una postura del FDP, o si una postura de entonces sobre la migración o la soberanía nacional muestra grandes coincidencias con la AfD, eso no significa que la CDU de aquella época se correspondiera en su conjunto con uno de estos partidos actuales.

En otro ámbito político, el resultado puede ser totalmente diferente. Precisamente esta multidimensionalidad constituye, por tanto, una parte esencial del estudio.

Los programas deben hablar por sí mismos en la medida de lo posible

Por ello, el artículo tiene una estructura deliberadamente diferente a la de un ensayo político clásico. Tras unas breves introducciones a cada uno de los temas, el foco se centra principalmente en las posiciones documentadas. La economía, el Estado del bienestar, la sociedad, la migración, los derechos civiles, la energía, el medio ambiente, Europa, así como la política exterior y de seguridad, se comparan en matrices comparativas específicas para cada tema.

Cuando un breve resumen no basta, se añaden las formulaciones originales. Precisamente en el caso de cambios especialmente significativos, una frase de un programa electoral puede resultar más reveladora que varios párrafos de interpretación posterior. Esto se aplica, por ejemplo, a la energía nuclear, así como a la OTAN, el desarme, la migración, la nacionalidad o la concepción de la familia y el Estado.

Sin embargo, incluso una presentación documental de este tipo requiere la toma de decisiones. La mera selección de las categorías de comparación ya constituye una forma de estructuración. Por eso, los criterios deben ser lo más transparentes posible.

Significado de los símbolos que aparecen en las tablas

Las matrices comparativas utilizan un sistema de símbolos uniforme. Su objetivo no es expresar una valoración política, sino simplemente poner de manifiesto con qué claridad y con qué peso se defiende una determinada posición en el programa electoral correspondiente.

  1. ● significa que una postura se defiende de forma explícita y claramente destacada.
  2. ◐ indica una posición expresamente presente, pero que, sin embargo, está limitada, matizada o no se formula con especial relevancia programática.
  3. ○ Se utiliza cuando, aunque se aprecia una orientación política, esta solo se manifiesta de forma cautelosa, indirecta o de manera secundaria.
  4. ✕ significa que el programa rechaza expresamente la posición en cuestión o formula una reivindicación claramente contraria.
  5. — significa, por el contrario, que no se ha podido determinar una posición suficientemente clara en el programa analizado.

Esta distinción es importante. Si, por ejemplo, un programa electoral de 1983 no menciona un concepto político que no cobró mayor importancia hasta décadas más tarde, no sería serio deducir de ello un rechazo en aquel momento. El silencio no es una postura contraria. Por lo tanto, las tablas no deben entenderse tanto como un sistema de puntuación, sino más bien como una guía para las fuentes originales en las que se basan.

Una comparación a lo largo de cuatro décadas tiene sus límites

Igualmente importante es otra salvedad: no todas las reivindicaciones políticas pueden compararse sin más a lo largo de 42 años. La Comunidad Europea de 1983 no era la Unión Europea de 2025. Una reivindicación de una mayor integración europea significaba entonces algo distinto de lo que significa hoy, porque el punto de partida era otro.

Lo mismo ocurre con la política exterior. La relación de la República Federal de Alemania con la Unión Soviética no puede equipararse sin más a la relación de Alemania con la Rusia actual. Las condiciones generales en materia de política de seguridad han cambiado, al igual que las alianzas, las fronteras y las amenazas militares.

También en materia de migración, nacionalidad, política familiar, energía o cuestiones sociopolíticas, la situación jurídica y la terminología política han experimentado, en algunos casos, cambios fundamentales.

Cuando estas diferencias sean decisivas para la comprensión, se explicarán brevemente. Sin embargo, no pretenden servir para justificar históricamente afirmaciones incómodas o sorprendentes. El contexto tiene por objeto aclarar en qué condiciones se formuló una postura. La postura en sí misma se mantiene.

1983 no es automáticamente „de derechas“ y 2025 no es automáticamente „de izquierdas“

Precisamente por eso no se debe imponer a esta comparación ninguna orientación política. Sería fácil partir de una tesis y, a continuación, buscar pruebas que la respalden en miles de páginas de programas electorales. De ese modo, probablemente se podría contar casi cualquier historia que se quisiera. Me parece más interesante el camino inverso: plantear primero preguntas lo más uniformes posible a todos los programas y, solo después, analizar los resultados obtenidos.

Quizás en los temas sociopolíticos se aprecie una clara tendencia en una dirección, mientras que en materia de política económica se observe algo totalmente distinto. Quizás las posiciones en materia de política exterior hayan cambiado más que las de política interior. Quizás haya partidos que se hayan mantenido sorprendentemente constantes en algunos ámbitos y que, en otros, sean prácticamente irreconocibles.

Y es posible que la idea misma de representar la evolución política en una única línea entre la „izquierda“ y la „derecha“ resulte demasiado simplista. No obstante, dejaremos esta cuestión expresamente abierta en este momento.

Un experimento con documentos antiguos

En el fondo, este artículo es, por tanto, un experimento. Tomamos documentos políticos de tres años muy diferentes, los desglosamos en cuestiones de fondo lo más comparables posible y comparamos las respuestas. No es la imagen que un partido da de sí mismo hoy lo que determina cuáles eran sus posiciones en el pasado. Tampoco debe ser la valoración política actual la que decida cómo se debe interpretar una declaración histórica.

En un primer momento, lo único que importa es lo que se ha escrito. Solo cuando se hayan analizado por separado la política económica, el Estado del bienestar, la familia, la inmigración, los derechos civiles, la energía, Europa, el Ejército alemán, la OTAN, el desarme y muchas otras cuestiones, empezará a perfilarse poco a poco un panorama más amplio.

Los siguientes capítulos pondrán de manifiesto si esta imagen se ajusta, en última instancia, a las ideas generalizadas sobre la evolución de los partidos alemanes o si, en algunos aspectos, resulta completamente diferente.

Empecemos por el ámbito en el que, tradicionalmente, las convicciones políticas fundamentales difieren con especial claridad: la economía, la economía de mercado y la cuestión de qué papel debe desempeñar el Estado en este contexto.

Economía y Estado del bienestar

Economía, mercado y el papel del Estado

La política económica es uno de los ámbitos en los que se manifiestan con especial claridad los principios políticos fundamentales. ¿Debe el Estado, ante todo, crear las condiciones que permitan a las empresas y a los ciudadanos actuar en el ámbito económico? ¿O debe intervenir más, invertir, regular y fomentar de forma específica determinados desarrollos?

Estas cuestiones se plantean de diversas formas en todas las décadas analizadas. No obstante, el contexto ha cambiado considerablemente. En 1983, la República Federal se enfrentaba a un elevado desempleo, un crecimiento débil y las consecuencias económicas de las anteriores crisis del petróleo. En 1990, la reunificación alemana estaba a punto de producirse o acababa de completarse. Estructuras económicas enteras de la RDA tuvieron que integrarse en el orden económico de Alemania Occidental en un plazo muy breve.

En 2009, por su parte, Alemania se vio directamente afectada por la crisis financiera y económica internacional. Fue necesario estabilizar los bancos, apoyar a las empresas y poner en marcha programas de reactivación económica. Las elecciones al Bundestag se celebraron, precisamente, en una situación en la que incluso los partidos fundamentalmente orientados hacia la economía de mercado debatían sobre importantes intervenciones estatales. El programa de gobierno del SPD de 2009 se centró expresamente en la superación de esta crisis.

En 2025, el enfoque ha vuelto a cambiar. La competitividad, los precios de la energía, la burocracia, la escasez de mano de obra cualificada, la digitalización y la competencia internacional por las ubicaciones industriales determinan gran parte de los programas de política económica. La CDU/CSU hace especial hincapié en el crecimiento, la reducción de la carga fiscal para las empresas y una menor regulación; también el FDP vincula expresamente su programa con el crecimiento, la desgravación fiscal y un Estado más ágil.

La economía de mercado no significa lo mismo en todas partes

Hoy en día, casi todos los partidos analizados aceptan, en principio, un orden económico basado en la economía de mercado. Las diferencias surgen a la hora de determinar cómo debe configurarse dicho orden.

La CDU/CSU y el FDP asocian tradicionalmente la economía de mercado de forma especialmente estrecha con la libertad empresarial, la competencia, la propiedad privada y la limitación de la regulación estatal. El SPD también acepta el orden de la economía de mercado, pero lo vincula en mayor medida con la protección del Estado del bienestar, la cogestión, la adhesión a los convenios colectivos y la intervención estatal.

En el caso de los Verdes, hay que añadir otro elemento. Ya en sus primeros programas se cuestionaba la idea de que el crecimiento económico pudiera considerarse independientemente de los límites ecológicos. A partir de ahí, a lo largo de las décadas se ha ido desarrollando una política económica que combina cada vez más los instrumentos de la economía de mercado con normas estatales de amplio alcance para la transformación ecológica. El archivo de programas de la Fundación Heinrich Böll permite seguir esta evolución a partir de los documentos históricos.

Por eso, la simple clasificación de „más mercado“ o „más Estado“ resultaría a menudo demasiado simplista. Un partido puede defender al mismo tiempo la competencia en una economía de mercado y exigir inversiones estatales de miles de millones. Puede fomentar las empresas privadas y regular políticamente determinados sectores. Y puede querer reducir la burocracia, al tiempo que exige nuevas normas en otros ámbitos.

El papel del Estado está cambiando con la crisis

Por eso resulta especialmente interesante este análisis adicional de 2009. La crisis financiera obligó a casi todos los partidos a definir su postura respecto a las intervenciones estatales en circunstancias excepcionales. Medidas que en tiempos normales se habrían considerado problemáticas o excesivamente intervencionistas pasaron de repente a ser objeto de debate con el fin de estabilizar el sistema financiero y la economía.

Precisamente por eso, el año 2009 pone de manifiesto por qué las posiciones políticas concretas siempre deben interpretarse en su contexto temporal. Por ello, la siguiente matriz no compara medidas coyunturales concretas ni tipos impositivos, sino que trata de poner de manifiesto la orientación programática a largo plazo: ¿qué importancia se concede al mercado? ¿Qué papel se asigna al Estado? ¿Cuál es la postura de los partidos respecto a la privatización, la regulación, la política de inversión, la política industrial y la deuda pública?

Matriz comparativa: economía, mercado y papel del Estado

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes*
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Fuerte orientación hacia la economía de mercado
Una mayor intervención estatal en la economía
Privatización de empresas y funciones públicas
Las empresas públicas o estatales como instrumento de política económica
Alivio fiscal y normativo para las empresas
Una mayor redistribución o una mayor tributación de las rentas y el patrimonio elevados
Autonomía en materia de convenios colectivos y fijación autónoma de los salarios por parte de las partes negociadoras
Grandes programas estatales de inversión y de reactivación económica
Política industrial estatal activa
Protección de la industria nacional y de los sectores económicos de importancia estratégica
Reducción de la burocracia y de la regulación estatal
Disciplina presupuestaria y limitación del endeudamiento público

Leyenda:
● defendido de forma expresa y centralizada
◐ defendido expresamente, pero de forma limitada o no centralizada
○ representado de forma débil, indirecta o secundaria
✕ rechazado expresamente o postura claramente contraria
— No se ha constatado una posición suficientemente clara en el programa analizado

Nota metodológica:
Los símbolos no suponen ninguna valoración política ni cualitativa. Se limitan exclusivamente a resumir la orientación programática de los programas electorales para las elecciones al Bundestag analizados. Un „—“ no significa, en ningún caso, que un partido rechazara una postura.

Nota sobre 2009:
Las elecciones al Bundestag de 2009 constituyen un punto de referencia adicional entre la reunificación y la actualidad. Coinciden directamente con el periodo de la crisis financiera y económica internacional, por lo que las declaraciones relativas, en particular, a los planes de estímulo económico, las intervenciones estatales, la política industrial y la disciplina presupuestaria deben interpretarse en este contexto histórico.

* En lo que respecta a 1990, hay que tener en cuenta la situación histórica particular de Los Verdes y Alianza 90. El actual partido Alianza 90/Los Verdes aún no existía por entonces en la forma conjunta que adoptaría posteriormente.

Impuestos, Estado del bienestar y trabajo: ¿quién asume qué gastos y qué debe garantizar el Estado?

Pocos ámbitos políticos entrelazan tantas cuestiones fundamentales como los impuestos, el trabajo y la seguridad social. ¿En qué medida debe el Estado redistribuir los ingresos y el patrimonio? ¿Qué riesgos debe cubrir la comunidad y qué responsabilidades deben recaer en el individuo? ¿Qué diferencia debe existir entre los ingresos laborales y las prestaciones estatales? ¿Y qué papel desempeñan los sindicatos, los empresarios y el Estado en la fijación de los salarios y las condiciones laborales?

Precisamente cuando se trata de una comparación que abarca más de cuatro décadas, conviene actuar con cautela. El Estado del bienestar de 1983 no puede equipararse sin más al de 2025. Los tipos impositivos, las prestaciones sociales, los instrumentos del mercado laboral e incluso los propios conceptos han cambiado. La renta básica, el salario mínimo legal o las formas actuales de protección social básica no existían entonces tal y como las conocemos hoy en día.

Por eso, la siguiente matriz no compara tanto leyes concretas como la orientación programática general: ¿se debe dar mayor prioridad a la redistribución o a la reducción de la carga fiscal? ¿Se debe ampliar el Estado del bienestar o orientarlo más hacia la responsabilidad individual y los incentivos laborales? ¿En qué medida se hacen hincapié en los derechos de los trabajadores y los sindicatos? ¿Y qué importancia tiene el principio del mérito?

Entre la protección social y el principio del mérito

Lo primero que llama la atención es que la cuestión fundamental apenas ha cambiado a lo largo de las décadas. Prácticamente todos los partidos vinculan la seguridad social, de una forma u otra, con la idea de que el trabajo remunerado constituye la base económica del Estado del bienestar. Sin embargo, el peso que se concede a cada uno de estos dos aspectos varía considerablemente.

Por lo tanto, los programas difieren no tanto en la cuestión abstracta de si debe existir un Estado del bienestar, sino en su configuración. Mientras que algunos programas apuestan más por la protección pública, la redistribución y los derechos de los trabajadores, otros hacen hincapié en la responsabilidad individual, la limitación de las cotizaciones y la distancia financiera entre el trabajo remunerado y las prestaciones sociales.

En 2025, este debate se hace especialmente evidente. La CDU/CSU habla de una „agenda para los trabajadores“ y quiere sustituir la renta básica por una nueva prestación de seguridad básica. El FDP formula expresamente el objetivo de „trabajo en lugar de renta básica“ y propone una fusión de las prestaciones sociales financiadas con impuestos según el principio de un impuesto sobre la renta negativo. El SPD, por su parte, hace hincapié en salarios más altos, una mayor adhesión a los convenios colectivos y un salario mínimo de 15 euros.

Lo interesante de este análisis a largo plazo es precisamente cuáles de estas ideas fundamentales ya aparecían en los programas de 1983 y 1990, y qué instrumentos políticos se incorporaron más tarde.

Los impuestos como reflejo de diferentes concepciones del Estado

Lo mismo ocurre con la política fiscal. La mera exigencia de una rebaja de impuestos no aclara, en un primer momento, a quién se pretende beneficiar. Del mismo modo, la exigencia de subir los impuestos tampoco implica automáticamente que se vaya a gravar más a todas las rentas.

Así, el SPD vincula expresamente en 2025 la desgravación de alrededor del 95 % de los contribuyentes del impuesto sobre la renta con una mayor participación de las rentas y patrimonios elevados. Por su parte, la CDU/CSU y el FDP pretenden, entre otras cosas, aplanar la escala del impuesto sobre la renta y elevar el umbral del tipo impositivo máximo; además, el FDP exige la supresión total del recargo de solidaridad.

Por lo tanto, a efectos de la comparación histórica, no basta con fijarse únicamente en si un partido aboga por „reducciones de impuestos“ o por „subidas de impuestos“. Lo decisivo es qué concepción de las prestaciones, la distribución y la financiación pública subyace a ello.

El trabajo entre la protección y la flexibilidad

Un tercer ámbito se refiere a la situación del trabajador. En este sentido, conviven de forma especialmente directa diferentes puntos de vista: ¿debe el Estado intervenir en mayor medida en la fijación de los salarios y las condiciones laborales? ¿Qué importancia tienen la autonomía colectiva y los sindicatos? ¿Debería regularse más la jornada laboral o flexibilizarse? ¿Y hasta qué punto debe velar el Estado por que el trabajo remunerado siga siendo más atractivo económicamente que percibir prestaciones estatales?

Además, los conceptos históricos no siempre son directamente comparables. Un programa de 1983 no podía evaluar un salario mínimo legal tal y como lo entendemos hoy, si en aquel momento este aún no tenía la misma función política. Por lo tanto, la ausencia de una reivindicación no debe interpretarse a posteriori como un rechazo.

Por este motivo, el siguiente resumen no recoge proyectos legislativos concretos. Más bien pretende facilitar la comparación de las orientaciones programáticas que subyacen a ellos.

Matriz comparativa: impuestos, Estado del bienestar y trabajo

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Desgravación para las rentas bajas y medias
Mayor imposición sobre las rentas más altas
Una mayor tributación de los grandes patrimonios
Desgravaciones fiscales para las empresas
Ampliación de las prestaciones sociales del Estado
Restricción o imposición de condiciones más estrictas a las prestaciones sociales
Principio de rendimiento / diferencia económica entre el trabajo y las prestaciones sociales
Mayor responsabilidad individual en la seguridad social
Fortalecimiento de los sindicatos y de la adhesión a los convenios colectivos
Normativa estatal sobre salarios mínimos
La reducción de la jornada laboral como objetivo político
Flexibilización de la jornada laboral y del mercado laboral
Un sistema de previsión para la jubilación más sólido, ya sea privado o financiado con capital

Familia, sociedad y modelo social

Pocos ámbitos políticos reflejan la distancia entre 1983 y 2025 de forma tan evidente como las concepciones de la familia, la pareja y la convivencia social. Y no solo han cambiado las reivindicaciones políticas; en algunos casos, también ha cambiado el lenguaje con el que se abordan estas cuestiones.

En 1983, el matrimonio entre un hombre y una mujer era, para gran parte del espectro político, el punto de referencia natural de la política familiar. Las diferencias políticas radicaban sobre todo en qué papel debían desempeñar las mujeres en la familia y en el ámbito laboral, cómo debía organizarse el cuidado de los niños y hasta qué punto debía el Estado promover la igualdad efectiva entre hombres y mujeres.

Sin embargo, ya por entonces se trazaban líneas de conflicto claras. La CDU y la CSU hacían especial hincapié en la familia y el matrimonio como pilares de la sociedad. El SPD y el FDP vinculaban más la política familiar con la creciente incorporación de las mujeres al mercado laboral y la reivindicación de la igualdad de derechos. Los jóvenes de Los Verdes cuestionaban de forma mucho más radical los roles tradicionales y, desde muy pronto, consideraban que las diferentes formas de convivencia formaban parte de la autodeterminación individual. Cuatro décadas después, muchas de estas cuestiones se debaten en un contexto diferente.

Del matrimonio de ama de casa a la conciliación entre la vida familiar y laboral

El cambio es especialmente evidente en lo que respecta a la actividad laboral de las mujeres. En 1983, la idea de que uno de los progenitores —en la práctica, casi siempre la madre— se encargara del cuidado de los hijos, al menos durante un periodo prolongado, estaba mucho más arraigada en la sociedad que en la actualidad. Sin embargo, eso no significaba que todos los partidos quisieran limitar a las mujeres al papel de amas de casa. La reivindicación de mejores oportunidades profesionales para las mujeres y de un reparto más equitativo de las tareas familiares ya era entonces un tema político.

Sin embargo, a lo largo de las décadas siguientes, el enfoque fue cambiando. En 2009, las prestaciones por paternidad, el cuidado infantil y la conciliación de la vida laboral y familiar ya formaban parte, como algo natural, del debate político federal. El SPD definió expresamente la igualdad como una tarea política transversal y se propuso equiparar aún más, desde el punto de vista jurídico, las uniones registradas entre personas del mismo sexo con el matrimonio.

En 2025, la conciliación de la vida familiar y laboral está presente prácticamente en todo el espectro político. Incluso en aquellos ámbitos en los que se defiende una visión más tradicional de la familia, ya casi no existe la idea de que las mujeres deban renunciar por principio al trabajo remunerado.

Con ello, la línea de conflicto propiamente dicha se ha desplazado. Ya no se trata tanto de si las mujeres deben trabajar, sino más bien de cómo se organiza el cuidado de los niños, cómo se reparten los padres las tareas laborales y familiares, y en qué medida el Estado debe fomentar determinados modelos familiares. La familia sigue siendo importante, pero su definición está cambiando.

El propio concepto de familia también ha cambiado.

Para la CDU y la CSU, la familia sigue teniendo una importancia programática especialmente elevada. Sin embargo, el programa de 2025 vincula expresamente el apoyo a las familias con el permiso parental, la prestación por paternidad, el cuidado de los niños y la posibilidad de organizar la vida familiar de forma individual. Al mismo tiempo, la Unión se mantiene fiel a una visión sociopolítica más conservadora, por ejemplo, en lo que respecta al aborto o al tratamiento de la Ley de Autodeterminación.

El SPD y los Verdes utilizan un concepto de familia más amplio. En este contexto, lo decisivo es, cada vez más, no tanto la forma concreta, jurídica o tradicional de convivencia, sino la asunción de responsabilidades mutuas. En el caso del SPD, por ejemplo, esto incluye expresamente, para 2025, el reparto equitativo de las tareas familiares entre la pareja.

El FDP, por su parte, se rige por una lógica liberal: en principio, el Estado debe intervenir menos a la hora de decidir qué modelo de vida privada debe considerarse un referente social.

De este modo, lo que antes era un debate muy centrado en el modelo familiar clásico se ha convertido, cada vez más, en una discusión sobre la libertad de elección, la igualdad y la neutralidad del Estado frente a los diferentes modos de vida.

La igualdad cambia su significado

El concepto de igualdad resulta especialmente interesante. En 1983, una parte considerable del debate político seguía centrada en lograr que la igualdad formal se aplicara realmente en la vida cotidiana. Las oportunidades profesionales, la remuneración, los derechos de pensión, el derecho de familia y el reparto de las tareas familiares desempeñaban un papel importante en este sentido.

En 2009, el debate ya había avanzado considerablemente. El SPD quería abordar expresamente la política de igualdad como una tarea transversal y continuar con la promoción activa de las mujeres. También entre los Verdes y en parte del resto de partidos se habían consolidado más los instrumentos políticos para lograr una igualdad efectiva.

En 2025, el principio de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres cuenta prácticamente con el apoyo de todos los partidos. Lo que suscita mayor controversia son los medios para lograrlo. ¿Debe el Estado establecer cuotas? ¿La igualdad debe limitarse a la igualdad de trato jurídica o debe también corregir políticamente las diferencias en los resultados sociales? ¿Hasta dónde puede llegar la legislación contra la discriminación? ¿Y qué papel deben seguir desempeñando el género y la identidad de género en la normativa estatal?

De este modo, los partidos pueden defender al mismo tiempo la igualdad entre hombres y mujeres y, sin embargo, adoptar posturas totalmente opuestas en lo que respecta a medidas concretas.

La interrupción del embarazo como fuente de conflicto a largo plazo

Uno de los pocos debates sociopolíticos que se puede seguir con relativa facilidad a lo largo de todo este periodo es el relativo a la interrupción voluntaria del embarazo.

En este ámbito también han cambiado la situación jurídica y el debate social. Sin embargo, la línea de conflicto fundamental entre el derecho de la mujer a la autodeterminación y la protección estatal de la vida del feto se ha mantenido.

La CDU y la CSU suelen dar mayor importancia a la protección de la vida del feto y, en 2025, se mantienen firmemente a favor de la normativa vigente del artículo 218. En su programa actual, lo describen como un compromiso social entre el derecho de la mujer a la autodeterminación y la protección del feto.

El SPD y, en particular, los Verdes apuestan más firmemente por el derecho a la autodeterminación de la mujer y, a lo largo de las décadas, han defendido una liberalización cada vez mayor. También en este caso, la comparación histórica muestra que no todas las líneas de conflicto político se han resuelto de forma sencilla. Algunas simplemente han cambiado de forma concreta.

Surgen nuevas preguntas, las antiguas desaparecen

Por el contrario, otros temas sociopolíticos actuales no pueden remontarse de forma significativa hasta 1983. La igualdad jurídica de las parejas del mismo sexo es un buen ejemplo. En 1983, el debate actual sobre el matrimonio y las uniones civiles no ocupaba ni de lejos el mismo lugar en los programas electorales para el Bundestag. Por lo tanto, la ausencia de un punto concreto en el programa no debe interpretarse automáticamente como un rechazo explícito.

Esto es aún más evidente en lo que respecta a cuestiones de actualidad como la modificación legal de la inscripción del sexo o la Ley de Autodeterminación. El debate actual no tiene un equivalente real en los programas electorales para el Bundestag de principios de los años ochenta.

Precisamente en estos casos, el guion de las tablas cobra importancia. No significa que el partido se opusiera a ello, sino que la cuestión actual no puede responderse de forma seria a partir del programa de aquella época.

Matriz comparativa: familia, sociedad y modelo social

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
El matrimonio y la familia como modelo social especialmente destacado
Distribución tradicional de los roles en la familia
La conciliación de la vida familiar y laboral como objetivo político fundamental
Ampliación de los servicios de cuidado infantil subvencionados por el Estado
Política estatal activa en materia de igualdad
La promoción de la mujer o las cuotas obligatorias como instrumento político
Reconocimiento en pie de igualdad de las diferentes formas de vida y de familia
Liberalismo sociopolítico y gran énfasis en la autodeterminación individual
Gran énfasis en la protección de la vida del feto
Liberalización de la interrupción del embarazo
Igualdad jurídica de las parejas del mismo sexo
Ampliación de la política estatal contra la discriminación

Inmigración, asilo, nacionalidad e integración

Pocas áreas políticas requieren tanto contexto histórico, al compararlas a lo largo de más de cuatro décadas, como la migración y el asilo. Esto no se debe únicamente a que las posturas políticas hayan cambiado. También los fundamentos jurídicos, las magnitudes de la inmigración y, en algunos casos, incluso los términos con los que se habla de ello, son hoy diferentes a los de 1983 o 1990.

A principios de los años ochenta, la República Federal de Alemania ya llevaba décadas siendo un país de inmigración, aunque durante mucho tiempo no se considerara como tal desde el punto de vista político. Millones de trabajadores extranjeros habían llegado a Alemania desde los años cincuenta y sesenta en el marco de la denominada «contratación de trabajadores invitados». Tras la suspensión de la contratación en 1973, el debate se centró cada vez más en la reagrupación familiar, la integración y la cuestión de si las estancias que en un principio se habían concebido como temporales se habían convertido en una inmigración permanente.

Precisamente este punto es importante para la comparación histórica. El conflicto político de aquella época no era idéntico al debate actual sobre la inmigración de mano de obra cualificada, la migración de refugiados a través de las fronteras exteriores de Europa o el tratamiento que se da a los solicitantes de asilo rechazados. No obstante, ya entonces existían líneas de conflicto que siguen siendo reconocibles hoy en día.

¿Es Alemania un país de inmigración… o precisamente no?

Uno de los cambios más notables se refiere precisamente a la descripción de la realidad. La CDU y la CSU se aferraron durante mucho tiempo a la idea de que Alemania no era un país de inmigración en el sentido clásico. Se debía limitar la inmigración y, sobre todo, mejorar la integración de los extranjeros que ya vivían de forma permanente en Alemania.

El SPD y los Verdes se inclinaban anteriormente por una concepción explícita de Alemania como sociedad de inmigración. Esta evolución se aprecia con especial claridad en 2009. El programa de gobierno del SPD de entonces afirmaba sin rodeos: „Alemania es un país de inmigración“. Al mismo tiempo, se pretendía facilitar y gestionar mejor la inmigración cualificada.

También en la CDU y la CSU el discurso había cambiado para entonces. El programa de gobierno de 2009, aunque calificaba a Alemania de „país de integración“, seguía vinculando expresamente este concepto con la „limitación y control de la inmigración“. Se destacaban como requisitos fundamentales un buen dominio del alemán y la superación de los cursos de integración.

Así, precisamente el año 2009 ofrece un balance provisional interesante: la realidad de la inmigración como fenómeno duradero fue reconocida cada vez más en el espectro de los partidos políticos establecidos, aunque se interpretó políticamente de formas muy diferentes.

El asilo no es lo mismo que la inmigración

Para poder realizar una comparación adecuada, es necesario distinguir además entre las diferentes formas de migración. El asilo es un derecho de protección para las personas perseguidas por motivos políticos. La inmigración laboral y de personal cualificado, por el contrario, se rige por normas económicas o de política migratoria. La reagrupación familiar, a su vez, está relacionada con los derechos de residencia ya existentes.

En los debates políticos, estos ámbitos suelen mezclarse. Esto resultaría problemático para el análisis de programas. Un partido puede, al mismo tiempo, promover expresamente la inmigración laboral cualificada y exigir una política de asilo mucho más restrictiva. Puede limitar la reagrupación familiar y, aun así, facilitar la inmigración de trabajadores cualificados. Del mismo modo, una política de naturalización generosa puede ir acompañada de requisitos exigentes en materia de idioma e integración.

Por eso, la siguiente matriz separa estas dimensiones individuales entre sí de la forma más rigurosa posible.

En 1990 aún no se había alcanzado el acuerdo sobre el asilo

El año 1990 constituye un hito histórico especialmente importante. El derecho fundamental al asilo vigente en aquel momento difería considerablemente de la normativa posterior. No fue hasta 1992/93 cuando la CDU/CSU, el FDP y el SPD llegaron a un acuerdo sobre el denominado «compromiso sobre el asilo». Con la modificación de la Ley Fundamental y la introducción del principio de los «terceros países seguros», la legislación alemana en materia de asilo sufrió un cambio radical.

Los programas electorales de 1990 se elaboraron antes de ese punto de inflexión. Por lo tanto, una postura restrictiva o liberal de 1990 no debe interpretarse como si el partido ya se hubiera pronunciado sobre el sistema de asilo del año 2025. El punto de partida jurídico era otro.

Lo mismo ocurre, a la inversa, con las actuales demandas de denegaciones en las fronteras, los procedimientos de asilo europeos o los procedimientos fuera de la Unión Europea. Muchos de estos instrumentos no tienen un equivalente histórico directo.

La nacionalidad se convierte en un motivo de conflicto en sí mismo

El cambio se aprecia aún más claramente en la legislación sobre la nacionalidad. Tradicionalmente, la legislación alemana en materia de nacionalidad se basaba en gran medida en el principio de descendencia. Quien tuviera padres alemanes obtenía, por regla general, la nacionalidad alemana. En cambio, el hecho de haber nacido en Alemania y vivir aquí de forma permanente no daba lugar automáticamente a la nacionalidad.

Bajo el Gobierno federal rojo-verde, este sistema se modificó sustancialmente a partir del año 2000 y se completó con elementos del principio del lugar de nacimiento. En 2009, los conflictos derivados de ello seguían siendo claramente visibles. El SPD quería facilitar aún más la adquisición de la nacionalidad alemana y aceptar la doble nacionalidad. Su programa de gobierno establecía expresamente que las personas debían poder identificarse tanto con su país de origen como con Alemania.

En 2025, el debate ha dado un nuevo giro. El SPD defiende la naturalización facilitada y describe expresamente a Alemania como una sociedad moderna de inmigración. Por su parte, la CDU y la CSU vuelven a apostar con mayor firmeza por la limitación de la migración y pretenden revocar parte de las recientes liberalizaciones de la ley de nacionalidad. Al mismo tiempo, siguen distinguiendo entre la inmigración de mano de obra cualificada, que consideran deseable, y la migración irregular o humanitaria.

De este modo, un partido puede mostrar en la misma tabla tanto una fuerte restricción respecto a una forma de migración como una apertura respecto a otra.

Integración entre el apoyo y la obligación

También en lo que respecta al concepto de integración hay más puntos en común de lo que algunos debates políticos dan a entender. Casi todos los partidos relacionan la integración, en algún momento, con la lengua, la educación, el empleo y la participación social. Sin embargo, lo que difiere es el grado en que se hace hincapié en el fomento o en la obligación.

Tradicionalmente, la CDU y la CSU hacen mayor hincapié en los requisitos relacionados con el idioma, el ordenamiento jurídico y la integración social. En 2009, la Unión calificó expresamente el buen dominio del alemán como requisito fundamental para una integración satisfactoria.

Ese mismo año, el SPD definió la integración más bien como una participación en igualdad de condiciones en la vida social, económica, cultural y política. Al mismo tiempo, también señaló que el aprendizaje del idioma era el primer y más importante requisito.

Este es un buen ejemplo de por qué las tablas no pueden limitarse a distinguir entre „a favor de la integración“ y „en contra de la integración“. La diferencia radica más bien en qué se entiende por integración y a qué parte se le exigen mayores responsabilidades: al inmigrante, al Estado o a ambos.

En 2025, la migración volverá a ser una línea divisoria fundamental

Para 2025, la situación política ha vuelto a cambiar considerablemente. La elevada migración de refugiados desde 2015, la crisis europea del asilo, la guerra en Ucrania, el aumento del número de refugiados en distintos años y el debate político sobre la migración irregular han situado este tema mucho más en el centro de la política alemana.

La CDU y la CSU reclaman expresamente para 2025 un „cambio de rumbo fundamental en la política migratoria“. Esto incluye las devoluciones en las fronteras alemanas, la aceleración de las repatriaciones, restricciones a la reagrupación familiar y una limitación de la acogida humanitaria.

El SPD y Los Verdes se aferran con mayor firmeza a la idea de que Alemania es un país de inmigración y hacen hincapié en la inmigración legal, la integración y la facilitación de la participación social. El FDP combina la inmigración deseable desde el punto de vista económico con un control más estricto y un enfoque más restrictivo respecto a la inmigración irregular.

En 2025 se presentará además la AfD, un partido que sitúa la limitación, la repatriación y el control nacional de la migración en un lugar mucho más destacado de su programa que el resto de partidos.

Precisamente esos cuatro puntos de referencia históricos ayudan, por tanto, a evitar una visión que a menudo resulta demasiado simplista. La migración no es solo una línea divisoria entre „abierto“ y „cerrado“. La migración laboral, el asilo, la reagrupación familiar, la nacionalidad y la integración pueden evolucionar de forma totalmente diferente dentro de un mismo partido.

Matriz comparativa: migración, asilo, nacionalidad e integración

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
La limitación de la inmigración como objetivo político explícito
Alemania se considera expresamente un país de inmigración
Fomento de la inmigración laboral y de personal cualificado selectiva
Amplia protección del derecho individual al asilo
Restricción o endurecimiento de las condiciones de acceso al asilo
Repatriación sistemática tras la denegación del procedimiento de asilo
Reagrupación familiar generosa
Facilitar la naturalización
Aceptación de la doble nacionalidad o de la nacionalidad múltiple
Se exige expresamente el aprendizaje de la lengua y la participación activa en el proceso de integración
Se hace especial hincapié en la adaptación cultural y en un modelo social común
Derecho de voto en las elecciones municipales para los extranjeros no comunitarios residentes de forma permanente
Distribución europea y política común europea de asilo

El Estado, la seguridad interior y los derechos civiles: ¿Cuánto poder necesita el Estado?

La relación entre libertad y seguridad es una de las líneas de conflicto más antiguas de la política democrática. Un Estado debe proteger a sus ciudadanos de la violencia, la delincuencia y los ataques contra el orden democrático. Al mismo tiempo, es precisamente ese Estado el que dispone de la policía, los servicios de inteligencia, el derecho penal y, cada vez más, de medios técnicos para vigilar a sus ciudadanos.

En 1983 se debatió dónde discurría el límite adecuado en unas circunstancias diferentes a las de 2025. La República Federal de principios de los años ochenta se caracterizó por las experiencias con el terrorismo de la RAF, los debates sobre política de seguridad de los años setenta y un intenso debate sobre la protección de datos, las inhabilitaciones profesionales, el derecho de manifestación y la vigilancia estatal. Al mismo tiempo, con los nuevos movimientos sociales surgieron ideas sobre la participación ciudadana y la democracia directa que, en algunos casos, iban mucho más allá del sistema parlamentario existente en aquel momento.

Más de cuatro décadas después, muchas de las cuestiones fundamentales de entonces siguen vigentes. Sin embargo, las condiciones técnicas han cambiado radicalmente. La videovigilancia, los métodos biométricos, los datos de comunicaciones digitales, la inteligencia artificial y las redes internacionales de datos ofrecen al Estado posibilidades que en 1983 eran difícilmente imaginables. Al mismo tiempo, el terrorismo internacional, la delincuencia organizada, los ciberataques y las redes extremistas han transformado la concepción de la seguridad interior.

Esto hace que resulte aún más interesante preguntarse qué postura general se aprecia en los respectivos programas electorales.

La seguridad y la libertad no son simples opuestos

Al comparar ambas posturas, hay que evitar una conclusión precipitada muy extendida. El hecho de que un partido reclame una policía fuerte no significa, por tanto, que esté automáticamente en contra de los derechos civiles. A la inversa, el hecho de hacer especial hincapié en la protección de datos y las libertades civiles no implica necesariamente que se deba debilitar, de forma general, a los organismos de seguridad del Estado.

Esta conexión también se refleja en los programas electorales de 2025. La CDU y la CSU pretenden, entre otras cosas, reforzar las autoridades de seguridad y dotarlas de medios técnicos y jurídicos adicionales. Alianza 90/Los Verdes también combinan la exigencia de un Estado de derecho capaz de actuar con un énfasis explícito en los derechos fundamentales y los derechos humanos. El FDP concede tradicionalmente especial importancia a los derechos civiles y a la protección de datos, pero al mismo tiempo exige que las fuerzas policiales y las autoridades de seguridad funcionen correctamente.

Por eso, las diferencias suelen residir menos en una declaración abstracta a favor de la libertad o la seguridad que en qué tipo de intervenciones puede llevar a cabo el Estado, en qué medida deben controlarse y qué peso se debe otorgar, en caso de duda, a los derechos de cada ciudadano.

Del censo a la vigilancia digital

La distancia histórica se hace especialmente patente en materia de protección de datos. En 1983, la protección de datos ya era un tema político de gran relevancia. Ese mismo año, el censo previsto desencadenó un amplio debate social que, finalmente, condujo a la famosa sentencia del Tribunal Constitucional Federal sobre el censo y al desarrollo del derecho a la autodeterminación informativa. El debate de entonces se centraba en los cuestionarios en papel y en las bases de datos estatales. Hoy en día, se trata de la comunicación digital, los datos de localización, el reconocimiento facial, el análisis automatizado de grandes volúmenes de datos y el acceso de las autoridades de seguridad a las comunicaciones cifradas. La dimensión técnica ha cambiado. La cuestión política fundamental sigue siendo la misma:

¿Qué información puede tener el Estado sobre sus ciudadanos?

Por eso, la siguiente matriz no compara instrumentos técnicos concretos. Al fin y al cabo, un programa de 1983 no podía incluir ninguna posición sobre el reconocimiento facial actual ni sobre el análisis de los servicios modernos de mensajería. Lo decisivo es, más bien, la orientación básica perceptible respecto a la vigilancia estatal, la protección de datos y la relación entre los ciudadanos y el aparato de seguridad.

La democracia directa como segunda línea de desarrollo

Una segunda tendencia interesante a largo plazo se refiere a la cuestión de cómo deben influir los ciudadanos en las decisiones políticas.

A principios de los años ochenta, los Verdes aportaron al panorama político alemán una identidad marcadamente democrática y de base. Su llamamiento electoral para las elecciones al Bundestag de 1983 se conserva en el archivo de la Fundación Heinrich Böll; allí también se pueden consultar el programa de 1990 y otros documentos programáticos históricos.

Hoy en día, las reivindicaciones de referéndums u otras formas de democracia directa no se limitan exclusivamente a los partidos que han surgido de esa tradición. En particular, la AfD destaca claramente en su programa de 2025 los referéndums y la idea del pueblo como soberano directo.

Precisamente en este caso se puede observar bien cómo un instrumento político puede cambiar su orientación partidista a lo largo de décadas, sin que por ello los partidos que lo defienden tengan que compartir, en general, ideas políticas similares.

Matriz comparativa: Estado, seguridad interior, derechos civiles y democracia

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Refuerzo de la policía y de las autoridades de seguridad
Ampliación de las competencias estatales en materia de investigación y vigilancia
Protección de datos y autonomía informativa
Limitación de la vigilancia estatal
Gran énfasis en los derechos individuales de los ciudadanos y las libertades fundamentales
Amplia protección de los derechos de manifestación y protesta
Fuerte protección de la libertad de expresión frente a las injerencias del Estado
Lucha contra los extremismos políticos por parte de las autoridades públicas
Un mayor control parlamentario y judicial de los organismos de seguridad
Referéndums y democracia directa a nivel federal
Una mayor participación ciudadana más allá de las elecciones parlamentarias
Limitación de la intervención del Estado en la vida privada

Educación, ciencia y cuestiones culturales

La política educativa es uno de los ámbitos en los que las diferencias políticas suelen ponerse de manifiesto no tanto en los objetivos generales como en la forma de alcanzarlos. Casi ningún partido se opone a que haya buenos colegios, profesores cualificados, universidades eficientes o una mejor formación profesional. Las diferencias se centran en las estructuras escolares, los requisitos de rendimiento, las competencias, las tasas y el papel del Estado.

La comparación histórica también exige cautela. El panorama educativo de 1983 era diferente al de 2025. Los colegios de jornada completa estaban mucho menos extendidos, la digitalización no tenía ninguna relevancia, el Proceso de Bolonia, con sus títulos de grado y máster, aún no existía y el debate sobre los estándares educativos a nivel nacional tenía un significado diferente. No obstante, algunas cuestiones fundamentales se pueden seguir con sorprendente claridad a lo largo de las décadas.

Rendimiento e igualdad de oportunidades

Una de estas líneas de conflicto se refiere a la relación entre el rendimiento y la igualdad de oportunidades. La CDU y el FDP suelen hacer mayor hincapié en los requisitos de rendimiento, en la diversidad de itinerarios educativos y en la autonomía de los centros escolares y las universidades. La Unión sigue centrándose expresamente en 2025 en „el gusto por el aprendizaje, el esfuerzo y el rendimiento“, y exige pruebas de idioma obligatorias antes de la escolarización.

El SPD y Los Verdes hacen mayor hincapié en desvincular el éxito educativo del origen social. De ahí surgen las reivindicaciones de una intervención temprana, ofertas de jornada completa, una mejor dotación económica para los colegios desfavorecidos y un acceso más fácil a los títulos de educación superior.

Sin embargo, la diferencia no es tan clara como podrían sugerir estas breves descripciones. Tanto el SPD como los Verdes exigen que el sistema educativo sea eficaz, mientras que la CDU y el FDP mencionan expresamente la igualdad de oportunidades como objetivo. Las diferencias radican más bien en cuáles son las causas que se atribuyen a la desigualdad de oportunidades educativas y en qué instrumentos estatales se derivan de ellas.

La estructura escolar sigue siendo una antigua línea de conflicto

La separación histórica es más evidente en la organización de los centros educativos. El SPD y, en particular, Los Verdes se han mostrado tradicionalmente más abiertos a los modelos escolares integrados. La CDU y la CSU defendían con mayor firmeza el sistema escolar estratificado y los distintos títulos de estudios. El FDP también apostaba más por la diferenciación, las opciones de elección y la competencia que por un modelo escolar único.

Esta controversia ha perdido intensidad a lo largo de las décadas. Las escuelas comunitarias, integradas y de otro tipo forman parte ya de muchos sistemas educativos regionales, mientras que, al mismo tiempo, siguen existiendo el Gymnasium, la Realschule y otras vías diferenciadas.

Esto pone de manifiesto, también en este caso, un patrón recurrente en este artículo: lo que antes se debatía como una cuestión fundamental del sistema puede, décadas más tarde, coexistir en parte.

En 2009, el Gobierno federal cobrará mayor importancia

Resulta especialmente interesante el balance provisional de 2009. Los resultados de los primeros estudios PISA habían desencadenado anteriormente un amplio debate sobre el rendimiento del sistema educativo alemán. Al mismo tiempo, tras la reforma del federalismo de 2006, existía controversia sobre hasta qué punto el Estado federal debía intervenir en la política educativa.

En 2009, el SPD exigió expresamente un esfuerzo conjunto por parte del Gobierno federal, los estados federados y los municipios, un aumento del gasto en educación, más ofertas de jornada completa, trabajo social en los centros educativos y la gratuidad de los estudios de grado y máster, ambos incluidos.

Los Verdes también dedicaron una amplia sección de su programa a la educación, bajo el título „Educación en lugar de hormigón“, y situaron la mejora de los colegios, las universidades y la formación profesional en el centro de su programa electoral. Por ello, la columna de 2009 muestra muy bien que varios temas de política educativa que hoy nos resultan familiares ya estaban firmemente consolidados en aquella época.

Las universidades entre el acceso, la competencia y la libertad

Otra línea de conflicto a largo plazo tiene que ver con las universidades. ¿Hasta qué punto debe ser libre el acceso? ¿En qué medida debe el Estado financiar y regular las universidades? ¿Qué grado de autonomía deben tener las universidades? ¿Y deben los estudiantes participar directamente en su financiación mediante el pago de tasas?

Precisamente las tasas universitarias fueron objeto de acalorados debates en la década de los 2000. En 2009, el SPD exigió expresamente que los estudios universitarios de primer ciclo, hasta el máster, fueran gratuitos. Al mismo tiempo, quería facilitar el acceso a la universidad a las personas con cualificación profesional que no tuvieran el título de bachillerato.

El FDP y la Unión apostaban más por la autonomía universitaria, la competencia y las estructuras basadas en el rendimiento. Los Verdes combinaban un acceso a la universidad lo más abierto posible con el rechazo a las barreras sociales de acceso.

Sin embargo, más allá de todas las diferencias, hay una constante destacable: la libertad científica y de investigación goza, en principio, de gran valor en todo el espectro político. Incluso la AfD destaca expresamente en 2025 la autonomía de las universidades y la libertad de investigación y docencia.

Más continuidad que en otros temas

En comparación con la política social, energética o de seguridad, en materia de educación se observan, a primera vista, cambios de postura menos llamativos. Los objetivos fundamentales se han mantenido similares a lo largo de décadas: la educación debe facilitar el ascenso social, dotar a la economía y a la sociedad de personas cualificadas y garantizar el rendimiento científico.

Las diferencias residen más bien en el orden institucional. El debate sobre las estructuras escolares y las competencias es especialmente prolongado. La CDU y el FDP apuestan más por la diferenciación, el rendimiento, la autonomía y la responsabilidad federal. El SPD y los Verdes hacen mayor hincapié en la igualdad de acceso, la igualdad de oportunidades sociales y una mayor responsabilidad del Estado para garantizar condiciones educativas comparables.

Al mismo tiempo, los partidos se han acercado en algunas cuestiones prácticas. Las ofertas de jornada completa, el fomento de la primera infancia, la formación profesional y el apoyo adicional para los niños con condiciones de partida desfavorables se encuentran hoy en día, de diversas formas, prácticamente en todas partes.

Sin embargo, eso no significa que la política educativa haya dejado de ser política. La controversia simplemente se ha desplazado en parte.

La mitad del periodo aclara algunas cosas

El año 2009 también constituye aquí un punto de referencia adicional útil. En aquel momento, el SPD reclamaba, entre otras cosas, un mayor gasto en educación, colegios de jornada completa, educación inclusiva, más plazas universitarias y una primera carrera universitaria gratuita. Los Verdes convirtieron la educación en un componente central de su proyecto sociopolítico, dedicándole un amplio capítulo de su programa. El FDP contrapuso a ello una mayor competencia, la libertad educativa y la responsabilidad individual; su „Programa para Alemania 2009“ completo sigue estando documentado en el Archivo del Liberalismo.

De este modo, ya en 2009 se podía apreciar una parte considerable del debate actual sobre la educación. Lo que se ha añadido recientemente son, sobre todo, otras condiciones marco: la digitalización, la escasez de personal cualificado, la creciente preocupación por el deterioro de las competencias básicas y la cuestión de hasta qué punto un sistema educativo federal necesita comparabilidad a nivel nacional.

Precisamente por eso, la política educativa resulta un buen contraejemplo frente a otros ámbitos políticos en los que han cambiado por completo las posiciones fundamentales. En este caso, a menudo no es tanto el objetivo lo que cambia, sino la respuesta a la pregunta:

¿Qué tipo de colegio, qué tipo de universidad y qué sistema de gobierno son los que más se acercan a ese objetivo?

Matriz comparativa: Educación, ciencia y universidades

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Amplias competencias de los estados federados y federalismo educativo
Una mayor coordinación a nivel nacional y unos estándares educativos comunes
Se hace especial hincapié en la orientación al rendimiento y en los requisitos educativos obligatorios
Mayor apoyo a los modelos escolares integrados o conjuntos
Mantenimiento de un sistema educativo estructurado o diferenciado
Ampliación de los colegios de jornada completa y de los servicios de atención educativa a tiempo completo
Acceso gratuito a los estudios o rechazo expreso de las tasas de matrícula generales
Fuerte apoyo a la formación profesional y dual
Una mayor apertura de las universidades a las personas con formación profesional
Un fuerte apoyo estatal a la ciencia y la investigación
Se hace especial hincapié en la autonomía de las universidades y en la libertad de investigación y docencia

Por qué la realidad puede diferir de los programas electorales

El economista Christian Rieck explica que las falsedades políticas no se deben, en primer lugar, a un fallo moral de los políticos a título individual, sino que son el resultado de incentivos erróneos. Desde el punto de vista de la teoría de juegos, las promesas pierden credibilidad cuando su incumplimiento apenas tiene consecuencias personales. Este tipo de afirmaciones se convierten en „palabras vacías“: A los votantes les resulta cada vez más difícil distinguir los compromisos sólidos de la comunicación estratégica. Al mismo tiempo, la enorme cantidad de información genera una paradoja de la transparencia. Cuantos más escándalos, indignaciones y noticias compiten simultáneamente por llamar la atención, más difícil resulta identificar los acontecimientos realmente importantes.


¿Por qué nos mienten los políticos de forma tan descarada? (Teoría racional aplicada) | Prof. Dr. Christian Rieck

Rieck compara este efecto con un ataque de denegación de servicio: la atención limitada del público queda captada por estímulos cada vez más novedosos. Al mismo tiempo, la habituación hace que cambien los criterios que determinan qué comportamiento político se sigue considerando extraordinario. Su conclusión: no es la esperanza de contar con políticos „mejores“ en general lo que resuelve el problema. Lo decisivo son las reglas del juego institucionales, gracias a las cuales la honestidad, los compromisos verificables y la responsabilidad personal vuelvan a constituir una ventaja estratégica.

Energía, energía nuclear, medio ambiente y clima: de la crisis del petróleo a la neutralidad climática

Pocas políticas se prestan tan bien a una comparación a lo largo de cuatro décadas como la política energética. Sorprendentemente, muchas de las cuestiones fundamentales de 1983 siguen vigentes: ¿Hasta qué punto es seguro el suministro energético? ¿Hasta qué punto puede Alemania depender de las importaciones de energía? ¿Qué papel deben desempeñar el carbón y la energía nuclear? ¿Hasta qué punto puede intervenir el Estado en el suministro energético? ¿Y qué precio está dispuesta a pagar una sociedad por la protección del medio ambiente y del clima?

No obstante, sería engañoso describir el debate de aquella época utilizando simplemente los términos actuales. En 1983, la neutralidad climática no era el tema central del debate sobre la política energética. Las experiencias de las crisis del petróleo aún estaban frescas, la seguridad del suministro y la dependencia del petróleo importado desempeñaban un papel importante, y la energía nuclear era objeto de un conflicto político fundamental.

Para los Verdes, la oposición a la energía nuclear fue uno de los temas que motivaron su fundación. La CDU/CSU y el FDP, por el contrario, consideraban la energía nuclear como un componente importante de un suministro energético seguro. El SPD, por su parte, se encontraba en 1983 en un contexto de política energética diferente al de décadas posteriores.

En 2025, el panorama es diferente. Las últimas centrales nucleares alemanas han sido clausuradas, las energías renovables representan una parte significativa de la producción de electricidad, la neutralidad climática se ha convertido en un concepto político fundamental y, al mismo tiempo, la seguridad del suministro, los precios de la energía y la competitividad industrial vuelven a ser objeto de un intenso debate. Precisamente por eso merece la pena echar un vistazo a los antiguos programas.

La energía nuclear como línea divisoria política

A principios de los años ochenta, la energía nuclear no era simplemente una tecnología más entre otras muchas en el ámbito de la política energética. Era uno de los grandes temas de conflicto sociopolítico de la República Federal.

La CDU y la CSU se mostraron a favor de seguir utilizando la energía nuclear. El FDP también la consideraba necesaria mientras otras fuentes de energía no ofrecieran una alternativa suficiente. Los Verdes, por el contrario, defendían una postura radicalmente diferente: la salida de la energía nuclear era una de las reivindicaciones que definían la identidad de este joven partido.

En el caso del SPD, la evolución no fue tan lineal. A principios de los años ochenta, el partido no era en absoluto ese partido que defendía de forma consecuente la salida de la energía nuclear, tal y como se le percibió en parte en décadas posteriores. Sin embargo, dentro de la socialdemocracia, el escepticismo hacia la energía nuclear aumentó considerablemente. Tras la catástrofe nuclear de Chernóbil en 1986, la postura del partido cambió finalmente de forma radical.

Por lo tanto, ya solo con este tema concreto se puede observar cómo pueden evolucionar las posiciones políticas. Una tecnología cuyo uso continuado contaba en 1983 con el apoyo de sectores importantes del sistema de partidos establecido había sido, décadas más tarde, prácticamente abandonada políticamente en Alemania.

Sin embargo, en 2025 esta cuestión vuelve a estar en el aire. La CDU/CSU y el FDP no quieren descartar el retorno a la energía nuclear o, al menos, la posibilidad técnica de volver a utilizarla. La AfD aboga expresamente por el retorno a la energía nuclear. El SPD y los Verdes, por su parte, se mantienen firmes en la salida ya consumada. Así, 42 años después, vuelve a existir una clara línea divisoria entre los partidos políticos, aunque en unas condiciones técnicas y políticas totalmente diferentes.

Política energética

De la protección del medio ambiente a la política climática

El lenguaje de la política medioambiental ha cambiado aún más. En 1983, la protección del medio ambiente no era, en absoluto, un tema exclusivo de los Verdes. La contaminación atmosférica, la muerte de los bosques, la protección de las aguas, los residuos, el consumo de suelo y la contaminación también preocupaban a los partidos tradicionales. Las diferencias radicaban más bien en qué consecuencias debían extraerse de ello.

Los Verdes relacionaron desde muy pronto los problemas ecológicos con una crítica de fondo al crecimiento económico ilimitado y al modelo de producción industrial. Otros partidos apostaron en mayor medida por combinar la protección del medio ambiente con el progreso técnico, el crecimiento económico y los instrumentos de la economía de mercado.

En 2025, la protección del medio ambiente de entonces se ha convertido además en una política climática integral. Las emisiones de CO₂, los objetivos climáticos internacionales, las energías renovables, la generación de calor, la movilidad y la transformación industrial se consideran ahora un sistema interrelacionado.

Sin embargo, hoy en día ya casi nadie discute si se deben tener en cuenta los cambios climáticos a nivel político. En cambio, existen grandes diferencias en cuanto a qué instrumentos utilizar, a qué ritmo y con qué consecuencias económicas debe llevarse a cabo.

Vuelve la seguridad del suministro

Al mismo tiempo, resulta interesante que haya recuperado importancia un tema que ya desempeñaba un papel fundamental a principios de los años ochenta: la seguridad del suministro energético.

En aquel entonces, la atención se centraba en la dependencia de las importaciones de petróleo. Hoy en día, además, se trata del gas natural, las redes eléctricas, el almacenamiento, el hidrógeno, las energías renovables y las consecuencias geopolíticas de las relaciones de suministro internacionales.

Desde la invasión rusa de Ucrania, como muy tarde, y tras el fin prácticamente total de la anterior dependencia alemana del gas ruso transportado por gasoducto, el abastecimiento energético ha vuelto a ser, de manera explícita, una cuestión de política de seguridad.

Así pues, en este capítulo se enfrentan dos tendencias muy diferentes. Por un lado, están los nuevos conceptos, como la neutralidad climática y un suministro energético basado en gran medida en las energías renovables. Por otro lado, vuelven a surgir las cuestiones clásicas sobre los precios de la energía, las fuentes de energía nacionales, la dependencia de las importaciones y la seguridad del suministro.

Matriz comparativa: energía, energía nuclear, medio ambiente y clima

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Uso o reanudación del uso de la energía nuclear
Abandono de la energía nuclear
Investigación sobre nuevas tecnologías de energía nuclear
Expansión de las fuentes de energía renovables
Las energías renovables como fuente de energía dominante a largo plazo
Mayor aprovechamiento del carbón nacional
Abandono del carbón establecido políticamente
Reducción de la dependencia de las importaciones de energía
La seguridad del suministro como objetivo prioritario de la política energética
Energía asequible / Los precios de la energía como objetivo fundamental
Una fuerte intervención estatal en el sistema energético
Gestión de la política energética y climática basada en los mecanismos de mercado
La protección del clima como objetivo político fundamental
La neutralidad climática como objetivo político vinculante
La protección del medio ambiente y la conservación de la naturaleza como objetivo político en sí mismo
Se han destacado expresamente los límites ecológicos del crecimiento económico

Transporte, infraestructuras y agricultura: la movilidad entre el crecimiento y las limitaciones

A primera vista, la política de transporte parece menos trascendental que los grandes debates sobre el Estado del bienestar, la energía nuclear o la seguridad interior. Sin embargo, si se analiza con más detenimiento, aborda algunas de las mismas cuestiones: ¿debe el Estado, ante todo, proporcionar infraestructuras y dejar que el ciudadano elija el medio de transporte? ¿O debe influir de forma específica en cómo se transportan las personas y las mercancías? ¿Es deseable, en principio, una movilidad creciente, o debe limitarse el tráfico por motivos medioambientales?

También en este caso, las condiciones iniciales de 1983 y 2025 difieren considerablemente. A principios de los años ochenta, el automóvil ya era el medio de transporte individual predominante. La ampliación de autopistas y carreteras nacionales formaba parte desde hacía décadas de la política de infraestructuras de la República Federal. Al mismo tiempo, las consecuencias del aumento del tráfico se hacían cada vez más evidentes. La contaminación atmosférica, el consumo de suelo, el ruido del tráfico y la sobrecarga de las ciudades se convirtieron en temas políticos.

Los Verdes se opusieron a esta tendencia desde el principio con una visión del transporte fundamentalmente diferente. Se debía potenciar el transporte público urbano y el ferrocarril, mientras que, por el contrario, había que reducir el transporte individual motorizado. Para los partidos tradicionales, lo más importante era seguir desarrollando los distintos medios de transporte de forma paralela.

En 2025, este antiguo debate sigue estando presente. Sin embargo, a él se han sumado la protección del clima, la movilidad eléctrica, la infraestructura de recarga, la tarificación del CO₂ y la cuestión de si el Estado debe favorecer políticamente determinadas tecnologías de propulsión.

El coche, entre la libertad y el control político

Las diferencias en las posturas fundamentales se hacen especialmente evidentes en lo que respecta a los turismos particulares. La CDU/CSU, el FDP y la AfD hacen un énfasis relativamente mayor en 2025 en la movilidad individual, la apertura a la tecnología y la importancia del automóvil. La Unión quiere revocar el fin de las matriculaciones de turismos con motor de combustión a partir de 2035 previsto por la UE. El FDP también se opone a una eliminación de los motores de combustión impuesta políticamente y apuesta más por la competencia entre las distintas tecnologías. La AfD rechaza de forma especialmente rotunda una transición a la movilidad eléctrica impuesta políticamente.

El SPD y Los Verdes apuestan con mayor firmeza por la transformación del transporte por carretera hacia sistemas de propulsión con menores emisiones o eléctricos, así como por un mayor protagonismo del ferrocarril y el transporte público.

Lo interesante no es tanto que los partidos prefieran distintos medios de transporte. Para la comparación a largo plazo, resulta más decisivo el interrogante subyacente de si la política de transporte debe centrarse principalmente en facilitar la movilidad o, al mismo tiempo, en orientar la elección del medio de transporte. Esta línea de conflicto ya existía en 1983.

El ferrocarril como un consenso sorprendente

En el ámbito del transporte ferroviario existe un consenso mucho mayor. Prácticamente todos los partidos reclaman un ferrocarril eficiente en distintas décadas. Las diferencias radican sobre todo en la prioridad que se le otorga frente al transporte por carretera y aéreo, y en el grado en que el Estado debe fomentar su uso.

Precisamente por eso, la simple entrada de la tabla „Ampliación de la red ferroviaria“ no sería muy significativa. Un partido puede querer ampliar al mismo tiempo las autopistas y las vías férreas. Otro puede vincular expresamente la ampliación de la red ferroviaria con el objetivo de trasladar el tráfico de la carretera al ferrocarril.

Por lo tanto, la matriz distingue entre la mera ampliación de un medio de transporte y un cambio, impulsado políticamente, entre distintos medios de transporte.

La agricultura entre el mercado, el abastecimiento y la ecología

La agricultura también ha cambiado considerablemente desde 1983. En aquella época, los precios agrícolas, los ingresos de los agricultores, la política agrícola europea y la protección de la agricultura nacional ocupaban un lugar destacado. Aunque cada vez se debatían más los problemas medioambientales derivados de la agricultura intensiva, aún no tenían la importancia que tienen hoy en día.

Los Verdes también cuestionaron desde el principio la idea, hasta entonces predominante, de aumentar cada vez más la productividad agrícola. La agricultura ecológica, la ganadería, los plaguicidas y la protección de los recursos naturales cobraron una importancia mucho mayor en su programa político.

En 2025, muchos de estos temas ya forman parte desde hace tiempo del repertorio político general. Prácticamente ningún partido se opone a la protección de la naturaleza, el suelo o las aguas. Las diferencias radican más bien en los instrumentos y en la relación entre los requisitos ecológicos, la productividad agrícola, la seguridad del abastecimiento y la libertad económica de las explotaciones.

Así, también en este ámbito político se observa un patrón con el que ya nos hemos encontrado en varias ocasiones: una reivindicación puede pasar de ser una propuesta marginal a convertirse en consenso general, mientras que el verdadero conflicto se centra posteriormente en hasta qué punto debe llegar su aplicación práctica.

Matriz comparativa: transporte, infraestructuras y agricultura

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Ampliación y mantenimiento de la red viaria
Ampliación del transporte ferroviario
Trasvase del tráfico rodado al ferrocarril y al transporte público
Fomento del transporte público de cercanías
La movilidad en coche particular como libertad individual que merece una protección especial
Restricción política del transporte individual motorizado
Límite de velocidad general en las autopistas
Apertura tecnológica en los sistemas de propulsión de los vehículos
Transición hacia la movilidad eléctrica impulsada por medidas políticas
Ampliación o consolidación del centro de tráfico aéreo
Restricción del tráfico aéreo por motivos medioambientales
Protección y conservación de la agricultura campesina y familiar
Expansión de la agricultura ecológica
Requisitos más estrictos en materia de medio ambiente y bienestar animal para la agricultura
Reducción de las normas estatales y europeas aplicables a las explotaciones agrícolas

Europa, la CE/UE y la soberanía nacional

Pocas áreas han experimentado entre 1983 y 2025 cambios institucionales tan profundos como la política europea. Esto hace que la comparación resulte especialmente interesante y, al mismo tiempo, difícil desde el punto de vista metodológico.

En 1983 aún no existía la Unión Europea. La República Federal de Alemania era miembro de las Comunidades Europeas, cuya integración política y económica estaba mucho menos desarrollada que en la actualidad. No existía el euro, ni el mercado único europeo en su forma posterior, ni una política exterior y de seguridad común, ni la ciudadanía de la Unión. Numerosas competencias políticas que hoy se ejercen a nivel europeo recaían por entonces íntegramente en los Estados miembros.

No obstante, la orientación a seguir ya había sido objeto de debates políticos. ¿Hasta dónde debía llegar la integración europea? ¿Debía Europa convertirse, a largo plazo, en una unión política? ¿Qué competencias debían conservar los Estados nacionales? ¿Y debía la integración europea servir principalmente a la cooperación económica o, cada vez más, a la concentración de la soberanía política?

Estas cuestiones están presentes en todos los programas electorales analizados; lo único que cambia es el punto de partida con cada década.

En 1983, „más Europa“ significaba algo distinto de lo que significa hoy en día

Esto es especialmente importante en lo que respecta a las tablas. Un partido que en 1983 abogaba por una integración europea de gran alcance lo hacía en el marco de una comunidad que aún contaba con muchas menos competencias. En cambio, esa misma reivindicación en el año 2025 presupone décadas de integración más avanzada.

Por eso, marcar la casilla „mayor integración europea“ puede significar lo mismo en ambos años y, sin embargo, tener consecuencias prácticas muy diferentes.

La CDU/CSU, el SPD y el FDP formaron parte desde muy pronto, en principio, de las fuerzas favorables a la integración en la República Federal. La unificación europea no solo se entendía como un proyecto económico, sino también como una respuesta a la historia alemana y europea.

En el caso de los primeros Verdes, la relación era más compleja. Por un lado, defendían la cooperación internacional y las soluciones políticas transfronterizas. Por otro lado, se mostraban mucho más escépticos respecto a las instituciones centralizadas, las estructuras militares y una integración europea entendida principalmente en términos económicos. A lo largo de las décadas, su postura también fue cambiando.

1990: La reunificación alemana y la integración europea van de la mano

El año 1990 constituye un caso especial para la política europea. La reunificación alemana planteó de inmediato la cuestión de cómo debía integrarse en Europa una Alemania más grande y reunificada. Por ello, para gran parte del espectro político de la época, la unidad alemana y una integración europea más profunda iban expresamente de la mano.

Al mismo tiempo, la Comunidad Europea se encaminaba hacia aquella estructura de la que, pocos años más tarde, surgiría la Unión Europea con el Tratado de Maastricht.

Por lo tanto, la comparación entre 1990 y 2025 no solo pone de manifiesto los cambios en los partidos políticos, sino que también muestra cómo muchas de las medidas de integración que por entonces aún eran futuras se han convertido entretanto en una realidad política.

2009: La Unión Europea forma parte de nuestra vida cotidiana desde hace tiempo

En 2009, esta evolución ya estaba muy avanzada. El euro llevaba años circulando como moneda en efectivo, el mercado único europeo estaba consolidado y la Unión Europea había crecido hasta alcanzar los 27 Estados miembros tras varias rondas de ampliación. Al mismo tiempo, Europa se veía afectada por la crisis financiera internacional, y el Tratado de Lisboa debía entrar en vigor ese mismo año.

De este modo, la cuestión de la soberanía se planteaba ya de forma más concreta que en 1983 o en 1990. Ya no se trataba principalmente de si las instituciones europeas debían recibir competencias adicionales. Con mucha más frecuencia, la cuestión era en qué ámbitos debían tomarse las decisiones a nivel europeo, cómo podía organizarse el control democrático y dónde debía el principio de subsidiariedad establecer los límites de la competencia europea.

Esta relación resulta especialmente interesante en el caso del FDP y la Unión: ambos apoyan en principio la integración europea, pero al mismo tiempo hacen hincapié en la subsidiariedad y en la necesidad de no centralizar todas las cuestiones políticas en Bruselas.

El SPD y los Verdes apuestan con mayor firmeza por una capacidad de actuación europea conjunta, especialmente en aquellos ámbitos en los que las soluciones nacionales se consideran insuficientes.

En 2025, la soberanía volverá a ser objeto de un debate más intenso

En 2025, la línea de conflicto en materia de política europea ha vuelto a cambiar. La UE ya no es solo un espacio económico, sino que regula numerosos ámbitos de la vida cotidiana y desempeña un papel cada vez más importante en materia de migración, energía, clima, digitalización, política exterior y defensa.

La CDU, el SPD, los Verdes y el FDP se mantienen fieles, en principio, a la Unión Europea y a su capacidad de actuación política en el futuro. Las diferencias se centran sobre todo en el grado de integración adicional y en la cuestión de hasta qué punto deben conservarse las competencias nacionales.

Con la AfD está representado, al mismo tiempo, un partido que cuestiona de forma mucho más fundamental el modelo de integración actual y exige una amplia transferencia de competencias a los Estados nacionales.

De este modo, en 2025 surgirá, por primera vez en este contexto, una posición programática claramente opuesta a esa línea de integración europea que la CDU, el SPD, el FDP y, más tarde, también los Verdes han respaldado en principio durante décadas.


Encuesta actual sobre la confianza en la política y los medios de comunicación

¿Qué grado de confianza le inspiran la política y los medios de comunicación en Alemania?

Europa y la soberanía no son conceptos simplemente opuestos

Sin embargo, también en este caso sería erróneo clasificar los programas únicamente en „a favor de Europa“ y „en contra de Europa“. Un partido puede apoyar expresamente a la UE y, al mismo tiempo, querer proteger las competencias nacionales. Puede exigir una política exterior europea común y, al mismo tiempo, hacer hincapié en el principio de subsidiariedad. Del mismo modo, puede exigir una mayor cooperación europea en materia de defensa, pero rechazar la centralización de otros ámbitos políticos.

Por eso, la siguiente matriz distingue entre la integración europea, la transferencia de competencias, la soberanía nacional, la subsidiariedad, la moneda única y la política exterior y de defensa. Solo así se pone de manifiesto la diversidad de formas en que puede configurarse una relación con Europa que, en principio, es positiva.

Una notable continuidad de los partidos tradicionales

En comparación con otros ámbitos políticos, lo primero que llama la atención es lo estable que se ha mantenido a lo largo de décadas la orientación fundamentalmente proeuropea de la CDU, el SPD y el FDP.

Ya en 1983, una mayor integración europea no era un tema secundario para estos partidos. Especialmente en el caso de la Unión, la integración de Alemania en una Europa unida formaba parte de su identidad política de la posguerra. También el SPD y el FDP apoyaban la profundización política de la Comunidad Europea.

En 1990, este motivo cobró aún más fuerza con la reunificación alemana. En 2009, el objetivo que se había fijado hacía tiempo se había convertido ya en una realidad institucional. Muchas competencias ya se habían europeizado, se había introducido el euro y se había llevado a cabo la ampliación hacia el este.

De este modo, el debate político se fue desplazando cada vez más de la cuestión fundamental de la integración hacia sus límites concretos.

En el partido de los Verdes se está produciendo un claro acercamiento

Más interesante resulta la evolución de los Verdes. Los primeros Verdes se mostraban mucho más críticos con las estructuras europeas existentes. Sin embargo, su escepticismo no se dirigía necesariamente contra la cooperación internacional en sí misma. Más bien criticaban la centralización económica, los déficits democráticos, las estructuras militares y una forma de integración europea que, desde el punto de vista de los Verdes, estaba demasiado determinada por los intereses del mercado y del crecimiento.

En 2009, esta postura había cambiado radicalmente. Los Verdes se contaban ya entre los partidos que defendían con especial firmeza una mayor integración de la Unión Europea, unas instituciones europeas más fuertes y soluciones europeas comunes.

Por eso, también en este caso, el análisis intermedio adicional muestra que el cambio ya se había completado en gran medida mucho antes de 2025.

El FDP combina la integración y la subsidiariedad

El FDP presenta un patrón diferente. Aunque se ha mostrado siempre como uno de los partidos favorables a la integración, vincula esta postura, en mayor medida que otros, con la exigencia de que las instituciones europeas se centren en tareas que sean realmente transfronterizas.

Europa debe actuar en aquellos ámbitos en los que la acción conjunta ofrezca una ventaja clara. El resto de decisiones deben tomarse lo más cerca posible de los ciudadanos y, por lo tanto, a nivel municipal, regional o nacional.

Esta combinación de integración europea y subsidiariedad es importante porque demuestra que la exigencia de limitar las competencias europeas no implica automáticamente un rechazo a la Unión Europea. Precisamente esta diferencia cobrará especial relevancia en 2025.

En 2025 surgirá una postura contraria más radical

Con la AfD se suma una postura que va mucho más allá de las críticas tradicionales a la política europea por parte del FDP o de sectores conservadores de la Unión. No se trata únicamente de competencias concretas o de una mayor subsidiariedad, sino de una concepción fundamentalmente diferente de la relación entre el Estado-nación y el ámbito europeo.

Se pretende volver a dar un papel mucho más destacado a la soberanía nacional, mientras que se reducirán las competencias supranacionales. De este modo, la «matriz de política europea 2025» presenta una línea de conflicto que, en esta forma, no existía en los programas de los partidos establecidos de Alemania Occidental de 1983.

Sin embargo, esto no significa que toda reivindicación de soberanía nacional pueda atribuirse automáticamente a un partido concreto. También la CDU y el FDP hacen hincapié en los límites de las competencias europeas, pero siempre dentro de un modelo que, en principio, favorece la integración.

El significado de una misma posición varía según el punto de partida

Quizá ningún otro capítulo ponga de manifiesto con tanta claridad un problema metodológico fundamental de esta comparación. En 1983, un partido podía abogar por una integración europea mucho mayor sin por ello exigir ni de lejos el alcance actual de las competencias europeas.

En cambio, en 2025, ese mismo partido puede exigir una mayor autonomía nacional en determinados ámbitos y, aun así, estar programáticamente mucho más integrado en Europa de lo que jamás hubiera podido estarlo en 1983.

Por eso, los símbolos deben interpretarse siempre en relación con su contexto histórico. Un ● junto a „mayor integración europea“ no significa que el objetivo concreto de 1983 y el de 2025 fueran idénticos. Significa que el partido abogaba expresamente por una mayor integración partiendo de la situación existente en cada momento. Precisamente esto pone de manifiesto hasta qué punto han cambiado no solo los partidos, sino también el propio sistema de coordenadas políticas.

Y en casi ningún otro lugar se aprecia tan claramente este cambio de sistema de coordenadas como en el siguiente capítulo. Y es que, en lo que respecta al Ejército alemán, la OTAN, EE. UU., Rusia y la política de paz, el mundo de la Guerra Fría, la esperanza de un nuevo orden de paz tras 1990 y los conflictos en materia de seguridad del año 2025 entran en conflicto directo entre sí.

Matriz comparativa: Europa, la CE/UE y la soberanía nacional

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Mayor integración política europea
Europa como unión política o federal a largo plazo
Fortalecimiento de las instituciones europeas comunes
Traspaso de otras competencias nacionales al ámbito europeo
Fuerte énfasis en la soberanía nacional frente a las instituciones de la UE
Subsidiariedad y delimitación de las competencias europeas
Política exterior común europea
Política común europea de defensa y seguridad
Moneda única europea
Nueva ampliación de la Comunidad Europea o de la Unión Europea
Soluciones europeas comunes en materia de política migratoria y de asilo
Se hace especial hincapié en los controles fronterizos nacionales frente al espacio europeo de libre circulación

Las Fuerzas Armadas alemanas, la OTAN y la paz: del rearme al cambio de época

Si hay un ámbito político en el que la distancia histórica entre 1983 y 2025 resulta especialmente evidente, ese es el de la política exterior y de seguridad. Y, sin embargo, a lo largo de más de cuatro décadas nos encontramos una y otra vez con las mismas cuestiones fundamentales.

¿Qué nivel de poderío militar debe tener Alemania? ¿Qué importancia tiene el vínculo con Estados Unidos? ¿La seguridad se consigue sobre todo mediante la disuasión o más bien a través del desarme y el diálogo? ¿Qué papel debe desempeñar la OTAN? ¿En qué condiciones puede desplegarse la Bundeswehr fuera de Alemania? ¿Debe Alemania suministrar armas a países que sufren un ataque militar? ¿Y hasta qué punto debe Europa poder actuar de forma autónoma frente a EE. UU. en materia de política de seguridad?

En 1983, estas cuestiones se planteaban en el contexto de la Guerra Fría. Alemania estaba dividida. Cientos de miles de soldados estadounidenses y soviéticos se enfrentaban en Europa. La República Federal pertenecía a la OTAN, mientras que la RDA formaba parte del Pacto de Varsovia. Es muy probable que un conflicto militar entre ambos bloques de poder hubiera afectado directamente a Alemania.

En 1990, ese orden mundial pareció desaparecer de repente. En 2009, por su parte, Alemania se encontraba en una fase completamente diferente en materia de política de seguridad. La Bundeswehr llevaba ya mucho tiempo participando en misiones internacionales, Afganistán dominaba el debate político, la OTAN se había ampliado considerablemente hacia el este y las relaciones con Rusia se consideraban mucho más cooperativas que en la actualidad.

En 2025, tras el ataque ruso a Ucrania, la defensa militar del país y de la alianza volvió a ocupar un lugar central en la política alemana. Precisamente el registro provisional adicional de 2009 pone de manifiesto que la evolución no siguió en absoluto una trayectoria lineal.

1983: ¿Disuasión o desarme?

En las elecciones al Bundestag de 1983, una de las líneas de conflicto político más marcadas se centró en la política de seguridad y paz.

La CDU y la CSU se mostraron claramente a favor de la OTAN y de la «doble decisión» de la OTAN. El poderío militar y una disuasión creíble debían impedir que la Unión Soviética alcanzara una superioridad estratégica en Europa.

El FDP también se mantuvo fiel a la alianza occidental, aunque vinculó esto más estrechamente con el control de armamento, la distensión y las negociaciones.

El SPD se encontraba en una situación más complicada. El canciller federal Helmut Schmidt había sido uno de los principales impulsores de la «doble decisión» de la OTAN. Al mismo tiempo, un número cada vez mayor de miembros de su propio partido se oponía al despliegue previsto de misiles estadounidenses de medio alcance. La política de paz y desarme fue adquiriendo cada vez más importancia dentro del SPD.

Los Verdes fueron mucho más allá. El movimiento por la paz y la resistencia contra el armamento nuclear formaban parte, junto con el movimiento ecologista y antinuclear, de las raíces políticas de este joven partido. Las críticas no se dirigían únicamente contra sistemas de armamento concretos. Partes del programa inicial de los Verdes cuestionaban la propia lógica de los bloques militares.

Así pues, en 1983 no se trataba únicamente de medidas de política de seguridad contrapuestas. Ya era objeto de controversia la cuestión fundamental de en qué se basa, en realidad, la seguridad.

1990: Parece posible un nuevo orden de paz

Solo siete años después, la situación había cambiado drásticamente. El Muro de Berlín había caído. Alemania se había reunificado. Los gobiernos comunistas de Europa del Este se habían derrumbado, el Pacto de Varsovia se encontraba en proceso de disolución y, poco después, también desaparecería la Unión Soviética.

De este modo, el desarme dejó de ser, de repente, una mera exigencia para convertirse en una realidad que se llevaba a la práctica a gran escala. Se redujeron las fuerzas armadas y los arsenales, y la confrontación militar entre el Este y el Oeste, que se había prolongado durante décadas, parecía haber quedado atrás.

Por ello, los programas de 1990 reflejan en parte una expectativa política que, desde la perspectiva actual, parece casi una época histórica en sí misma: la idea de que podría surgir un orden de paz europeo duradero, en el que la confrontación militar se sustituyera cada vez más por la cooperación, el desarme y las estructuras de seguridad comunes.

Este contexto es fundamental para realizar una comparación histórica. Una reivindicación a favor del desarme en 1990 surgió en unas condiciones totalmente diferentes a las de esa misma reivindicación en 2025.

El cambio en la política de seguridad

2009: La Bundeswehr lleva ya mucho tiempo desplegada en el extranjero

La imagen cambia de nuevo considerablemente con la incorporación adicional de 2009. Para entonces, Alemania llevaba ya casi veinte años reunificada. Muchos de los antiguos miembros del Pacto de Varsovia formaban parte de la OTAN. Las relaciones con Rusia, a pesar de los conflictos existentes, eran mucho más cooperativas que en la actualidad.

Al mismo tiempo, la misión de las Fuerzas Armadas alemanas había cambiado. Los soldados alemanes estaban desplegados en los Balcanes y en Afganistán. Por lo tanto, ya no se trataba principalmente de la defensa clásica del propio territorio frente a un posible ataque procedente del este. La gestión de crisis internacionales, las misiones de estabilización y la cuestión de en qué condiciones se puede desplegar a soldados alemanes fuera del territorio de la OTAN pasaron a ocupar un lugar mucho más destacado.

Precisamente en el caso de Los Verdes, el año 2009 puso de manifiesto hasta qué punto había avanzado ya el cambio en materia de política exterior. El programa electoral calificaba expresamente la cooperación transatlántica bajo el mandato del nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, como una oportunidad para la „renovación de la alianza transatlántica“. El partido aceptaba, en principio, la misión de la ISAF en Afganistán, pero condicionaba su apoyo a un cambio de estrategia y exigía una perspectiva para la retirada gradual de las tropas internacionales. Al mismo tiempo, se debía reducir el tamaño de la Bundeswehr y transformarla en un ejército de voluntarios.

Esto ya se aleja claramente de la postura en materia de política de seguridad de los primeros Verdes. Pero tampoco es aún la postura de 2025.

El año 2009 pone de manifiesto de forma especialmente clara la transformación de los Verdes

En 1983 y 1990, los Verdes se mostraban mucho más escépticos respecto a la disuasión militar, las estructuras de la OTAN y la Bundeswehr. En 2009 ya aceptaban una Bundeswehr que, bajo control parlamentario, pudiera asumir misiones internacionales. Al mismo tiempo, el desarme, las restricciones a la exportación de armamento, la supresión del servicio militar obligatorio y una fuerte orientación hacia las Naciones Unidas siguieron siendo elementos centrales de su programa político.

En 2025, el cambio habrá avanzado aún más. Los Verdes se muestran ahora claramente a favor de la OTAN, del apoyo militar a Ucrania, de una Bundeswehr capaz de defenderse y de un mayor esfuerzo en materia de defensa.

Así pues, el cambio no se produjo de forma repentina a partir de 2022. Una parte considerable ya se había producido entre 1990 y 2009. La situación en materia de política de seguridad tras la agresión rusa a Ucrania provocó posteriormente un nuevo cambio.

El SPD también se encuentra en 2009 a caballo entre dos épocas

En el caso del SPD se observa un patrón diferente. El programa de gobierno de 2009 apostaba por la modernización y el equipamiento eficaz de las Fuerzas Armadas alemanas. No se pretendía suprimir el servicio militar obligatorio, sino seguir desarrollándolo. Sin embargo, se preveía un mayor carácter voluntario a la hora de la convocatoria efectiva.

Al mismo tiempo, la tradición socialdemócrata de desarme, control de armamento, multilateralismo y prevención civil de conflictos siguió siendo claramente reconocible.

De este modo, ya en 2009 el SPD se pronunció claramente a favor de la capacidad de actuación militar de Alemania en el marco de la OTAN, la UE y las misiones internacionales. Sin embargo, el eje central de la política de seguridad se centraba aún mucho más en la gestión de crisis internacionales que en la defensa nacional clásica.

En 2025, la situación ha vuelto a cambiar. Ahora se califica expresamente a la OTAN como indispensable para la seguridad europea. Se espera que Alemania asuma una mayor responsabilidad en la defensa de la Alianza, que la Bundeswehr cuente con un mejor equipamiento de forma permanente y que desempeñe un papel mucho más importante en el flanco oriental de la OTAN. Al mismo tiempo, el SPD se mantiene firme en su apuesta por el control de armamento, la diplomacia y el objetivo a largo plazo del desarme nuclear.

Así pues, tampoco en este caso se produce un simple cambio de la „política de paz“ a la „política militar“. Más bien cambia la relación entre ambas.

2025: La defensa vuelve a ser una cuestión política fundamental

Con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, volvió a plantearse en Europa una cuestión que, tras 1990, parecía haberse superado en gran medida: ¿puede un Estado europeo verse obligado a defender de nuevo sus fronteras y su existencia política mediante la fuerza militar frente a otro Estado?

La respuesta ha cambiado radicalmente la política de seguridad alemana. El gasto en defensa, las reservas de munición, la defensa aérea, la producción de armamento, la dotación de personal y la capacidad para defender el país y la alianza vuelven a ocupar un lugar central.

La CDU, el SPD, Los Verdes y el FDP se muestran, en principio, a favor de la OTAN y de reforzar la capacidad de defensa en 2025. Sin embargo, sus opiniones difieren en lo que respecta a determinados envíos de armamento, al alcance del apoyo militar a Ucrania, al servicio militar obligatorio y a cuestiones estratégicas.

La AfD adopta una postura claramente diferente en lo que respecta a Rusia, las sanciones y los envíos de armas. Aboga con mayor firmeza por restablecer las relaciones con Rusia y se opone al apoyo armamentístico que Alemania ha prestado hasta ahora a Ucrania.

Esto da lugar a una constelación notable. Parte de aquellos conceptos que en 1983 estaban especialmente vinculados al movimiento pacifista —la distensión, el entendimiento, la moderación en el suministro de armas y la crítica a la escalada militar— se encuentran en 2025, en parte, en otro punto del espectro político.

Esto no significa en absoluto que los conceptos políticos subyacentes sean idénticos. Sin embargo, demuestra una vez más que determinadas posiciones políticas pueden cambiar de afiliación partidista.

Matriz comparativa: el Ejército alemán, la OTAN, EE. UU., Rusia y la política de paz

Posición políticaCDU
1983
CDU
1990
CDU
2009
CDU
2025
SPD
1983
SPD
1990
SPD
2009
SPD
2025
Verdes
1983
Verdes
1990
Verdes
2009
Verdes
2025
FDP
1983
FDP
1990
FDP
2009
FDP
2025
AfD
2025
Un Ejército alemán fuerte y capaz de defenderse
Aumento significativo del gasto en defensa
Servicio militar obligatorio
Ejército de voluntarios o profesional en lugar del servicio militar obligatorio
El claro compromiso de Alemania con la OTAN
La disuasión militar como principio fundamental de seguridad
La disuasión nuclear en el seno de la OTAN
Retirada o eliminación de las armas nucleares de Alemania
Estrechos vínculos con EE. UU. en materia de política de seguridad
Una mayor autonomía europea en materia de defensa
El desarme como objetivo central de la política de seguridad
Desarme unilateral por parte de Alemania o un claro enfoque basado en la contribución previa
Distensión y cooperación con la Unión Soviética y Rusia, respectivamente
Rusia como amenaza militar fundamental
Suministros de armas a Estados socios que han sufrido ataques militares
Política restrictiva en materia de exportación de armamento
La diplomacia y las negociaciones como instrumentos prioritarios para la resolución de conflictos
El poderío militar como requisito previo para una diplomacia exitosa

¿Qué queda tras 42 años de programas electorales?

Cuando empecé a elaborar este resumen, ni yo mismo sabía muy bien qué resultaría de ello. Y precisamente esa fue, al fin y al cabo, la razón por la que decidí hacerlo.

No me interesaba confirmar ninguna tesis política concreta. Tampoco quería demostrar que, en general, Alemania se haya desplazado hacia la izquierda o hacia la derecha en las últimas décadas. Ese tipo de afirmaciones se oyen con bastante frecuencia. Me interesaba una cuestión mucho más sencilla: ¿qué han escrito realmente los partidos?

Es decir, no lo que creemos recordar hoy. No lo que se dice sobre un partido en las redes sociales. No cómo lo describen sus adversarios políticos. Y tampoco cómo un partido presenta hoy su propio pasado. Sino lo que figuraba, negro sobre blanco, en el programa electoral antes de unas elecciones al Bundestag. Mientras investigaba, yo mismo estaba ansioso por conocer los resultados.

Para mí, los partidos nunca fueron el verdadero punto de partida

No soy muy partidista. Me interesan mucho más los temas políticos en sí que el logotipo del partido que los respalde.

Esa fue también una de las razones por las que no solo se analizó a la CDU/CSU, el SPD, los Verdes y el FDP a partir de sus programas actuales, sino también a partir de documentos de tres épocas políticas muy diferentes. En el caso de la AfD, por supuesto, no es posible realizar un análisis histórico de este tipo. El partido aún no existía en 1983 ni en 1990.

Aun así, tuve que incluirla en esta comparación para 2025. No porque sea un gran partidario de la AfD. No lo soy. Pero si una parte sustancial del debate político en Alemania gira en torno a este partido y si se discute con frecuencia sobre si determinadas posturas son de derechas, conservadoras, liberales, sociales o extremistas, entonces al menos quería saber:

¿De qué estamos hablando concretamente? ¿Qué dice realmente el programa? Y esta pregunta debe aplicarse igualmente a todos los demás partidos.

No tendría mucho sentido analizar con especial detalle a un partido y, en el caso de otro, basarse en la propia idea de lo que supuestamente defiende. Si se quieren comparar los programas electorales, deben aplicarse, en la medida de lo posible, los mismos criterios para todos.

El pasado no encaja perfectamente en el presente

Una de las dificultades de esta comparación quedó patente ya al examinar los primeros documentos históricos: el pasado no se puede medir simplemente con el sistema de coordenadas políticas del año 2025.

Algunas de las cuestiones controvertidas actuales ni siquiera existían en 1983. Otras, aunque ya existían, se debatían en un contexto totalmente diferente.

Alemania estaba dividida. La Unión Europea aún no existía. La Unión Soviética, en cambio, sí existía. La OTAN se enfrentaba al Pacto de Varsovia. El suministro energético alemán se basaba en una estructura diferente. Internet no formaba parte de la vida cotidiana. Por no hablar de las redes sociales, los teléfonos inteligentes, la comunicación digital de masas o la inteligencia artificial.

También se debatieron temas como la migración, la nacionalidad y la integración europea, entre otros aspectos jurídicos y sociales.

Por eso sería un error metodológico interpretar que existe una postura política cada vez que un programa electoral de 1983 no se pronuncia sobre un tema actual.

A veces, la ausencia de una entrada en las tablas solo significa una cosa: en aquel momento, esa pregunta aún no se había planteado.

Al mismo tiempo, es sorprendente lo mucho que se reconoce

Por otro lado, sorprende cuántas cuestiones fundamentales se han mantenido a lo largo de las décadas.

  • ¿Hasta qué punto debe el Estado asumir responsabilidades en nombre de sus ciudadanos y hasta qué punto debe exigirles responsabilidad propia?
  • ¿En qué medida se deben redistribuir los ingresos?
  • ¿Hasta qué punto pueden las autoridades de seguridad interferir en los derechos civiles?
  • ¿Debería Europa integrarse cada vez más o deberían seguir tomándose el mayor número posible de decisiones en los Estados nacionales?
  • ¿Se consigue la paz más bien mediante la disuasión militar o mediante el desarme y el diálogo?
  • ¿Cuánto puede costar la protección del medio ambiente en términos de prosperidad económica? ¿O acaso esa contraposición ya es errónea?
  • ¿Cuánta inmigración necesita o puede soportar un país?
  • ¿Y qué papel deben desempeñar la familia, los proyectos de vida individuales y las tradiciones sociales?

Las respuestas concretas cambian. Sin embargo, las preguntas que hay detrás, con sorprendente frecuencia, no cambian. Precisamente por eso resultan tan interesantes los antiguos programas electorales. En algunos aspectos parecen ajenos a nuestra realidad y, en otros, sorprendentemente actuales.

Las posiciones políticas pueden cambiar

Para mí, este es uno de los resultados más interesantes de esta comparación. Al parecer, las posiciones políticas no pertenecen de forma permanente a un partido.

Una reivindicación puede ser típicamente «verde» en un momento dado y, décadas más tarde, formar parte en gran medida del consenso político. Otra puede haber sido defendida anteriormente por un gran partido popular y, más tarde, aparecer solo en otro partido. Otras ideas, en cambio, desaparecen casi por completo.

Y, a veces, un partido se mantiene fiel a su postura fundamental, mientras que el entorno político que lo rodea cambia. Precisamente por eso hay que tener cuidado con frases como: „Este partido es hoy el mismo de entonces“ o „El partido A se ha desplazado hacia la izquierda o hacia la derecha“.

¿En qué ámbito político?

Esa es la pregunta clave. Un partido puede haber cambiado notablemente en materia de política social y, sin embargo, haberse mantenido sorprendentemente constante en materia de política económica. Puede cambiar por completo su postura respecto a la OTAN y, al mismo tiempo, mantener desde hace 40 años la misma posición básica sobre la energía nuclear. Puede exigir una mayor integración estatal en materia de política europea y, en política económica, una menor regulación estatal.

Un único eje político apenas puede reflejar este tipo de movimientos.

Esto se hace especialmente evidente en el caso de los Verdes

Pocas cosas lo ilustran mejor que la comparación entre los Verdes de 1983 y los de 2025. En materia de protección del medio ambiente y de rechazo a la energía nuclear se aprecia una continuidad notable. Muchas de las reivindicaciones ecológicas por las que el partido aún se situaba al margen de la corriente política dominante a principios de los años ochenta se han generalizado ahora mucho más allá de esa corriente.

En política exterior y de seguridad, en cambio, el panorama es completamente distinto. Los primeros Verdes se caracterizaban por su fuerte compromiso con el movimiento pacifista, el desarme, el escepticismo hacia la OTAN y el rechazo a la lógica militar. En 2025, los Verdes apoyan a la OTAN, la disuasión militar, una Bundeswehr capaz de defenderse y los suministros masivos de armas a Ucrania.

Este cambio puede acogerse con satisfacción o criticarse. Para este artículo, ninguna de las dos cosas es determinante. Lo único que importa, en un primer momento, es:

Ha ocurrido. El motivo por el que ha ocurrido sería ya objeto de otra investigación. Al fin y al cabo, el mundo de 2025 también es diferente al de 1983.

Y los demás partidos tampoco se han quedado atrás

Lo mismo ocurre, aunque en ámbitos distintos, con la CDU/CSU, el SPD y el FDP. Algunas posturas se han mantenido sorprendentemente estables a lo largo de décadas. Otras cambian gradualmente. Y otras, en cambio, sufren una auténtica ruptura tras acontecimientos históricos.

La reunificación modificó los programas de 1990. Chernóbil cambió el debate alemán sobre la energía nuclear. El fin de la Guerra Fría cambia la política de seguridad. La integración europea cambia la cuestión de la soberanía nacional. La migración cambia la política interior. El cambio climático cambia las políticas energéticas, de transporte e industriales. La agresión rusa a Ucrania cambia, a su vez, el debate sobre el Ejército alemán, la OTAN y la disuasión militar.

Los programas de los partidos no surgen de la nada. Precisamente por eso, la comparación entre 1983, 1990 y 2025 resulta más interesante que una simple contraposición entre „antes“ y „ahora“. El año 1990 se sitúa en medio, como una instantánea histórica de un mundo que se estaba reorganizando de forma radical.

Entonces, ¿qué significan aún „izquierda“ y „derecha“?

Con esto vuelvo a la pregunta con la que comenzó este análisis. Por supuesto, los términos «izquierda» y «derecha» siguen teniendo sentido. Describen tradiciones políticas, concepciones sociales y líneas de conflicto históricas. No son en absoluto inútiles.

Pero, para una comparación que abarca 42 años, me parecen cada vez más aproximadas.

  • ¿Una política migratoria restrictiva es automáticamente de derechas?
  • ¿Es de izquierdas la intervención estatal en la economía?
  • ¿La democracia directa es de izquierdas o de derechas?
  • ¿Es de izquierdas la reivindicación del desarme cuando la defienden los Verdes en 1983, pero sigue siendo de izquierdas cuando, décadas más tarde, reivindicaciones similares provienen de una corriente política totalmente diferente?
  • ¿Es conservadora una soberanía nacional fuerte, mientras que una defensa europea común es progresista?
  • ¿Y cómo se clasifica a un partido que se muestra liberal en materia de política económica, conservador en materia de política social e intervencionista en materia de política exterior?

Cuanto más a fondo se analizan los distintos temas, más difícil resulta clasificarlos de forma sencilla. Quizá por eso el problema no radique en que términos como «izquierda» y «derecha» sean erróneos. Quizá simplemente esperemos demasiado de ellos.

Los programas electorales no son la realidad del Gobierno

No obstante, conviene mencionar expresamente una limitación al final. Este artículo compara programas electorales. No analiza lo que los partidos han hecho realmente tras unas elecciones. No evalúa qué promesas electorales se han cumplido. No examina los acuerdos de coalición ni las votaciones en el Bundestag. Y tampoco pretende determinar si la política práctica de un partido se ha ajustado a sus propias declaraciones programáticas.

Eso sería otro proyecto —y probablemente mucho más ambicioso—. Un programa electoral recoge, en primer lugar, las posiciones con las que un partido se ha presentado ante el electorado en un momento determinado. Nada más. Pero tampoco nada menos.

Esto tiene un valor considerable, sobre todo a la hora de realizar una comparación histórica. Y es que un programa electoral es una instantánea política que, pasadas varias décadas, ya no se puede modificar a posteriori. Lo que allí figura, figuraba allí.

Quizás a veces merezca la pena echar un vistazo al original

En definitiva, esa es también la conclusión que extraigo de esta investigación. Hoy en día, los debates políticos suelen desarrollarse a una velocidad vertiginosa. Se cita una frase, se comparte un fragmento, se resume una postura y se clasifica a un partido en cuestión de segundos. Los algoritmos y las redes sociales favorecen los juicios breves y categóricos. En este contexto, queda poco espacio para los contextos históricos.

Los antiguos programas electorales son justo lo contrario. Son largos. A veces, áridos. En ocasiones, están redactados de forma enrevesada. Algunos pasajes, vistos desde la perspectiva actual, parecen casi de otro mundo. Pero precisamente por eso pueden resultar sumamente reveladores. Porque, de repente, ya no se lee lo que alguien afirma que un partido defendía en el pasado.

Ahí se recoge lo que realmente defendía. Y luego se puede comparar con un programa de 1983. Uno de 1990. Uno de 2025. Se puede plantear la misma pregunta y comprobar qué respuestas se dieron. Esto no sustituye a una valoración política, pero sí crea una base mucho mejor para llevarla a cabo.

Analizar la situación con más detenimiento antes de formarse una opinión

Quizá por eso sea esta la conclusión más acertada de esta comparación. No se trata de determinar quién es el ganador tras 42 años de programas electorales. Tampoco se puede deducir de ello cuál es el partido adecuado hoy en día.

Hay otras cuestiones más interesantes:

  • ¿Qué partido es el que más ha cambiado y en qué ámbito?
  • ¿Cuál se ha mantenido sorprendentemente constante?
  • ¿Qué postura, que en 1983 parecía totalmente normal, provocaría hoy en día acalorados debates?
  • ¿Qué reivindicación del año 2025 le habría resultado difícil de entender a un votante de 1983?
  • ¿Qué posturas que antes eran minoritarias se han convertido hoy en corriente dominante en la política?
  • ¿Y qué posiciones que antes eran mayoritarias se encuentran ahora solo en los extremos del espectro político?
  • Pero, sobre todo: ¿se han desplazado realmente los partidos alemanes, en su conjunto, hacia la izquierda o hacia la derecha?

Tras analizar cada uno de estos ámbitos temáticos, la pregunta me parece ya demasiado simplista. La economía, la sociedad, la migración, la energía, Europa y la política exterior no evolucionan necesariamente en la misma dirección. En algunos casos, sus cambios políticos incluso van en sentido contrario.

Quizá por eso habría que profundizar más a menudo. No preguntarse primero si una postura es de izquierdas o de derechas. No preguntarse primero de qué partido procede. Y no plantearse primero si encaja en la propia visión política del mundo.

Sino, en primer lugar:

  • ¿Qué se propone concretamente?
  • ¿Qué se proponía antes?
  • ¿Qué ha cambiado?
  • ¿Y en qué condiciones?

A partir de ahí, cada uno puede formarse su propia opinión. Para eso precisamente se ha elaborado este resumen. No para dictar lo que hay que pensar tras 42 años de programas electorales alemanes, sino para ofrecer una base más sólida que permita a cada uno reflexionar por sí mismo al respecto.


Fuentes sobre los programas electorales de los partidos políticos

Programas electorales originales y archivos históricos de programas

  1. CDU/CSU – Programas electorales históricos para las elecciones al Bundestag – El archivo histórico de programas electorales de la CSU recoge los programas electorales para las elecciones al Bundestag de 1983, 1990, 2009 y otros años electorales. Resulta especialmente útil para consultar programas antiguos de la Unión y situarlos en su contexto histórico.
  2. CSU – Programa electoral para las elecciones al Bundestag de 1983 – Programa electoral original de la CSU para las elecciones al Bundestag del 6 de marzo de 1983. El documento incluye, entre otras cosas, declaraciones sobre economía, política social, familia, política nacional, Europa, así como política exterior y de seguridad.
  3. CDU/CSU – Programa de gobierno 2009-2013 – „Tenemos la fuerza: juntos por nuestro país“. Programa de gobierno conjunto de la CDU y la CSU para las elecciones al Bundestag de 2009, aprobado el 28 de junio de 2009.
  4. CDU/CSU – Programa electoral para las elecciones al Bundestag de 2025 – „Un cambio de rumbo para Alemania“. Página oficial de la CDU sobre el programa electoral conjunto de la CDU y la CSU para las elecciones al Bundestag de 2025, que incluye la versión completa.
  5. SPD – Archivo de los programas políticos, de gobierno y electorales desde 1949 – Amplio archivo de la Fundación Friedrich Ebert con los programas del SPD digitalizados para las elecciones al Bundestag. Incluye, entre otros, los programas de 1983 y 1990, así como numerosos documentos históricos adicionales.
  6. SPD – Programa de gobierno 1983-1987 – El programa de gobierno del SPD aprobado en el congreso electoral celebrado el 21 de enero de 1983 en Dortmund. Incluye, entre otros, los capítulos sobre trabajo, política social, medio ambiente, Estado de derecho y política de paz.
  7. SPD – Programa de gobierno 1990-1994 – „El nuevo camino: ecológico, social y económicamente sólido“. El programa aprobado en el congreso del SPD el 28 de septiembre de 1990 con vistas a las primeras elecciones al Bundestag de toda Alemania.
  8. SPD – Programa de gobierno para las elecciones al Bundestag de 2009 – Programa de gobierno completo del SPD de 2009. Resulta especialmente interesante como balance provisional tras la Agenda 2010 y las reformas de Hartz, así como durante la crisis financiera y económica internacional.
  9. SPD – Programa de gobierno para las elecciones al Bundestag de 2025 – „Más para ti. Mejor para Alemania“. Programa oficial completo del SPD para las elecciones al Bundestag de 2025.
  10. Los Verdes – Archivo histórico de programas – Colección de la Fundación Heinrich Böll con los programas políticos, electorales para el Bundestag y para las elecciones europeas de Los Verdes. Incluye, entre otros, el llamamiento electoral de 1983 y el programa electoral de 1990, y permite seguir la evolución programática del partido a lo largo de varias décadas.
  11. Los Verdes – Programa electoral para las elecciones al Bundestag de 2009 – „El Nuevo Pacto Social Verde: Clima – Trabajo – Justicia – Libertad“. Programa electoral completo de Bündnis 90/Die Grünen para las elecciones al Bundestag de 2009.
  12. FDP – Manifiesto electoral para las elecciones al Bundestag de 1983 – La „Declaración electoral de 1983’, aprobada en el congreso federal extraordinario del FDP celebrado los días 29 y 30 de enero de 1983 en Friburgo. Fuente original de las posiciones liberales de aquella época.
  13. FDP – Programa electoral para las elecciones al Bundestag de 1990 – „La Alemania liberal“. Programa completo del FDP para las elecciones al Bundestag del 2 de diciembre de 1990, procedente del Archivo del Liberalismo de la Fundación Friedrich Naumann.
  14. FDP – Programa para Alemania 2009 – „Fortalecer el centro“. El programa electoral completo para las elecciones al Bundestag, aprobado en el Congreso Federal del FDP celebrado del 15 al 17 de mayo de 2009.
  15. FDP – Programa electoral para las elecciones al Bundestag de 2025 – „Todo se puede cambiar“. Documento oficial del programa del FDP para las elecciones al Bundestag de 2025, centrado en la economía, el Estado, las finanzas, los derechos de los ciudadanos, la migración y la seguridad.
  16. AfD – Programa electoral para las elecciones al Bundestag de 2025 – Programa completo de Alternativa para Alemania para las elecciones al 21.º Bundestag alemán. En este artículo se utiliza únicamente como punto de referencia actual, ya que el partido aún no existía en 1983, 1990 ni 2009.

Estudios comparativos y fuentes complementarias

  1. Elecciones al Bundestag de 2009: comparación de los programas electorales de los partidos – Amplio estudio de Jochen Weichold y Horst Dietzel. En él se comparan, entre otras cosas, las políticas económica, fiscal, social, energética, educativa, de derechos civiles, migratoria, europea y de seguridad. Resulta especialmente útil para contrastar los datos provisionales de 2009.
  2. DIVA-Monitor – Programas electorales de los partidos para las elecciones al Bundestag de 2025 – Análisis comparativo de los programas definitivos o disponibles de los partidos del Bundestag para las elecciones de 2025. Resulta útil como fuente secundaria adicional para contextualizar los ejes programáticos.
  3. Proyecto Manifesto: base de datos científica sobre programas electorales – Proyecto de investigación de larga duración en el Centro Científico de Berlín para la Investigación Social. Se recopilan de forma sistemática los programas electorales de numerosos estados federados y partidos políticos, y se codifican en función de su contenido. Resulta especialmente interesante para realizar comparaciones científicas a largo plazo de las líneas programáticas políticas.
  4. Fundación Friedrich Ebert – Documentación histórica de los programas – Además de los programas electorales del SPD utilizados directamente, la biblioteca digital ofrece numerosos documentos programáticos y otros documentos históricos. Esto permite situar los cambios entre los distintos años electorales en un contexto programático más amplio.
  5. Fundación Heinrich Böll – Historia de los programas de Los Verdes – Se trata de una colección especialmente valiosa para la comparación a largo plazo, ya que, además de los programas electorales para las elecciones al Bundestag, también incluye programas políticos, plataformas electorales y documentos de la fase de formación y unificación de Los Verdes y Alianza 90.
  6. Historia de la CSU: elecciones al Bundestag y programas electorales – Resumen histórico de la CSU sobre las elecciones al Bundestag y los documentos programáticos desde los primeros años de la República Federal. Resulta especialmente útil para saber cuándo la CDU y la CSU utilizaron programas electorales comunes o complementarios.

Cuestiones sociales de actualidad

Preguntas más frecuentes

  1. ¿Por qué se compararon precisamente los años 1983, 1990 y 2025?
    Esos tres años reflejan tres épocas políticas muy diferentes. En 1983, la República Federal se encontraba en plena Guerra Fría, el debate sobre la „doble decisión“ de la OTAN marcaba la agenda política y los Verdes entraban por primera vez en el Bundestag. El año 1990 marca un punto de inflexión histórico con la reunificación alemana, el colapso de los sistemas comunistas de Europa del Este y el fin de la confrontación entre bloques. Por último, el año 2025 constituye el punto de referencia actual. Entre 1983 y 2025 transcurren 42 años, lo que supone más de una generación política. Por lo tanto, esta selección no solo permite una comparación entre „antes“ y «hoy», sino que, al incluir 1990, muestra además cómo han cambiado las posiciones a lo largo de la evolución histórica.
  2. ¿Se pretende demostrar con esta comparación que Alemania se ha desplazado políticamente hacia la izquierda o hacia la derecha?
    No. Precisamente esa tesis de partida es la que habría que evitar deliberadamente. Quien parta de la suposición de que Alemania se ha desplazado hacia la izquierda o hacia la derecha, probablemente pueda encontrar en miles de páginas de programas electorales históricos suficientes ejemplos concretos que, en apariencia, confirmen esta tesis. Este artículo intenta seguir el camino inverso: en primer lugar, se definen cuestiones políticas comparables; a continuación, se analiza lo que los partidos han escrito realmente al respecto en sus respectivos programas electorales. Solo entonces se puede observar qué cambios se aprecian. Al hacerlo, puede resultar que distintos ámbitos políticos hayan seguido trayectorias completamente diferentes. Un partido puede avanzar en una dirección en materia de política social, mantenerse prácticamente constante en política económica y llevar a cabo un cambio fundamental en política exterior.
  3. ¿Por qué se analizan los programas electorales y no las políticas reales de los partidos?
    Porque se trata de dos cuestiones distintas. Un programa electoral recoge las ideas políticas y las promesas con las que un partido se ha presentado ante el electorado en un momento determinado. La política de gobierno posterior, por el contrario, se ve influida por los resultados electorales, las coaliciones, las mayorías parlamentarias, la evolución económica, los acontecimientos internacionales y los compromisos políticos. Si se mezclaran ambos aspectos, resultaría casi imposible determinar qué es lo que el propio partido había defendido inicialmente. Una comparación entre los programas electorales y la práctica gubernamental posterior sería sin duda interesante, pero debería realizarse como un estudio independiente. Este artículo se limita deliberadamente al ámbito programático.
  4. ¿Tiene sentido comparar las posturas políticas de 1983 con las de 2025?
    Hay que tomarlo con cautela, pero precisamente por eso la comparación resulta interesante. Algunas cuestiones políticas fundamentales se mantienen a lo largo de décadas: ¿hasta qué punto debe intervenir el Estado en la economía? ¿Qué alcance debe tener la protección social? ¿Qué derechos deben tener las autoridades de seguridad? ¿Qué papel debe desempeñar Alemania en el ámbito militar? Otras cuestiones, en cambio, han cambiado radicalmente o ni siquiera existían en 1983 en su forma actual. Por eso no se limitan a aplicar retroactivamente los conceptos actuales a los programas históricos. Cuando se identifica una posición fundamental objetivamente comparable, se puede establecer una comparación. Cuando eso no es posible, el ámbito correspondiente queda abierto. La comparación histórica no significa ignorar las diferencias entre las épocas, sino precisamente poner de manifiesto esas diferencias.
  5. ¿Por qué se incluye a la AfD, si en 1983 y 1990 aún ni siquiera existía?
    La AfD sirve exclusivamente como punto de referencia adicional para el panorama político del año 2025. Es evidente que no puede existir una serie temporal histórica de la AfD. No obstante, omitirla no tendría mucho sentido para el análisis, ya que el partido representa ahora a una parte considerable del electorado y numerosos debates políticos actuales giran precisamente en torno a sus posiciones. La comparación permite, además, plantear una interesante pregunta adicional: ¿Es posible que en 2025 la AfD retome reivindicaciones políticas que otros partidos defendieron en 1983 o 1990? Tal coincidencia en cuestiones concretas no significa, en modo alguno, que la AfD actual pueda equipararse a una CDU, un SPD, un FDP o a los Verdes de aquella época.
  6. ¿Por qué se consideran conjuntamente la CDU y la CSU?
    La CDU y la CSU se presentan como una unión política en las elecciones al Bundestag, forman un grupo parlamentario conjunto en el Bundestag y, por regla general, publican un programa electoral conjunto para el Bundestag o unas bases electorales comunes. Por ello, para comparar los programas electorales para el Bundestag, resulta conveniente analizarlos conjuntamente como CDU/CSU. Esto no significa que ambos partidos hayan defendido posiciones totalmente idénticas en todas las cuestiones históricas o de actualidad. En los casos en que existan diferencias significativas entre la CDU y la CSU respecto a una cuestión concreta, estas deberían señalarse por separado. No obstante, el objeto de este artículo es la base programática con la que la Unión se ha presentado en cada una de las elecciones al Bundestag.
  7. ¿Por qué el año 1990 constituye un caso especial desde el punto de vista metodológico para los Verdes?
    Porque el actual partido Alianza 90/Los Verdes aún no existía en 1990 en la forma que adoptaría más tarde. En Alemania Occidental se presentaron los Verdes, mientras que en la RDA —o, mejor dicho, en los nuevos estados federados— desempeñaron un papel otras agrupaciones políticas y movimientos ciudadanos. Alianza 90 surgió de sectores del movimiento por los derechos civiles de Alemania Oriental; la unión con los Verdes no se produjo hasta más tarde. Por ello, sería un error histórico aplicar retroactivamente a 1990 la concepción actual del partido. Los documentos correspondientes deben analizarse por separado y debe indicarse de forma transparente su origen organizativo. La presentación conjunta en algunas tablas sirve únicamente para ofrecer una visión general y no debe ocultar el hecho de que aquí convergían diferentes tradiciones políticas.
  8. ¿Qué significan exactamente los puntos, los semicírculos, los círculos y las cruces que aparecen en las tablas?
    Las marcas no pretenden otorgar una calificación política y no se pronuncian expresamente sobre si una reivindicación es buena o mala. Un círculo relleno significa que un concepto concreto está presente en el programa correspondiente de forma explícita y con un peso reconocible. Un semicírculo indica una posición existente, pero limitada, matizada o menos central. Un círculo vacío representa una presencia débil, indirecta o secundaria. Solo se utiliza una cruz cuando se rechaza expresamente una posición o se defiende una reivindicación claramente opuesta. El guion tiene una función especialmente importante: simplemente significa que no se ha podido constatar ninguna declaración suficientemente clara en el programa analizado. Los símbolos tienen por objeto permitir la comparación de programas extensos, sin convertir estos en un sistema de puntuación política.
  9. ¿Significa un guion en una tabla que la parte en cuestión se oponía a esa posición?
    No. Precisamente esta distinción es decisiva para toda la comparación. Un programa electoral puede no mencionar un tema porque el partido no tenía ninguna reivindicación concreta al respecto. Pero también puede no mencionarlo porque el problema en cuestión aún no existía en aquel momento o apenas se debatía políticamente. Por ejemplo, un programa de 1983 no puede contener una posición detallada sobre los métodos actuales de vigilancia digital, las redes sociales o determinados instrumentos de política climática. De ello no debe deducirse que el partido se hubiera opuesto a estas cuestiones. Por lo tanto, „—“ significa exclusivamente que en el documento analizado no se ha encontrado una posición suficientemente comparable y clara. Por el contrario, un rechazo explícito se señala por separado con „✕“.
  10. ¿Hasta qué punto puede ser objetiva una clasificación de este tipo de los programas electorales?
    Un análisis de este tipo no puede estar totalmente libre de interpretaciones. La mera selección de los temas y la decisión sobre qué afirmaciones son comparables entre sí ya requieren decisiones editoriales. Por eso, la transparencia es más importante que la pretensión de una objetividad matemáticamente perfecta. En la medida de lo posible, los programas originales deben constituir la base. Las clasificaciones especialmente importantes se hacen comprensibles mediante las formulaciones originales y las fuentes. Además, se distingue entre una exigencia formulada de manera explícita, una tendencia programática más débil y una mera omisión. Por lo tanto, las tablas deben entenderse como una orientación resumida. Quien desee verificar una clasificación debe poder volver al documento original a partir de las fuentes indicadas.
  11. ¿Por qué se utilizan citas originales breves si, de todos modos, las posturas se resumen?
    Porque un resumen supone, inevitablemente, una condensación lingüística por parte del autor. Una breve cita original permite ver de inmediato, al menos en el caso de posiciones especialmente importantes o sorprendentes, qué formulación ha elegido la propia formación política. Esto resulta especialmente valioso en el caso de los programas históricos, ya que los términos políticos pueden cambiar de significado. Al mismo tiempo, resultaría prácticamente inviable reproducir íntegramente todos los pasajes relevantes. Por ello, el artículo combina resúmenes objetivos con citas breves seleccionadas y referencias bibliográficas lo más precisas posible. El objetivo es dar a conocer suficiente material original para que la contextualización resulte comprensible, sin convertir el artículo en una mera recopilación de extractos del programa que ocupan páginas y páginas.
  12. ¿Han seguido significando lo mismo durante estos 42 años términos como „conservador“, „liberal“, „izquierda“ y „derecha“?
    Solo de forma limitada. Precisamente ahí radica una de las cuestiones más interesantes de toda la comparación. Aunque los conceptos políticos tienen tradiciones históricas, su significado concreto depende del contexto social y político de cada momento. Una postura que en 1983 se daba por sentada dentro de un gran partido popular puede parecer inusual en 2025. A la inversa, las reivindicaciones que a principios de los años ochenta se consideraban radicales o marginales pueden ser defendidas, décadas más tarde, por varios partidos. También cambia la combinación de las distintas posturas. El liberalismo económico, el liberalismo social, la soberanía nacional, la protección del medio ambiente o la moderación militar no pueden agruparse necesariamente en un único y estable conjunto de ideas de izquierda y derecha. Por ello, el artículo analiza cada ámbito político por separado.
  13. ¿Han cambiado mucho los Verdes entre 1983 y 2025?
    En algunos ámbitos políticos se aprecia un cambio muy marcado, mientras que en otros se observa una continuidad notable. Las cuestiones ecológicas fundamentales y el rechazo a la energía nuclear se mantienen especialmente constantes. Numerosas reivindicaciones medioambientales, con las que los primeros Verdes se situaban aún al margen de la corriente política dominante de la época, se encuentran ahora, de una u otra forma, también en otros partidos. En cambio, la política exterior y de seguridad ha cambiado mucho más. Los primeros Verdes estaban estrechamente vinculados al movimiento pacifista, al desarme, a la crítica a la disuasión militar y al escepticismo hacia la OTAN. En 2025, los Verdes apoyan a la OTAN, a una Bundeswehr capaz de defenderse y al apoyo militar a Ucrania. De ello no se deriva ninguna valoración de esta evolución. Simplemente pone de manifiesto por qué no se debe describir a un partido en su conjunto como „que se ha mantenido igual“ o „que se ha desplazado en una dirección“.
  14. ¿Se puede decir que la AfD de 2025 se corresponde, en cuanto a su programa, con la CDU o la CSU de 1983?
    Una equiparación tan generalizada no sería metodológicamente sostenible. En determinados temas, las posiciones históricas de la Unión pueden presentar una mayor similitud con las actuales posiciones de la AfD que con las de la CDU/CSU de 2025. Sin embargo, en otros ámbitos se observan diferencias considerables. El hecho de que dos partidos tengan, por ejemplo, puntos en común en materia de soberanía nacional, migración, energía nuclear o determinadas cuestiones sociopolíticas no significa que sus políticas económica, social, europea, de seguridad y de asuntos exteriores sean comparables en su conjunto. A ello se suman unas condiciones históricas totalmente diferentes. Por lo tanto, solo tiene sentido la afirmación concreta: «En esta cuestión concreta, una postura histórica presenta la mayor similitud con esta postura actual». Todo lo que vaya más allá de esto debería analizarse y demostrarse por separado.
  15. ¿Por qué es especialmente necesario conocer el contexto histórico en lo que respecta a la OTAN, Rusia y el desarme?
    Porque el panorama de la política de seguridad ha cambiado radicalmente entre los años analizados. En 1983 existían dos bloques de poder militar. La República Federal de Alemania formaba parte de la OTAN, la RDA del Pacto de Varsovia, y en territorio alemán se enfrentaban grandes fuerzas armadas. En 1990, ese orden se desmoronó, se consumó la reunificación alemana y parecía posible un desarme europeo generalizado. En 2025, Alemania está reunificada, numerosos antiguos miembros del Pacto de Varsovia pertenecen a la OTAN, la Unión Soviética ya no existe y Rusia está en guerra con Ucrania. Por lo tanto, una reivindicación de desarme, disuasión o entendimiento no tiene automáticamente la misma importancia estratégica en 1983, 1990 y 2025. El contexto histórico explica estas diferencias, sin que ello implique una reinterpretación a posteriori de las declaraciones programáticas de la época.
  16. ¿Por qué en los capítulos históricos no se equipara simplemente la Unión Soviética con la Rusia actual?
    Porque, desde el punto de vista político, territorial e institucional, no se trata del mismo Estado. La Unión Soviética era un Estado comunista multietnico y una de las dos superpotencias mundiales de la Guerra Fría. Aunque la Federación Rusa es su principal Estado sucesor en virtud del Derecho internacional, ni su sistema político, ni sus fronteras, ni su posición en el sistema internacional son idénticos. A ello se suma que la República Federal de Alemania formaba parte, en 1983, de un orden alemán dividido. Por ello, no se puede equiparar sin más, por ejemplo, una reivindicación de aquel entonces en favor del entendimiento con la Unión Soviética con una reivindicación actual de mejores relaciones con Rusia. Lo que sí es comparable son más bien conceptos políticos de carácter general, como la distensión, la disuasión militar, la cooperación económica o la prevención de la confrontación.
  17. ¿Por qué no conviene sacar conclusiones excesivas a partir de coincidencias aisladas y sorprendentes?
    Porque los programas políticos abarcan muchas dimensiones diferentes. Dos partidos pueden defender prácticamente la misma postura respecto a la energía nuclear y tener posiciones totalmente opuestas en cuanto al Estado del bienestar. Pueden estar de acuerdo en materia de democracia directa, pero tener concepciones totalmente diferentes sobre Europa, la migración o la economía. Las comparaciones históricas puntuales resultan especialmente tentadoras, ya que una coincidencia sorprendente da lugar rápidamente a un titular llamativo: „El partido X de entonces sería hoy el partido Y“. Sin embargo, precisamente este tipo de afirmaciones simplifican en exceso el resultado. A menudo, la conclusión más interesante es que las posiciones históricas han evolucionado en direcciones diferentes. Las ideas de política económica de un partido histórico pueden coincidir hoy en día con las de otro partido, mientras que sus posiciones en materia de política social o exterior pueden diferir.
  18. ¿Qué conclusión debo sacar, como lector, de esta comparación?
    No hay una conclusión predeterminada. El artículo pretende ofrecer información para que cada uno se forme su propia opinión, y no imponer directamente la conclusión deseada. Quizás, tras la lectura, se tenga la impresión de que un partido concreto ha cambiado mucho. O quizás lo que más sorprenda sea lo constante que se ha mantenido otro. Quizá se ponga de manifiesto que lo que antes eran posiciones políticas marginales se han convertido ahora en algo habitual, o que lo que antes eran posiciones mayoritarias hoy solo las defiende un único partido. También es posible que el eje clásico izquierda-derecha siga funcionando bien en algunos temas y que, en otros, ya casi no sirva de nada. Lo fundamental es extraer esas conclusiones a partir de las posiciones concretas y no, al contrario, adaptar los documentos a un discurso político ya establecido.
  19. ¿Cuál es, desde el punto de vista de este artículo, la regla más importante para los debates políticos?
    Analizar la situación con la mayor precisión posible antes de clasificar una postura o un partido. Los debates políticos tienden a volverse rápidamente abstractos: una reivindicación se considera de izquierdas, de derechas, conservadora, liberal, progresista o populista, y con ello parece que la clasificación ya está hecha. Sin embargo, la comparación de los programas electorales históricos muestra lo cambiantes que pueden ser esas clasificaciones. Por eso, es más sensato preguntarse primero qué se propone concretamente, cómo justifica un partido su reivindicación, qué consecuencias se derivan de ella y cómo se respondió a la misma cuestión en el pasado. Solo entonces merece la pena realizar una valoración política. Esto no significa renunciar a formarse una opinión propia. Al contrario: un juicio es más sólido cuando se basa en las posiciones reales y no únicamente en etiquetas, recuerdos o declaraciones de los adversarios políticos.

Artículos de actualidad sobre inteligencia artificial

Markus Schall

Markus Schall es editor, autor y arquitecto de software, además de desarrollador de soluciones empresariales basadas en FileMaker desde la década de los noventa. Su trabajo se centra en la combinación de la tecnología, el espíritu emprendedor y un pensamiento estratégico claro. En sus artículos y libros aborda los modelos de negocio digitales, la inteligencia artificial, una visión integral de la salud y la psique, y la cuestión de cómo surgen los sistemas sostenibles e independientes. Para ello, adopta un enfoque sereno y analítico con el objetivo de presentar relaciones complejas de forma comprensible y orientada a la práctica.

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